El acorazado alemán «Deutschland», que en 1939 pasaría a llamarse «Lützow» por orden de Hitler, ya que el hundimiento de un barco con el nombre de Alemania sería, según el líder nazi, un golpe moral para el pueblo germano
El acorazado alemán «Deutschland», que en 1939 pasaría a llamarse «Lützow» por orden de Hitler, ya que el hundimiento de un barco con el nombre de Alemania sería, según el líder nazi, un golpe moral para el pueblo germano
la larga guerra del siglo XX. Guerra civil española (XII)

La farsa de la no-intervención en la Guerra Civil española

Un pacto entre una treintena de países que, de hecho, jamás se cumplió

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Múnich ha pasado a la historia como símbolo de la debilidad de las democracias frente a la agresiva política de Hitler desde su llegada a la cancillería germana en enero de 1933.

Sus incumplimientos de las cláusulas del Tratado de Versalles fueron obviados uno tras otro por el resto de los firmantes del acuerdo: desde la remilitarización del Rhur al restablecimiento del servicio militar obligatorio o la anexión de Austria en el Anschluss…

Y el Pacto de Múnich sólo certificó, una vez más, que las democracias no estaban dispuestas a arriesgarse a una nueva contienda como la vivida un par de décadas antes. Checoslovaquia fue así sacrificada innoblemente en un supuesto altar de la paz, que no era sino la pira de la guerra, a la que vendría a prender fuego la cuestión del Danzig.

Treinta países

Pero ya antes de Múnich, las democracias se habían avenido al chalaneo con las dictaduras a propósito de la Guerra de España. No recuerdo, si es que la hay, contienda con más países comprometidos oficial y firmemente a no intervenir en apoyo de uno de los bandos.

Casi una treintena de capitales europeas se adhirieron formalmente a ese compromiso… dispuestas a incumplirlo, seguir incumpliéndolo o a permitir que los demás lo incumplieran. La No-Intervención fue así una de las mayores farsas jamás representadas en la política internacional.

Incumplimiento

El Comité de No-Intervención fue creado a instancias de Francia, una semana después de que ésta facilitara a la República lo que consideraba ayuda militar suficiente para lograr imponerse en la contienda.

Alemania, Italia o la Unión Soviética, que estaban enviando armas, hombres y pertrechos, y seguirían haciéndolo de forma masiva, no tuvieron inconveniente alguno en sumarse a la propuesta francesa, decididos a velar por el cumplimiento de un acuerdo que ellos mismos eran los primeros en incumplir.

Buques de guerra de las armadas francesa y británica vigilaron las costas del territorio nacional, mientras italianos y alemanes se responsabilizaron de controlar la zona marítima republicana. En la frontera terrestre francesa había inspectores de varias nacionalidades. En la de Portugal (país que también se había comprometido a la No-Intervención) no vigilaba nadie…

Y así, con No-Intervención, en España, entre 1936 y 1939 participaron miles de oficiales, tanquistas o pilotos de los ejércitos alemán y soviético o decenas de miles de soldados italianos o de voluntarios encuadrados por el Komintern. Por no citar los que por su cuenta llegaron de Portugal o de Irlanda.

Añadamos a ellos las miles de toneladas de material de guerra, incluyendo los últimos modelos de aviones, de carros o de piezas artilleras, que recalaron en los campos de batalla españoles. Sólo faltó crear la «Medalla al Mérito de Guerra» para premiar a los principales miembros del Comité de No-Intervención. Sus oficiales y soldados sí fueron condecorados por esa campaña.

La implicación de la «Kriegsmarine»

El 31 de mayo de 1937, como respuesta al ataque sufrido días antes por el acorazado «Deutschland» (al ser confundido con el crucero «Canarias» cuando se encontraba en misión de vigilancia de la No-Inter-vención), una escuadra de la «Kriegsmarine», formada por el acorazado «Admiral Scheer» y cuatro destructores, cañoneó la ciudad de Almería: 200 cañonazos, 19 muertos, 55 heridos y 35 edificios destruidos.

Los personajes