El escultor Salvador Amaya, dando los últimos retoques a la estatua de Blas de Lezo
El escultor Salvador Amaya, dando los últimos retoques a la estatua de Blas de Lezo - abc

España salda una deuda con Blas de Lezo, el héroe olvidado de Cartegena de Indias

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Cojo, manco y tuerto, «el Mediohombre» aguarda ya su pedestal en Madrid, capital de las Españas, olvidadiza como ninguna de sus héroes, enmarañada en sus peleas fraternales siempre.

Sin embargo, el próximo sábado -12.30 h., plaza de Colón-, aunque sea con un retraso de 273 años, se culminará el justo reconocimiento histórico a la desconocida figura de don Blas de Lezo y Olavarrieta, el teniente general de la Armada, guipuzcoano de Pasajes, vasco, español y, ante todo, marino que lideró con astucia la defensa de Cartagena de Indias.

Porque fue aquel puerto del otrora Virreinato de Nueva Granada (actual Colombia) el elegido por la Pérfida Albión para su desembarco final en Suramérica. Si Cartagena hubiera caído en aquellos días de marzo de 1741, probablemente todo el continente colombino parlaría hoy un aceptable inglés. Pero ya sabemos que eso nunca ocurrió...

Las monedas del Museo Naval

... Y no ocurrió porque Blas de Lezo creyó. Creyó hasta el final en una victoria que el inglés, con el almirante Edward Vernon al frente, daba por segura: 195 navíos de la Royal Navy frente a seis españoles. ¡Hasta tuvo la osadía Vernon de acuñar monedas de un Blas de Lezo arrodillado ante él como símbolo de su esperada victoria (en el Museo Naval de Madrid se debe contemplar esa calderilla como metáfora de que todo hay que batallarlo)! Pero allí estaban las murallas del Caribe y la audacia del almirante español.

Historia recordada aparte, el monumento a Blas de Lezo en Madrid es posible gracias a la bendita locura de un grupo de ciudadanos que a través de internet recogieron firmas y elevaron la petición al Ayuntamiento de Madrid, institución que recogió el guante.

La estatua, cuyo coste ha sido sufragado por cuestación popular de la Asociación Monumento a Blas de Lezo liderada por el ciudadano Íñigo Paredes, tiene una altura de tres metros (siete contando con el monolito-pedestal). Se situará en una esquina de los Jardines del Descubrimiento, cercana al Cristóbal Colón que irrumpe en medio del paseo de la Castellana.

Su creador, el escultor madrileño Salvador Amaya, nos explica cuál ha sido su fuente de inspiración: «Será un Blas de Lezo sereno y reflexivo, alejado del fragor de la batalla que se avecina. Me he centrado sobre todo en su carácter. Una personalidad firme, con amplios conocimientos, modales propios de un oficial de la Armada, con el orgullo que concede el deber cumplido e incluso la autosuficiencia que proporciona el saberse vencedor de todas y cada una de las batallas en las que ha participado. Sin grandes aspavientos, pero con la idea clara de cómo actuar cuando en el horizonte avistas una fuerza naval abrumadora que se aproxima a atacar tu posición y tu sólo cuentas con la pericia y estrategia que te han proporcionado anteriores batallas».

Blas de Lezo inició su carrera militar en 1704 con quince primaveras, y ese mismo año perdió la pierna en la batalla de Vélez-Málaga; dos años más tarde perdería un ojo ante la fortaleza de Santa Catalina de Tolón; y también en el contexto de la Guerra de Sucesión, en el asedio de Barcelona en 1714, un balazo de mosquete dejaría maltrecho su antebrazo derecho.

Salvador Amaya ha trabajado en este proyecto durante los últimos cinco meses, dando forma a 1.700 kilos de arcilla: «Las esculturas comienzan con la fabricación de un esqueleto metálico que será el que sujete la arcilla. Una vez que esta estructura es firme comienzas a añadir barro dando la forma básica. En este punto comienza la parte artística. Pones y quitas arcilla, modelas los detalles, observas, cambias cosas y trabajas el barro hasta que dices ¡ya está! Una vez terminado el modelado en barro, se sacan unos moldes de silicona y escayola que serán con los que trabajen en la fundición. Mediante el procedimiento de la cera perdida, se funde en bronce, se repasa y se patina». Otras de las obras de este joven escultor se pueden contemplar en Navalcarnero (Isabel la Católica), Villanueva de Arosa (Valle-Inclán) o Salamanca (Julio Robles).

Desigual suerte de Vernon

La principal dificultad para diseñar la escultura ha sido que «la uniformidad se ajustara al máximo rigor histórico, esa era una de las premisas indispensables. Hoy en día no se conserva ningún uniforme de teniente general del siglo XVIII, pero sí tenemos patrones (de sastre) y con esos patrones trabajé».

El acto del día 15 contará con la presencia del Rey Juan Carlos, quien consolida así su perfil militar como capitán general en la reserva y su vínculo con las Fuerzas Armadas: es un acto en el que la Armada tendrá gran representación.

La coincidencia ha querido que esta semana fuera noticia en Cartagena de Indias el almirante inglés Vernon (el de las engreídas moneditas). De nuevo con igual suerte. Una placa conmemorativa en honor a los británicos que allí perecieron y emplazada por el Príncipe Carlos ha sufrido el ataque de un iracundo ciudadano que le asestó 40 martillazos. Un acto vandálico que a buen seguro habrá arrancado alguna socarrona carcajada en la desconocida tumba donde habita el valor del «Mediohombre», el héroe español de Cartagena de Indias.