La historiadora, en su domicilio madrileño
La historiadora, en su domicilio madrileño - angel de antonio

María del Carmen Martín Rubio: «A Pizarro se le ha negado su gran inteligencia por analfabeto»

Su biografía del conquistador rebate los prejuicios de la leyenda negra y le devuelve a su lugar con documentos hasta ahora desconocidos en España

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El relato de sed de sangre y de oro que persigue a Francisco Pizarro es tan legendario como injusto. Tal es la conclusión de María del Carmen Martín Rubio, historiadora que acaba de publicar «Francisco Pizarro, el hombre desconocido» (Nobel) la más documentada biografía del conquistador. En el mundo entero, y significativamente en Perú, su figura ha empezado a ser revisada. En España, sin embargo, hemos asumido de tal modo su reflejo en el espejo de la leyenda negra, que hasta ahora nadie había puesto los puntos sobre las íes.

Martín Rubio lo ha hecho, después de años investigando y de manejar documentos inéditos; ha puesto en pie un retrato cabal del hombre y del soldado. Analfabeto pero muy inteligente, templado y no sanguinario, un gran general que se dejaba aconsejar. Pizarro emerge en este libro, que deja hablar a los hechos y los documentos, libre de prejuicios y con mucha más sed de horizonte que de sangre y de oro. El hombre que legisló a favor de los indios e inició el mestizaje como política merecía esta profunda revisión.

Tratado injustamente, nació repudiado y murió pobre, él que había ganado para el imperio los territorios con la mayor riqueza de América. Y en Madrid no tiene, cinco siglos después, ni una calle ni una estatua. Vivo retrato de nuestra España de hoy que nos incumbe.

-¿Por qué hemos sido tan injustos con Pizarro?

-Ignoro por qué en España no se tuvo mucho interés, tal vez porque la leyenda negra le ha presentado como un personaje árido y hasta nefasto. La gente no ha querido introducirse en cómo fue su vida. Fuera de España ya se ha revisado parcialmente. En Perú hay 15 biografías. De ellas al menos tres han centrado al personaje. Las demás le presentan aún desde una óptica muy negativa.

-¿Qué aporta su libro?

-He manejado documentos que no habían sido tenidos en cuenta antes y en los que se percibe una imagen mucho más exacta de Pizarro. Un hombre que tuvo sombras como todo gran estadista y todo gran general, pero que también tiene muchas luces y una inteligencia que se le ha negado por ser analfabeto pero que sus actos corroboran.

-¿Qué documento le impactó más?

-La carta al emperador en la que se queja a Carlos V de que está arruinado, que no le contesta a su proposito de cambiarle la gobernación a Chacas donde había riqueza o moriría en un hospital, enfermo y lleno de deudas. Fue asesinado once días después.

-¿Cuál era su carácter?

-No fue un depredador, como se ha dicho. Era un hombre de gran honradez, férrea disciplina y un tesón que muy pocas veces se ha visto en otro personaje de la historia universal, que asombra.

-Usted le pinta marcado por la infancia de un hijo natural repudiado.

-Creo que es un niño marginado por la familia hidalga de su padre, lo que le dio un carácter callado. Le condicionó mucho porque tenía unos genes muy marcados del padre. También su afán por la carrera militar y las armas muestran esos genes. En Trujillo le reconoce su abuelo, que ve el retrato vivo de su familia. Desde entonces Pizarro quiso ser militar, emular a su padre, hasta el final de su vida. El recuerdo idealizado del padre que le rechazó estuvo vivo en su memoria y le hizo un fabuloso general.

-Pero aprende la guerra con el Gran Capitán.

-Estuvo con él en Italia, tenía 16 años y era un soldado anónimo, de infantería. Nunca le conoció, pero aprendió las tácticas de los tercios, que eran invencibles. La imagen del Gran Capitán estuvo presente en su vida. Llevaba sombrero y zapatos blancos en recuerdo de sus días italianos.

-Tenía sed de horizontes. ¿Se perdió alguna exploración?

-Pizarro llega en 1502 a La Española. Desde entonces interviene en toda la colonización de la isla. Y tan inquieto era, que siguió participando en cada expedición. En el descubrimiento del Pacífico, el Mar del Sur, con Núñez de Balboa, oye hablar de un país muy rico que se llama Birú. Ese reino se confirma en siguientes exploraciones. A partir de ahí dedica todos sus esfuerzos a conseguir llegar a ese reino.

-¿En qué basa su dictamen sobre su inteligencia?

-Aunque era analfabeto, se sabe rodear de un equipo... diría casi de asesores. Casi nunca actúa solo, sino contrastando sus opiniones con su gente, muy preparada.

-Pero la historia le sentencia como asesino del inca Atahualpa.

-Es un episodio decisivo. Tuvo que someter a Atahualpa a un juicio que él no quería. Lloró por él cuando fue declarado culpable y reo de muerte. Se habían hecho amigos, habían convivido cuando estuvo prisionero en Cajamarca. En ningún momento quiso que muriera, pero ante el presunto ataque de 50.000 guerreros no tuvo más remedio que aceptar la condena. Y lloró.

-¿Y sobre la sed de oro?

-Se plantea pronto que el Pirú (ya se llama así) hay que colonizarlo. Y todos sus esfuerzo se centran en seguir avanzando y en crear ciudades. No había tantos tesoros como se decía. Así que comenzó las exploraciones sistemáticas para descubrir minas y así sufragar los gastos de la guerra y pagar los quintos que debía enviar al emperador.

-Retrata un nuevo perfil humano...

-Descubrimos que Pizarro tiene una vida íntima. Se casó con dos princesas: Quispe Xixa, y posteriormente con Cuxirimay Ocllo, que había sido mujer de Atahualpa. Con ellas Pizarro quiere formar un nuevo país, un nuevo Pirú mestizo, porque hablamos de un hombre algo mayor que antes jamás ha tenido hijos ni se ha unido a ninguna mujer. Y cambia. Le facilita la gobernación el estar unido a ellas, pero era tan inteligente que se da cuenta de que va a surgir un país mestizo y él lo origina uniéndose a estas princesas.

-¿Pero también es un conquistador?

-El conquistador llevaba la idea de evangelizar, extender territorios y hacer fortuna. Pizarro fue consciente de que con sus logros. Gracias a la plata que mandaba se inicia en España un capitalismo nuevo. Por eso le pedía mejor trato a Carlos V.