Cultura / la larga guerra del siglo xx. segunda guerra mundial (XXVIII)

La más grande de las batallas de la Segunda Guerra Mundial

Día 12/07/2014 - 12.50h

Entre ambos ejércitos, se concentraron en Kursk casi dos millones de hombres, 8.000 carros de combate y 5.000 aviones

El plan alemán de ataque al saliente de Kursk (Operación Zitadelle) contemplaba una doble penetración por el norte y el sur de las posiciones del Ejército Rojo, que convergería en una gigantesca pinza que aislara a los soviéticos del sector. Estos, por su parte, al tanto de los planes enemigos, habían convertido toda la zona en una gigantesca fortaleza anticarro.

Escalonadas en profundidad, amplias redes de trincheras, minas, posiciones contra blindados se encontraban apoyadas por enormes reservas de infantería, carros y artillería con vistas a desgastar paulatinamente el esfuerzo de guerra alemán.

La pinza norte

En el norte, el ataque alemán adoleció de una clara falta de progreso desde el primer día de las operaciones (05/07/43). La tupida red defensiva soviética anuló el esfuerzo del IX Ejército, diluido entre las posiciones enemigas. Aun así, sus fuerzas fueron capaces de penetrar y avanzar en sectores puntuales gracias a la presencia de los nuevos vehículos acorazados de apoyo: Ferdinands, Brumm-bärs,… que, si bien se probaron como armas magníficas anticarro o de asalto, carecieron de protección contra la infantería.

En cualquier caso, el ataque en el sector del norte fue un fracaso; la alta concentración de medios de los soviéticos, que consideraban este sector como el principal, impidió el progreso de las tropas germanas, en medio de los combates más intensos de todo el Frente Este hasta el momento.

La pinza sur

La lucha en la pinza sur fue más salvaje si cabe. Allí se desarrolló el esfuerzo principal alemán. Las mejores unidades acorazadas se habían destinado a este sector, englobadas en el IV Ejército Panzer, entre ellas el Panzer Corps SS —unidad de élite que englobaba a parte de los antiguos regimientos SS, ahora reconvertidos en divisiones blindadas y que habían debutado en Kharkov en febrero— y la división GrossDeuchtland, dotada del nuevo carro Panther, que, aunque se probaría más adelante como un arma magnífica, tuvo un deficiente estreno en Kursk.

Opuesto a los alemanes en este sector, el Frente Voronezh sostuvo, pero no detuvo, el asalto de las fuerzas enemigas, que hicieron un progreso constante aunque limitado durante los primeros días de la ofensiva. Las bajas soviéticas fueron abrumadoras en su intento de frenar a las tropas alemanas y éstas, aunque sufrieron una cuantía de bajas inferior, no podían, a diferencia de los soviéticos, reponer ni sus carros ni la infantería perdida.

Tal y como los soviéticos habían previsto, la mayor capacidad táctica germana quedaba anulada y el superior poder de fuego de los nuevos tanques alemanes perdía su influencia por las características de los combates: una salvaje y generalizada lucha sin cuartel, cuerpo a cuerpo, y con los carros batiéndose a muy corta distancia. En el aire, la situación era similar: ambos bandos concentrados en anular a su oponente, y, en el bando germano, unidades especiales «cazacarros» que intentaban desnivelar la balanza del combate en tierra…

Prokhorovka

Así se llegó al día 12 de julio, en que ambos bandos lanzaron simultáneamente sus asaltos definitivos. En la batalla que siguió -Prokhorovka-, los alemanes obtuvieron una victoria táctica al destruir las divisiones acorazadas soviéticas, pero la derrota estratégica era total. El sacrificio de las unidades del Ejército Rojo había supuesto el agotamiento total de la Wehrmacht. Las fuerzas del Frente Central soviético ya podían pensar en pasar al ataque.

En apenas una semana, el poder ofensivo germano —y el de su fuerza aérea— había sido destruido por el Ejército Rojo, que, si bien había sufrido muchas más bajas, había logrado una magnífica victoria. Sus tácticas y unidades se habían probado y resultado triunfantes. El despreciado «ejército de campesinos» se había convertido en una auténtica máquina de guerra.

Hitler había apostado mal sus escasos recursos en una batalla que no podía ganar. Tras Kursk, el ejército alemán perdió definitivamente la iniciativa estratégica en todo el Frente Este.

Los efectivos soviéticos fueron muy superiores

Las cifras que se barajan en torno a la Batalla Kursk son abru-madoras. Aunque entre unos autores y otros hay ligeras discrepancias, se calcula que por parte alemana participaron alrededor de unos 750.000 hombres, que en el caso del Ejército Rojo superarían el millón de combatientes, siendo la cifra más probable en torno a 1.200.000 efectivos.

En cuanto a carros de combate, la Wehrmacht dispuso en Kursk de unos 3.000 vehículos, que los soviéticos, con más de 5.000, estuvieron cerca de duplicar. Y más que duplicaron en baterías artilleras y morteros pesados, con cerca de 25.000 piezas, frente a las 10.000 de sus oponentes. En aviación, los alemanes dispusieron de 2.100 aparatos, mientras los soviéticos emplearon 2.800 aviones.

Los personajes

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