Marcelo el 'Pato' Sosa pasó sin pena ni gloria por el Vicente Calderón
Marcelo el 'Pato' Sosa pasó sin pena ni gloria por el Vicente Calderón - EPA
El origen de los insultos más populares

Tuercebotas, mucho más que un nefasto jugador de fútbol

Ya en el siglo XIII la persona miserable que a la pobreza materíal unía la espitirual tenía su propio calificativo

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De la caída de Marcelo el 'Pato' Sosa en la presentación como jugador del Atlético de Madrid a la siesta de Julien Faubert en el banquillo del Real Madrid, pasando por el estrepitoso fracaso de Winston Bogarde en su paso por el Barcelona, el mundo del fútbol ha estado ligado de forma intrínseca al apelativo de 'tuercebotas'. La risa de los aficionados rivales siempre ha caminado de forma paralela con la desesperación de los hinchas del equipo donde juegue el paquete en cuestión. Sin embargo, este insulto menor posee una historia que se se extiende mucho más del momento en que la pelota echó a rodar por primera vez.

Indagando en su procedencia, Pancracio Celdrán, padre de «El gran libro de los insultos», publicado por la editorial La Esfera, revela un curioso sinónimo: «mamacalles», al tiempo que designa como tal al «sujeto de nula importancia social que anda de un sitio para otro a la buena de Dios; hombre para poco». Un cuadernillo anónimo de coplas bordes de los años 1950 (En Solía decir mi tía...) descubierto por el propio autor, se puede leer:

Tuercebotas, mamarracho,

mamacalles, tío gandul,

manazas, chapuzas, cafre:

nadie más mierda que tú.

Su historia data como mínimo del siglo XIII y hacía alusión al «rastrapaja referido al palurdo, que se arrastra, y a la persona miserable que a la pobreza material une la espiritual». Celdrán habla de la escasa carga ofensiva del término y describe el porqué del curioso nombre, «es voz creativa que tiene ante si la imagen del vagabundo o pordiosero que anda con los pies medio desnudos, asomando sus dedos por los agujeros de las botas torcidas de andar de un sitio a otro».

De ambientes suburbiales

Volviendo al inicio del texto, su relación con el balompié ha encontrado en la calle un escenario por donde llegar a una gran parte de la sociedad, quedando las instituciones siempre un paso por detrás. «No recogen el término los diccionarios al uso, pero es vocablo que se escucha en la calle, en ambientes suburbiales, y en recintos frecuentados por la juventud encanallada, donde está bien asentado, y goza de buena salud léxica», resume el autor al tiempo que hace alusión al conocido periodista José María García que «junto con el insulto chupóptero», solía utilizar en sus charlas radiofónicas el de tuercebotas «referido al jugador de escasa valía».

La riqueza oculta de nuestro vocabulario ofrece un extenso abanico de recursos hasta en las palabras más remotas. Así, por ejemplo, a las personas que centran la atención en este lectura se les conoce también por el nombre de 'rastrapies' «en alusión al pobre diablo o donnadie, voz descriptiva del andar cansino y vacilante de quien ni tiene rumbo ni va a parte alguna; arrastraculos y rastracueros que anda un tanto sonado buscando el modo de llenar el vientre todos los días». Palabra de sabio.