Cultura

¿Culpar a Alemania de la Gran Guerra es de izquierdas o de derechas?

Día 12/01/2014 - 08.25h
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Las críticas del ministro de Educación británico a los presuntos «mitos» progresistas sobre los orígenes de la Primera Guerra Mundial politizan el arranque del centenario del conflicto en Gran Bretaña

Los soldados británicos que murieron en el continente entre 1914 y 1918 combatían una «guerra justa» para detener a una Alemania expansionista y militarista, y no un «desastre sin pies ni cabeza» atribuible por igual a las elites de la época, según han trasladado durante años ciertos «académicos progresistas» y cándidos programas televisivos como Blackadder. Así lo cree el ministro británico de Educación, Michael Gove, que con su ataque a lo que califica de «mitos» izquierdistas sobre la Gran Guerra ha convertido el inicio del centenario del conflicto en una intensa batalla ideológica.

Hastiado de «académicos izquierdistas demasiado contentos de alimentar estos mitos para atacar el papel de Gran Bretaña en el conflicto», Gove publicaba el viernes pasado una tribuna en el «Daily Mail» que ha levantado un fuerte debate político. «La Primera Guerra Mundial fue una guerra terrible sin igual, pero fue también una guerra justa», defiende.

«El despiadado darwinismo social de las elites alemanas, su implacable enfoque de la ocupación [de Bélgica y Francia], sus objetivos bélicos agresivamente expansionistas y su desprecio al orden internacional convertían la resistencia en más que justificada», cree el titular de Educación, representante del ala más tradicionalista del partido conservador que lidera David Cameron.

Gove, que ha reescrito el curriculum educativo británico para reforzar el peso de la Historia y de las grandes gestas patrias, exige «no sucumbir a los mitos que han crecido sobre este conflicto en los últimos 70 años». Y advierte sobre los malentendidos y prejuicios que, en su opinión, han vertido ciertos historiadores progresistas (cita a Richard Evans, de Cambridge), a los que acusa de «denigrar virtudes como el patriotismo, el honor y la valentía».

El ministro Gove contra la serie Blackadder

En su artículo, el miembro del gabinete Cameron culpa también al musical «Oh! What a lovely war» (oh, qué guerra tan maravillosa) o a la popular serie Blackadder, conocida en España como «La víbora negra», protagonizada por Rowan Atkinson y cuya última temporada discurre en 1917. En opinión de Gove, transmitieron a la cultura popular una visión incorrecta sobre las causas del conflicto, caracterizándolo como un «desastre descabellado, una serie de errores catastróficos cometidos por una elite desconectada de la realidad».

En Blackadder, por ejemplo, era habitual la caracterización de los generales británicos en opíparos banquetes en castillos alejados del frente. Para el ministro, la guerra fue justa. Y el culpable claro: Alemania y el káiser Guillermo. Gove recomienda escuchar a historiadores como Margaret Macmillan, quien «ha demostrado que quienes combatieron no fueron engañados sino que creían luchar conscientemente por su patria y por su rey, comprometidos con la defensa del orden liberal occidental».

¿Tiene razón Gove en su exigencia de señalar a Alemania como responsable del conflicto? La propia Macmillan, decana del prestigioso St. Antony’s College de Oxford y autora de «1914. De la paz a la guerra» (Turner, 2013), no se mostraba tan tajante en su reciente entrevista con ABC. «Alemania y Austria-Hungría tuvieron una gran contribución, entre las dos, a que Europa diera el último paso hacia el precipicio. Más que las otras naciones, porque estaban más preparadas a arriesgarse a una guerra», nos explicaba en su despacho. Pero amplía el banquillo de los culpables a Rusia: «Creo que Rusia también es responsable porque no tenía por qué movilizarse en todos los frentes».

La tribuna de Gove fue contestada el sábado por Tristram Hunt, portavoz de Educación de la oposición laborista, desde las páginas de «The Guardian». Hunt cita por su parte a otros historiadores, como Christopher Clark, para argumentar que «otras naciones eran tan imperialistas como los alemanes, por lo que cualquier intento de buscar culpables de la Primera Guerra Mundial es inútil». Se hace eco también de otras tesis que asignan parte de la responsabilidad a los intentos rusos de desmembrar el Imperio Otomano.

Críticas del laborismo

Y recoge tesis de la historiografía más contemporánea, que acusa al autor de la fuente clásica sobre la culpabilidad de Alemania, Fritz Fischer (autor de «Los objetivos alemanes en la Primera Guerra Mundial», de 1961) de minusvalorar el papel jugado por la oposición interna al belicismo del káiser. El laborista Hunt acusa al gobierno de «usar lo que debería ser un momento para la reflexión nacional y el debate respetuoso para reescribir la historia y sembrar la división política».

Varios diarios londinenses se hacían eco el martes, en ese sentido, del malestar entre varios miembros conservadores del gobierno por la politización del aniversario alentada por su colega Gove. Pero otros, como el influyente alcalde «tory» de Londres, Boris Johnson, se han subido rápidamente al carro de la polémica. Con su habitual estilo punzante y directo, cargaba contra las «bobadas» del laborista Hunt y la «falta de honestidad intelectual de la izquierda» desde las páginas dominicales del «Daily Telegraph».

«Es un hecho triste pero innegable que la Primera Guerra Mundial, con todo su horror homicida, fue abrumadoramente el resultado de la agresión y del expansionismo de Alemania», afirma el regidor. «Un hecho que, lamentablemente, el actual Partido Laborista considera poco educado mencionar», dice. Johnson, historiador y antiguo corresponsal en Bruselas del «Daily Telegraph», recibió la educación más exclusiva en Eton primero y en Oxford como universitario. Y concluye que, «aunque Hitler era sin duda más repugnante y belicoso que el káiser, no es una coincidencia que empleara un plan muy similar: primero tomar Francia y los Países Bajos, y después ir a por Rusia».

Boris Johnson y Nigel Farage se suman

También Nigel Farage, el líder del populista y euroescéptico Partido de la Independencia (UKIP), se ha sumado al debate en apoyo de Gove con su respectivo artículo en «The Independent». Este domingo, defendía el papel del alto mando y de las tropas británicas en la contienda, frente a lo que califica de excesiva autocrítica en el análisis tradicional de la participación de la llamada Fuerza Expedicionaria Británica, y del mariscal Haig que la mandaba.

La clase política británica, que afronta un periodo electoral intenso con las europeas de mayo y las generales previstas para mayo de 2015, ha situado así la llamada cuestión alemana en las trincheras ideológicas de la actualidad de 2014. A diferencia de Alemania, donde el gobierno no ha previsto un programa amplio de conmemoraciones del conflicto –el debate en las aulas y escaños de aquel país está cerrado hace tiempo en torno a la plena asunción de la responsabilidad alemana en las dos guerras mundiales–, el Reino Unido, al igual que Francia, ha organizado numerosos actos de recuerdo.

Más allá de esta dialéctica izquierda-derecha entre políticos en activo, el origen de la contienda sigue siendo, un siglo después, un apasionante tema para los historiadores. El propio Tratado de Versailles que puso fin a la Gran Guerra en 1919 hablaba de «responsabilidad», y no de culpa, al estar concebido como la base legal para solicitar las reparaciones de guerra.

¿Qué dicen los historiadores?

«Inicialmente los dos principales beneficiarios debían ser Francia y Bélgica y, siendo justos, en esos dos casos Alemania fue responsable de atacarles», nos explicaba Margaret Macmillan. Esta respetada historiadora, biznieta del primer ministro liberal Lloyd George, cita nuevas investigaciones históricas que demuestran que, «a medida que los alemanes avanzaban y vaciaban Bélgica de ganado, comida y oro, forzaron a muchos belgas a realizar trabajos forzados en Alemania y, cuando se retiraron, destruyeron deliberadamente minas, presas, canales, y vías de tren».

En general, los historiadores británicos insisten en presentar una compleja suma de acontecimientos, mecanismos, ideas y personalidades a la hora de dibujar el mapa de las causas de un conflicto que dejó 15 millones de cadáveres en suelo europeo. Algunos de ellos, sin embargo, son más contundentes que Macmillan a la hora de señalar al Imperio Germano.

Así lo hace David Stevenson, el prestigioso historiador de la London School of Economics, en su monumental «Historia de la Primera Guerra Mundial» (Debate, 2013). «En último término es en Berlín donde debemos buscar la llave de la destrucción de la paz», escribe. Si bien, como coinciden los expertos, asigna su cuota de culpa a Serbia, instigadora del asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando, a la pronta movilización de tropas ordenada por Rusia, y a la misma Francia por ofrecer garantías a su aliado ruso en caso de ataque.

Hacia Berlín apunta sobre todo el periodista e historiador Max Hastings en «1914, el año de la catástrofe» (Crítica). En su reciente entrevista con ABC, Hastings defiende que «nadie quiere ser descortés con la Alemania moderna, una gran democracia por la que todos tenemos gran respeto, pero los dos eventos más terribles de la humanidad fueron la Primera y la Segunda Guerra Mundial. No querer hablar de por qué ocurrieron es sencillamente estúpido».

Pero el propio Hastings nos explicaba las implicaciones más amplias de la cuestión alemana. «Europa ha tenido el mismo problema durante 120 años. ¿Cómo lidiamos con el hecho de que una de las naciones europeas sea mucho más rica y poderosa que cualquier otra?». Macmillan coincide plenamente. La cuestión alemana «está viva desde la unificación del país en 1870 por su mero tamaño y potencia», afirma. Aunque insiste, claro, en las diferencias entre la moderna Alemania democrática y los distintos regímenes históricos gobernados desde Berlín.

Macmillan cita las quejas de Hugo Stinnes, un gran industrial alemán de antes de la Gran Guerra, ante lo que veía como la locura de los militares y su obsesión con el dominio de Europa. «Si esperamos, terminaremos por dominar el continente de todas formas», decía Stinnes. «Y es lo que ha ocurrido, solo que tras un rodeo de dos guerras mundiales», concluye Macmillan. Digan lo que digan los políticos británicos, siempre dispuestos para un saludable ejercicio de esgrima política sobre la Historia.

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