Francisco Javier García Pumarino, Román Álvarez, Santos Yagüe y José Joaquín Heres, junto a la reproducción del galeón San Pelayo en el Museo Marítimo de Asturias, en Luanco - M. TRILLO

El galeón San Pelayo, de nuevo rumbo a Florida

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El 28 de agosto, día de San Agustín, de 1565, el asturiano Pedro Menéndez de Avilés arribaba a bordo del galeón San Pelayo a las costas de Florida. Poco después, el 8 de septiembre, en uno de los hitos más notables y más injustamente preteridos de la historia española y norteamericana, fundaba la que hoy es la ciudad más antigua de los Estados Unidos. En honor al santo de la fecha en que había llegado a aquellas tierras, la bautizó como San Agustín. Con este asentamiento los españoles se adelantaban en más de 40 años a la llegada de los colonos ingleses a Jamestown (Virginia) y, salvo un breve paréntesis de dominio británico, permanecerían en él hasta 1821.

Ahora, 450 años después, el San Pelayo está a punto de partir de nuevo rumbo a Florida. En este caso, se trata de una réplica a escala 1:30 del galeón, a la que se le dan ya los últimos retoques en el Museo Marítimo de Asturias, en Luanco. La obra será un regalo a San Agustín por parte de la ciudad de Avilés, cuna del aguerrido marino.

Intensa investigación

No se trata de una simple maqueta al uso. En su elaboración, totalmente artesanal, se han empleado cinco años, incluyendo una intensa labor de investigación para extraer las características del original a partir de la documentación que se conserva. De hecho, no se conocían sus medidas y se han tenido que calcular a partir de su capacidad de carga, de más de 500 toneles (unas 400 toneladas actuales). Gracias a ese dato se ha podido establecer que tenía una esloría de 61 codos y medio, lo que equivale a 34,27 metros, una manga de 18 codos (10,03 metros) y un puntal de bodega de nueve codos (5,01 metros).

Según Santos Yagüe, encargado de rastrear la pista de la nave en archivos de España y Portugal, «los galeones llevaban mucha bodega porque eran barcos de carga, no de guerra», explica, si bien el San Pelayo iba bien artillado para protegerse de posibles ataques.

La embarcación había sido construida en Guipúzcoa para un armador gallego, al que Menéndez de Avilés se la compró antes de zarpar hacia Florida desde Sanlúcar de Barrameda. El responsable del área de carpintería de ribera del museo y encargado del diseño de la maqueta, Francisco Javier García Pumarino, asegura que «casi toda la jarcia es novedosa» y se realizaban «maniobras impensables, muy distintas a las que la gente conoce». «La bandera de combate -agrega- no iba en la popa, como se suele creer, sino en el penol de la verga mayor».

En la elaboración de la réplica se han utilizado los materiales y la forma de construcción de la época. La obra viva -la parte del casco sumergida- es de madera de roble, pesada y resistente, y la obra muerta de pino, más ligera, lo que dota de estabilidad al barco. «Está hecho pieza a pieza, como se construía antiguamente», afirma el maquetista del museo José Joaquín Heres, mientras encaja las últimas cabillas, los elementos en los que se amarran los cabos para fijar el aparejo. «Aunque a veces en los motines también servían de porras», advierte. En la réplica, estas piezas tienen menos de dos milímetros de diámetro, una muestra del grado de minuciosidad del trabajo, que empezaron a acometer los miembros de la Asociación de Modelismo de Asturias y que ha continuado hasta completarla el equipo del Museo Marítimo.

El 450 aniversario de San Agustín

El regalo de la maqueta, que antes de viajar a Florida se podrá ver un par de semanas en Avilés, será el primero de una serie de eventos con que españoles y estadounidenses celebrarán este año el 450 aniversario de San Agustín. En marzo, una delegación floridana devolverá la visita a la localidad donde nació Pedro Menéndez para hacer entrega de una copia del obelisco dedicado en San Agustín a la constitución española de 1812. Es el único monumento conmemorativo de la «Pepa» en América.

Pero los actos centrales -festivos, culturales e institucionales- tendrán lugar en torno al 8 de septiembre, la fecha en la que se cumplirán los 450 años del primer núcleo de población europeo de Estados Unidos y para los que se espera una presencia española al más alto nivel. «Hay que recuperar nuestra historia y nuestros valores», señala Román Álvarez, concejal de Cultura de Avilés y entusiasta de Pedro Menéndez, «el gran marino de la época en quien confiaban Carlos I y Felipe II», subraya. «Tenemos que valorar lo que somos y lo que tenemos -defiende-. Somos lo que somos por los que estuvieron delante de nosotros».