Trepper, organizador de «La Orquesta Roja», en 1974
Trepper, organizador de «La Orquesta Roja», en 1974

Las redes soviéticas de espionaje resultaron ser las más eficaces

Sorge, «La Orquesta Roja» o «Lucy» facilitaron informaciones vitales a la URSS

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Durante los años previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial, los servicios se­cretos soviéticos, merced a los partidos co­munistas en los diferentes países de Europa, te­jieron una tupida red de espías e informantes que les sería de enorme utilidad durante la contienda para obtener información relativa tanto a sus ene­migos como a sus aliados.

Sorge. El espía soviético más famoso fue, sin duda, Richard Sorge. Llegado a Japón como corresponsal de varios periódicos alemanes en 1933, estableció pronto contactos en las altas esfe­ras de la política y la diplomacia. Así logró una información vital que comunicó a Moscú el 5 de mayo de 1941: «Alemania empezará una guerra contra la URSS a media­dos de junio». Diez días más tarde precisó la fecha del ataque entre el 20 y el 22 de junio. Pero Stalin se negó a creer sus informaciones. Aprendería de su error. Cuando, en septiembre de 1941, Sorge afirmó que los japoneses no atacarían a la URSS en el Extremo Oriente, el dic­tador soviético, fiándose ahora del espía que había demostrado estar tan bien informado, decidió tras­ladar a los alrededores de Moscú las tropas acantonadas en Siberia, logrando con ellas rechazar el ata­que alemán, un hecho trascenden­tal para el resultado de la guerra. Sorge, descubierto y detenido al mes siguiente, sería ejecutado en 1944. Veinte años después la URSS reconoció sus servicios nombrán­dole Héroe de la Unión Soviética.

«La Orquesta Roja». Más afortunado fue Leopold Trepper, un judío polaco de orígenes modestos que, a partir de 1938, extendió su organización, «La Orquesta Roja», por Bélgica, Holanda, Francia y Alemania. Entre sus informadores destacaban Harro Schulze-Boysen, oficial de la Luftwaffe que trabajaba en el Ministerio del Aire, y Arvid Harnack, un alto funcionario del Ministerio de Economía. Stalin también desoyó sus informes relativos a la Operación Barbarroja. En 1942 su red fue desmantelada y muchos de sus colaboradores ejecutados u obligados a trabajar para los alema­nes. Tras ser capturado, logró ganarse la confianza de sus captores para escapar en 1943, regresando a su país un año más tarde. Después de la guerra, desilusionado con el comunismo, acabaría emi­grando a Israel.

«Lucy». Rudolf Roessler, un alemán afincado en Suiza, estableció una red de espías conocida como «Lucy», que informaba al GRU (servicio de información militar soviético) a través de su jefe en Suiza, Sandor Radó. Tenía informantes bien situados en el Alto Mando y el Abwher (servicio de información militar alemán) con acceso incluso al círculo de Hitler. Los británicos, a su vez, in­filtraron a Alexander Foote en la red de Roessler para proporcionar a los soviéticos, sin revelar su procedencia, parte de la información obtenida a través de Ultra, como la fecha en la que daría co­mienzo la Operación Zitadelle (el ataque alemán al saliente de Kursk). El servicio de contraespionaje suizo, a instancias de los alemanes, desmanteló «Lucy» en 1943 encarcelando a Roessler.

Los personajes

Wilhelm Franz Canaris. Jefe del «Abwehr», la inteligencia militar alemana. El almirante Canaris es una de las figuras más enigmáticas de la Segunda Guerra Mundial. Su papel al frente del Abwehr es controvertido: partidario del enfrentamiento con la URSS, era reacio, sin embargo, a luchar contra Francia y, sobre todo, contra el Reino Unido. Se tienen certezas de que suministró a Londres informes políticos durante la guerra e intrigó para evitar la entrada de España en la contienda del lado del Eje. Un juego peligroso en el que buscó un equilibrio entre su oposición al régimen nazi y a Hitler y la lealtad hacia su país y a su ejército. Todo ello acabaría con la defenestración del Abwehr y del propio Canaris, quien ya no gozaba de la confianza de Hitler desde que en 1942 manifestara que era imposible ganar la guerra, ante la resistencia soviética y el poderío industrial anglo-americano. Siempre ligado a los círculos de opositores al Führer, fue detenido tras el fracaso del complot de julio de 1944 y deportado al campo de Flossenbürg, donde sería torturado y posteriormente ahorcado.

Richard Sorge. El más importante espía soviético. Paradigma de agente secreto, la biografía de Richard Ramsey Sorge es digna de la mejor película de espías. Héroe de la Primera Guerra Mundial con el ejército alemán, consideraba a Rusia como su verdadera patria. Doctor en Ciencias Políticas y Economía, y comunista convencido, fue reclutado por los servicios secretos de la URSS y, bajo la apariencia de periodista, comenzó a trabajar en Europa y China. Desde 1933, Sorge creó en Japón una “red” de una eficiencia tal que informó de los más importantes secretos de Japón y de Alemania: los contenidos del Pacto Anti-Komintern, los planes y fecha de la Operación Barbarroja, el ataque japonés a Pearl Harbour y, sobre todo, de la falta de interés japonés por atacar a la URSS en 1941. Detenido en octubre de ese año, aún tuvo tiempo de advertir de la ofensiva alemana de 1942, o Fall Blau, que acabaría en la Batalla de Stalingrado. Ahorcado en 1944, nunca reveló su pertenencia al espionaje soviético.

Los aliados también fueron espiados