Retrato de Hernán Cortés
Retrato de Hernán Cortés

El conquistador Hernán Cortés avista las costas de su V Centenario

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La organización de exposiciones y el anuncio de proyectos para llevar la vida de Hernán Cortés a la gran (y a la pequeña) pantalla parecen el preámbulo de las celebraciones del V Centenario de la llegada del conquistador español a tierras mexicanas, en 1519. Actos puntuales que no están, sin embargo, adscritos a ninguna celebración oficial o comisión de trabajo. «¡Si el año que viene hay elecciones!», claman desde algunas instituciones culturales españolas.

Pero mientras esto se resuelve, hay ya actividades que están a punto de ver la luz, como la muestra del centro Arte Canal, en Madrid, que se inaugurará la primera semana de diciembre y que reúne alrededor de 400 piezas. El objeto de esta exposición es presentar un relato sobre los acontecimientos históricos que tuvieron lugar a partir de 1519. Sin entrar en la leyenda negra, que tanto ha perseguido al conquistador español, la intención es reflejar cómo fue el contacto entre el universo europeo y el cosmos mesoamericano.

Los visitantes que acudan a la muestra, abierta hasta mayo de 2015, contemplarán una pirámide azteca a escala; el mapa de Juan de la Cosa, el primero en el que aparece el continente americano; o maniquíes vestidos con el armamento de los conquistadores españoles junto a otros que lucirán el azteca. Estas piezas ayudarán a describir cómo fue el choque entre ambas culturas y cómo se desarrolló la conquista.

La muestra contará con piezas procedentes de medio centenar de museos españoles y mexicanos. Por España destacan las aportaciones de la Real Academia de la Historia, el Museo del Prado, el de San Fernando, Patrimonio Nacional o la Catedral de Sevilla. Mientras que del país aztecan viajarán piezas procedentes del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH). Es precisamente aquí donde se acaba de presentar la restauración del pañuelo funerario que amortajó los vapuleados huesos de Hernán Cortés.

Descanso eterno quebrantado

Vapuleados, porque viajaron más que el baúl de la Piquer, en parte debido a que el propio conquistador cambió en varias ocasiones de opinión sobre dónde quería descansar eternamente. De ahí que su reposo fuera quebrantado en más de media docena de ocasiones.

La muerte sorprendió a Cortés en España -pensaba embarcarse para América- el 2 de diciembre de 1547. Exactamente en Castilleja de la Cuesta (Sevilla), por lo que fue enterrado en un monasterio cercano, en la cripta de la familia del duque de Medina Sidonia en San Isidoro del Campo. Muy lejos de cumplirse su deseo primigenio: ser sepultado en la iglesia que hay junto al hospital de Jesús, en México, que el propio Cortés había fundado. Una petición que él mismo se encargó de corregir pocas semanas antes de morir, señalando que su destino final fuera la parroquia más cercana a donde falleciera.

En 1566, su familia decidió que sus restos fueran trasladados a Nueva España y enterrados junto a su madre y una de sus hijas en San Francisco de Texcoco, cerca de Ciudad de México. Allí descansó hasta 1629, cuando tras la muerte de su último descendiente masculino, Pedro Cortés, el cuarto Marqués del Valle, se decidió que fueran reunidos en la misma sepultura, en el convento de San Francisco, en la capital mexicana. Una remodelación del convento le volvió a remover el alma, pero sin salir de esos muros.

El conquistador extremeño tendría que esperar hasta 1794 para que su primer deseo fuera cumplido, yacer en la iglesia que había fundado, y donde finalmente fue trasladado con todo el boato de la época. En el siglo XIX, el movimiento independentista puso en peligro sus restos, por lo que fueron escondidos bajo la tarima del templo, donde permanecieron más de una década. En 1836, fueron recuperados y colocados en un nicho en dicho templo, donde permaneció hasta 1947. Ese año, y debido a un decreto del presidente de México, Manuel Ávila, los huesos de Hernán Cortés pasaron a ser custodiados por el Instituto de Antropología e Historia, en cuyo poder se encontraba el pañuelo mortuorio antes mencionado.

La restauración de este lienzo de lino blanco y encaje de seda negra del siglo XVIII forma parte del proyecto de conservación por los 70 años del Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, según reveló el propio Instituto. Este museo recibió en 1947 el pañuelo que guardó los restos óseos de Cortés durante 110 años.

Una cruz lobulada

El Instituto explicó que este pañuelo de lino y seda fue utilizado en las honras fúnebres de Cortés. Un primer dictamen al lienzo de 72 x 73 centímetros detectó un deterioro mayor en su parte central por haber estado en contacto con los huesos y se determinó someterlo a una limpieza especial y el encaje negro fue restaurado aparte.

El pañuelo tiene en los cuatro extremos «figuras fitomorfas bordadas, que forman una cruz lobulada al centro que alude a la religión cristiana y al uso para el que fue creado», explicó el INAH, informa Efe.

El trabajo de restauración estuvo a cargo de Verónica Kuhliger y Laura García. También participaron estudiantes de la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente y los laboratorios de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía.

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