Los barcos españoles que hundieron los submarinos nazis en la II Guerra Mundial

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A pesar de no participar en el conflicto y de la simpatía de Franco hacia el Eje, los capitanes de los U-boat fueron implacables con buques españoles

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  1. Cañonazos contra dos pesqueros de Vigo: 6 muertos

    Un barco se hunde en la II Guerra Mundial
    Un barco se hunde en la II Guerra Mundial - abc

    Apesar de la neutralidad en la II Guerra Mundial, los submarinos alemanes, conocidos como U-boats, fueron dañinos para los barcos españoles que se cruzaron con ellos. Basta un ejemplo de hace exactamente 73 años y 5 días. A las 19:12 de aquel aciago 18 de junio, el U-32 interceptó a dos arrastreros españoles, los pesqueros Sálvora y Nuevo Ons, procedentes de Vigo. ¿El motivo? Estaban faenando al sur de Irlanda, fuera de la zona permitida.

    Sin siquiera un pestañeo, el capitan del U-32, Hans Jenisch, decidió cañonearlos dando muy poco tiempo a las tripulaciones para desembarcar. Cinco pescadores del Nuevo Ons desaparecieron para siempre y uno más -del mismo pesquero- moriría un poco más tarde.

    Los 7 supervivientes -junto a los supervivientes del Sálvora- tuvieron la buena estrella de ser rescatados por los botes salvavidas de un barco llamado -precisamente- Altair. Este buque también había sido atacado por el U-32 un par de horas antes, torpedeado y apenas se mantenía a flote por su cargamento de leña hasta que fue enviado a pique.

    Al final, todos los supervivientes fueron rescatados por el arrastrero español Iparreko-Izarra, un pesquero que poco después encontraría, a muy poca distancia, un bote salvavidas vacío, perteneciente al Balmoralwood, otra víctima del U-32. Los hombres fueron transferidos al Piedi, otro arrastrero español, y llevados sanos y salvos a Pasajes, el 21 de junio.

  2. El U-32, hundido; su capitán, prisionero

    El Balmoralwood, otra víctima del U-32, como los pesqueros españoles
    El Balmoralwood, otra víctima del U-32, como los pesqueros españoles - abc

    El U-32 no tuvo una larga vida. Solo cuatro meses después de hundir a los arrastreros de Vigo caía este submarino alemán bajo las cargas de dos destructores británicos en las costas del Noroeste de Irlanda. El capitán Hans Jenisch, que tan poca piedad había tenido con los pescadores, fue, además, hecho prisionero. Estuvo seis años y medio preso en Gran Bretaña y no volvería a Alemania hasta junio de 1947.

    Pero en 1957 volvió a ingresar en la Marina Alemana, con diversos destinos, pero también con el mando de la fragata Hipper durante algunos meses. Se retiró en 1972 como Kapitän zur See (capitán de mar).

  3. Dos torpedos... ¡contra un velero!

    Torpedos en un submarino de la época
    Torpedos en un submarino de la época - abc

    Era poco más de la medianoche del día 14 de octubre de 1941 y un barco ligero, el Aingeru Guardakoa, de solo 97 toneladas, propiedad de Hilario Berasaluce, de Guipúzcoa, navegaba alegre por las aguas de Cádiz. Distaba mucho de la envergadura de los típicos navíos de carga, de miles de toneladas, que eran la presa preferida de los U-boat. Y sin embargo, este barco fue torpedeado cerca del cabo Roche, en aguas próximas al Estrecho de Gibraltar. Pero es que además el U-204 le disparó dos de sus torpedos, no uno solamente ¿Por qué?

    Desgraciadamente el U-204 se perdió durante aquella patrulla, días después, de manera que nunca quedaron claras las circunstancias de este ataque. Y ya nunca quedarán: solo podemos especular. Los historiadores han pensado que lo más probable es que los alemanes confundieran el barco con un cazasubmarinos británico. Eso explicaría tanta contundencia. Al menos dos torpedos salieron de las toberas del U-204. Un superviviente del ataque de aquella noche relató que sintió pasar el primero de los torpedos cerca de la popa con un zumbido y un rastro de burbujas, que él confundió con un cardumen de sardinas, hirviente de vida.

    Pero no, era una carga mortífera como comprobó al impactar el segundo torpedo, que hizo saltar en barco en mil pedazos y lo hundió de inmediato. El capitán y cuatro tripulantes se aferraron toda la noche a los restos flotantes hasta que a la mañana siguiente fueron rescatados por un bote pesquero.

  4. El Badalona, un barco cisterna de Campsa partido en dos

    Un torpedo impacta en un barco en alta mar
    Un torpedo impacta en un barco en alta mar - abc

    Un enorme barco cisterna, el Badalona, de más de 4.000 toneladas, propiedad de la compañía Campsa, vio a las 16:44 horas del 13 de diciembre de 1941 cómo emergía el submarino U-453 junto a su costado y le ordenaba detener las máquinas. Procediendo de un país neutral como España, su capitán trató de escapar y utilizó la radio para informar de la situación, hasta que sintió un disparo del cañón del submarino junto a su proa.

    La tripulación del U-boat comprobó los papeles del barco, pero el capitán, Egon Reiner von Schlippenbach ordenó a los españoles que abandonasen inmediatamente el barco cisterna, según él por haber violado las "reglas de captura de buques". Por resistirse, vamos. Con las prisas, uno de los botes de auxilio se inundó y murieron 3 marineros. El submarino nazi torpedeó al cisterna por la popa a las 18:05 horas, pero siguió a flote. A las 18:20 le dispararon un tiro de gracia que lo partió en dos y se fue a pique.

  5. Un torpedo en mitad de la noche en la Costa de la Muerte

    Imagen del buque Banderas, hundido en 1940
    Imagen del buque Banderas, hundido en 1940 - abc

    Fue de madrugada: una inmensa explosión y las llamaradas devoradas ávidamente por las olas en la oscuridad. Cuando se encontraba a 8 millas al noroeste de Cabo Villano, o Vilán, en la Costa da Morte gallega, el mercante de 2.000 toneladas Banderas recibió un torpedo y se hundió, exactamente a las 4:20 horas, el 18 de febrero de 1940. Los alemanes debieron presumir que se trataba de un rezagado del convoy francés 65-KS/10-RS, pero es que, de hecho, llevaba el mismo rumbo que dicho convoy. Los 7 supervivientes, dos de ellos heridos de gravedad, fueron rescatados por un pesquero, el Tritonia. 22 almas más hallaron la muerte en la costa que lleva su nombre.

  6. Primero dispara y pregunta después: «¡Que somos españoles!»

    Castillo Montealegre, el barco hundido el 8 de abril de 1943
    Castillo Montealegre, el barco hundido el 8 de abril de 1943 - abc

    Un día, junto a las costas de Guinea Conakry, el U-123 escupió un abanico mortífero de tres torpedos a las 14:12 horas del 8 de abril de 1943 contra el mercante Castillo Montealegre, un barco de la Compañía Transmediterránea cuyo capitán era Francisco Zamora Esclarans. En el interior del submarino hubo una espera heladora de 37 segundos antes de escuchar retumbar la explosión que indicaba el primer blanco. Y antes de pasara un solo segundo más, se oyó otro impacto. El carguero no resistió y tardó en hundirse apenas dos minutos. Murieron 12 hombres y sobrevivieron 29 tripulantes. Al menos esos son los que pudieron ser rescatados por el HMS Inkpen, ya que otros 12 hombres habían logrado subir a una balsa pero nunca más se supo de ellos.

    Los nazis primero dispararon y luego... preguntaron. «¡Somos españoles!», gritaron los marineros. Demasiado tarde y muy vergonzoso. A los alemanes les dieron orden de mantener en secreto el incidente y ni siquiera lo consignaron en la bitácora de guerra. Pero tal vez al capitán le dió un ataque de vergüenza torera, o discutió la orden, porque solo unos días más tarde recibieron permiso y el ataque se consignó.

  7. Un aviso de la muerte en el Estrecho... con 10 años de adelanto

    El Duero, mercante de 2.000 toneladas, amarrado a puerto
    El Duero, mercante de 2.000 toneladas, amarrado a puerto - abc

    La historia es simple: procedente de Barcelona y con escala en Ceuta, el Duero era un carguero que se dirigía a Cádiz el 10 de febrero de 1943. Pero el día 1 de febrero, el U-118 había colocado una mina para sabotear las rutas del Estrecho, y el Duero tuvo la mala suerte de chocar con ella. Resultó dañado, pero no hundido.

    Sin embargo, el destino le esperaba en esas aguas, paciente, puesto que el Duero se hundió muy cerca, en el mismo Estrecho de Gibraltar diez años después, en julio 1953, cuando con intensa niebla colisionó contra un buque británico, el Culrain. Toda su tripulación fue rescatada.

  8. La justicia de Dios vengó a las víctimas del Monte Gorbea

    El Monte Gorbea, con 3.700 toneladas, se fue a pique cerca de Martinica
    El Monte Gorbea, con 3.700 toneladas, se fue a pique cerca de Martinica - abc

    A veces la justicia de los hombres no alcanza a castigar al culpable. El 19 de septiembre de 1942, a las 19:37, un gran buque, el Monte Gorbea, de la naviera bilbaina Aznar, recibió el impacto de un torpedo y se fue a pique en menos de una hora. El culpable era el U-512, un submarino comandado por Wolfgang Schultze. El imprudente capitan había avistado al Monte Gorbea a las 16:41 y Schultze decidió hundirlo a pesar de la bandera neutral. Murieron 52 personas: 23 de los 46 miembros de la tripulación y 29 de los 33 pasajeros que traía desde América. Los 27 supervivientes alcanzaron Martinica en un bote.

    Tras informar del ataque, y explicar el capitán Schultze que había presumido que la bandera era una triquiñuela para que los submarinos le dejasen en paz, fue informado desde su base que por un acto así le preparaban un consejo de guerra a su regreso. Pero los jueces no llegaron a escucharle, ni pudieron actuar, porque el U-512 sería destruido en octubre, apenas un mes después, por las cargas de profundidad lanzadas desde un avión norteamericano, junto a Cayena, la capital de la Guyana francesa.

  9. Falla el torpedo, falla el cañón y... ¡entonces lo dinamitan!

    Imagen de archivo de un buque impactado
    Imagen de archivo de un buque impactado - abc

    Era el 16 de diciembre de 1940 y el U-37 falló un disparo de torpedo a las 19:50 horas, en algún lugar entre las Islas Canarias y las costas marroquíes, en las proximidades del cabo Juby. Aquel torpedo iba dirigido a un barco, el San Carlos, que aún no se había escapado, puesto que el submarino estaba decidido a darle caza. A las 20h, los alemanes continuaron con disparos y ráfagas desde el cañón de cubierta y la ametralladora, a una distancia de 800 metros. Demasiado lejos. Y la mala suerte: el cañón se rompió después de 21 disparos... ¡21!

    Bajo esa lluvia de fuego, los 15 tripulantes del San Carlos tomaron las de Villadiego, junto a los 13 pasajeros que llevaban, en los dos botes salvavidas. No obstante uno de ellos murió.

    Pero los alemanes no se rindieron y remaron en un bote hasta el buque y le colocaron cargas explosivas. Era... ¿una cuestión de honor? O tozuda saña contra un blanco esquivo. Además, no debió de gustarles comprobar que sus disparos no habían atravesado el casco de la nave, de 20 centímetros ¡de madera...!

    Finalmente, la dinamita hizo su labor, pero sin épica. Esto no tuvo nada que ver con la pericia marinera, y el barco se hundió, obediente a las leyes de la física después de un trueno que sacudió el mar. Otra vergüenza.