La larga guerra del siglo xx (I)

El laboratorio de la guerra total

Las armas que protagonizarían las grandes batallas de la Segunda Guerra Mundial fueron estrenadas y ensayadas entre 1914 y 1918

Soldados canadienses a bordo de un Mark I, el primer carro de combate que actúo en un campo de batalla
Soldados canadienses a bordo de un Mark I, el primer carro de combate que actúo en un campo de batalla - abc
ALEJANDRO FERNÁNDEZ BLANCO - Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura

Los innumerables avances y progresos impulsados por la ciencia y la técnica de los que la humanidad fue testigo desde mediados del siglo XIX tienen su manifestación más horrenda en la Primera Guerra Mundial. El cóctel formado, de una parte, por las doctrinas militares de unos estados mayores caducos —inspiradas en las fuentes clásicas de las guerras napoleónicas y basadas en masivos asaltos de infantería— y, de otra, por las modernas armas —fruto de los galopantes progresos tecnológicos y científicos— modificó la ciencia militar para siempre y produjo la mayor matanza que ningún conflicto humano había visto hasta entonces: 8 millones de combatientes muertos. Los gases venenosos, el aeroplano, el submarino y los carros de combate cambiarían para siempre la estrategia militar, que prácticamente no se había alterado durante siglos.

Los gases venenosos: la muerte química

Si bien la utilización de gases lacrimógenos tuvo lugar tan pronto como agosto de 1914, fue en la Segunda Batalla de Ypres, el 22 de abril de 1915, cuando por primera vez el ejército alemán libero 160 toneladas de un gas letal, el cloro, frente a posiciones francesas. A pesar del daño provocado al enemigo, el cloro demostró ser ineficaz como arma, su nube era muy visible y detectable y requería altas concentraciones para ser mortal. Pronto se combinó con fosgeno, mucho más letal, si bien sus efectos tardaban 24 horas en manifestarse. La iperita —mostaza sulfurada o gas mostaza— resultó ser el gas más infame y mortífero utilizado en la guerra, y la ciudad de Ypres resultó de nuevo elegida para su debut en 1917. Sea como fuere, la experiencia de la Primera Guerra Mundial no se repitió en la Segunda. Su utilización entrañaba más inconvenientes que ventajas en el campo de batalla.

El aeroplano: un nuevo campo de batalla

El aeroplano (como se llamaba entonces) es, junto alcarro de combate, el ejemplo perfecto de las eficaces máquinas de guerra del siglo XX. Concebido en su inicio como una herramienta de observación e información del campo de batalla —como con anterioridad habían sido los globos aerostáticos—, pronto resulto inevitable que la guerra se trasladase a un nuevo escenario: el cielo. Durante la guerra ítalo-turca de 1911-1912, el teniente Gavotti bombardea desde el aire el oasis de Aïn Zara. Un poco después, en la Primera Guerra de los Balcanes, el bombardeo aéreo-terrestre se consolidó. Durante la Revolución Mexicana, el ejército de Pancho Villa se dotó con aviones Morane-Moisant franceses y Curtiss americanos. Pero es en la Primera Guerra Mundial donde tienen lugar los primeros enfrentamientos entre aeroplanos, y la aviación militar se especializa en función de su empleo: los bombarderos, los cazas y los aviones de reconocimiento.

El submarino: el cazador silencioso

El empleo con éxito de sumergibles como arma de guerra se remonta a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, en 1776, cuando el «Turtle» hundió, casi por casualidad, un bote del «HMS Eagle» que lo perseguía tras haber fracasado su ataque. Durante la guerra civil estadounidense, el «Hunley», de la armada de los Estados Confederados de América, hundió al «USS Housatonic» en la primera acción en la que un submarino lograba hundir otro barco. Pero es nuevamente en la Gran Guerra cuando el sumergible se convierte en una pieza fundamental en la guerra naval. El 22 de septiembre de 1914, el «U9» de la Marina Imperial Alemana, al mando del kapitänleutnant Otto Weddigen, envió al fondo del mar del norte a los buques «HMS Aboukir», «HMS Hogue» y «HMS Cressy», causando la muerte de 1.459 marinos británicos. La Royal Navy había aprendido para siempre que los sumergibles eran algo más que meros juguetes.

El carro de combate: la nueva caballería

La traumática experiencia de la guerra de trincheras en el frente occidental y la insoportable cifra de bajas que cada gran batalla dejaba —el primer día de la batalla del Somme los británicos sufrieron casi 60.000 bajas— llevó a los contendientes a concebir un vehículo que pudiera cruzar trincheras, derribar alambradas y fuera impenetrable al fuego de las ametralladoras. El 15 de septiembre de 1915, durante la batalla del Somme, un carro Mark I británico irrumpió por primera vez en el campo de batalla. Los franceses Schneider CA1 entraron en combate en 1917 y los alemanes Sturmpanzerwagen A7V en 1918. El primer enfrentamiento entre tanques ocurrió al final de la guerra, el 24 de abril de 1918.

A pesar de los problemas iniciales de falta de fiabilidad, la rápida evolución de los carros y el nacimiento de las armas anticarro supusieron el final de los frentes estáticos. La semilla de la guerra relámpago estaba sembrada: la guerra de trincheras había terminado.

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