Barricadas en Berlín durante el levantamiento espartaquista de enero de 1919
Barricadas en Berlín durante el levantamiento espartaquista de enero de 1919
la larga guerra del siglo XX. entreguerras (X)

Weimar, la república inviable

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La crisis social producto de la larga guerra, el contagio de las ideas de la Revolución Rusa y el efecto del Tratado de Versalles, junto con la crisis económica de posguerra, tienen un efecto crítico en Alemania.

La República de Weimar, surgida tras la abdicación del Káiser Guillermo, ha de hacer frente a la violencia y a los intentos desestabilizadores tanto de los revolucionarios de ultraizquierda como de los ultraderechistas, en medio de un clima de guerra civil. Desde 1918 hasta 1923, se sucederán y alternarán las intentonas de ambos extremos políticos por hacerse con el poder.

Movimientos revolucionarios

Coincidentes con el fin de la guerra, estallan toda una serie de motines, levantamientos y huelgas, que exigiendo el fin de las hostilidades, se solapan con pronunciamientos en favor del bolchevismo. La propaganda revolucionaria ha prendido no sólo en diversas capas de la sociedad, sino que sus ideas son propagadas por muchos de los soldados que retornan del frente oriental.

La «Revolución Alemana» tiene dos focos principales: el 7 de noviembre de 1918 se forma un gobierno autónomo que establece la República Soviética Independiente de Baviera, a la que las tropas del gobierno consiguen aplastar finalmente en mayo de 1919 tras la Batalla de Munich. Ubicado en Berlín, el levantamiento espartaquista es el otro foco revolucionario más importante; comunistas y radicales de izquierda liderados por Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht se enfrentan de nuevo tanto al gobierno como a grupos paramilitares.

Los «Freikorps»

Por su parte, la extrema derecha no reconoce la legitimidad de la democracia encarnada en la República de Weimar pues nace «impuesta por el Tratado de Versalles».

Su respuesta violenta se ejerce por medio de los «Freikorps» o Cuerpos Francos, bandas armadas formadas por excombatientes, que rechazan tanto la incipiente democracia como el comunismo. Así, aunque opuestos al gobierno, los «Freikorps» no dudarán el unirse a las tropas del nuevo ejército alemán, el Reichswher, para aplastar a las fuerzas de la izquierda revolucionaria. Antisemitas, ultranacionalistas, alimentados por el mito de la «puñalada por la espalda», los encontraremos involucrados en todos los conflictos que tuvieron lugar entonces en Alemania.

En marzo de 1920, contando con la pasividad del Reichswehr, el general Wolfgang Kapp, apoyado por ultraderechistas, da un golpe de estado en Berlín. El gobierno huye y Kapp asume la cancillería. Pero, tras una semana de resistencia popular y obrera y el triunfo de una huelga general que paraliza la capital, el golpe es sofocado. Sin embargo, será el pretexto para nuevo levantamiento comunista, esta vez en la cuenca del Ruhr, que será aplastado por tropas del ejército en unión a los «Freikorps».

La crisis económica

Pero la República de Weimar no sólo tiene que hacer frente a sus graves problemas para mantener la autoridad. En medio de la violencia política, sobreviene una fuerte crisis económica. El coste de las reparaciones de guerra provoca una hiperinflación galopante y no se puede afrontar puntualmente su pago.

Francia ocupa el Ruhr en diciembre de 1922 en garantía de su cumplimiento y se produce una nueva crisis política. Para octubre de 1923 el estado está en bancarrota; las clases medias se arruinan y una gran mayoría de alemanes se quedan sin sus ahorros, mientras la moneda pierde su valor y los precios se disparan. Hambre, miseria y paro se unen a la humillación de la ocupación extranjera.

El «Putsch» de Múnich, el golpe de estado nacional-socialista