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Segunda Guerra Mundial

Así narró ABC el funeral de Winston Churchill hace 50 años

Este 30 de enero se celebra medio siglo del entierro de uno de los líderes mejor considerados de Inglaterra

MANUEL P. VILLATORO - @abc_es - Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura

Era bajito y grueso, unas características poco recomendadas según los expertos en comunicación para acceder al poder y encandilar a las masas. Sin embargo, Winston Churchill logró ganarse el cariño de una buena parte de los británicos gracias a su franqueza, sus chascarrillos y, en definitiva, gracias a su lucha frontal contra el nazismo y contra Adolf Hitler en plena Segunda Guerra Mundial. Fue por ello por lo que, tras fallecer, los ciudadanos le despidieron como su merecía: con un increíble funeral de Estado del que, este día 30 enero, se cumple el 50 aniversario. En la ceremonia, a la que acudieron multitud de medios, estuvo también un representante de ABC.

El funeral se celebró seis días después de que este ilustre británico falleciera mientras trataba de recuperarse de una trombosis cerebral. Corrían por entonces las ocho de la mañana del 24 de enero de 1965. Curiosamente, Churchill falleció tras haber sido derrotado en las elecciones de 1945 por Clement Attlee, quien recibió el apoyo de más de 11 millones de votantes. Con todo, el expremier no cayó en el olvido para los británicos, quienes le veían como una héroe cercano que había resistido junto a ellos los bombardeos de la «Luftwaffe» sobre Inglaterra.

Un funeral de Estado

El de Churchill fue el primer funeral de Estado que celebró Gran Bretaña en el Siglo XX. Se sucedió en Londres y comenzó cuando, a las 10:35 de la mañana, se colocó el ataúd del premier sobre un armón de artillería (un carro utilizado para transportar munición). Esta era una costumbre que nunca se había usado en el país para rendir honores a un político, sino que estaba destinada únicamente a la realeza. Tan sólo diez minutos después, una comitiva salió de de Westminster Hall en dirección a la catedral de San Pablo siguiendo una ruta casi paralela a la del Támesis. Esta procesión (de una hora de duración) fue seguida de cerca por el corresponsal de ABC Alfonso Barra.

«El pueblo de Londres ha cubierto materialmente el itinerario de la comitiva fúnebre. Centenares de miles de personas presenciaron el paso del entierro con intensa solemnidad, sentimiento y respeto. Durante toda la mañana aquella muchedumbre permaneció inmóvil envuelta por el silencio, roto tan sólo por el redoble de los tambores y las salvas de ordenanza, el paso mecánico de la tropa y el rumor de las llantas del armón de artillería al deslizarse sobre el asfalto de la City. […] He visto pasar la comitiva en Fleet Street, en un barrio que frecuentó mucho Churchill cuando era joven y se ganaba la vida como periodista», señalaba -en el diario ABC del día 31 de enero- Barra.

En lo que el periodista de este diario definió como un día hosco y con luz blanquecina, recorrió las carreteras londinenses una caravana formada por, entre otros, guardias metropolitanos a caballo, unidades de la Escuadra Real, majestuosos jinetes con arreos bordados en oro, y todo tipo de oficiales de los tres Ejércitos. Con todo, los soldados que más llamaron la atención de Barra fueron aquellos que –desfilando en las primeras posiciones- habían combatido contra los nazis. «Formaban también los aviadores supervivientes de la Batalla de Inglaterra librada contra la “Luftwaffe”. Todos ellos pasan de uniforme, cargados de medallas y algunos de años. Churchill aludió a esos mismos oficiales cuando dijo que en ningún conflicto humano se debió tanto a tan pocas personas», completaba el reportero.

También, y como no podía ser de otra manera, participó en la marcha el Real Regimiento de Húsares irlandeses al que había pertenecido el premier, así como varias unidades de la Marina, algunas de las cuales cerraban la comitiva. «El armón avanza despacio y pesadamente. Las ruedas hacen crujir el suelo. Detrás va otra formación de Marina, que lleva el tiro de freno. El féretro va cubierto por la bandera nacional, y sobre ella descansa el cojín de terciopelo negro donde lanzan destellos blancos las insignias blancas de la Orden de la Liga», destacaba Barra.

El último adiós

A las 11:45 la procesión llegó a la Catedral de San Pablo, donde se llevó a cabo la ceremonia religiosa para despedir al premier. Esta comenzó a las doce y duró aproximadamente media hora. «Al pie de la ancha escalinata de la Catedral esperaban el féretro Lady Churchill y los demás familiares del ilustre político. El cortejo se detuvo y el féretro fue subido a hombros hasta la entrada de la Catedral por ocho granaderos de la guardia, descubiertos», continúa el texto. Una vez en la iglesia, y arropado por todo tipo de himnos británicos, el féretro fue colocado frente al altar mayor y todos los presentes rezaron por el eterno descanso del político.

Posteriormente, y una vez que estuvo finalizada la ceremonia, el féretro volvió a ser colocado sobre el armón de artillería y conducido hasta un muelle cercano. Una vez en este emplazamiento, el féretro fue llevado hasta Hanborough por tren, donde finalmente Churchill recibió sepultura en el cementerio de Blandon, a pocos kilómetros del palacio de Blenheim. Todo ello, acompañado de multitud de cazas de la Fuerza Aérea británica, los cuales realizaron varias pasados sobre la ciudad.

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