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Dan Brown, la inspiración del murciélago

Día 31/05/2013 - 12.16h
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"Sé bien qué es no tener lectores", dice el escritor más leído del mundo, que regresa con otra intriga del profesor Langdon inspirada en 'La Divina Comedia'

Dan Brown, la inspiración del murciélago
El escritor Dan Brown. / Foto: Alberto Ferreras | Vídeo: Óscar Chamorro

Se cuelga por los pies al amanecer. Como un murciélago diurno, irriga su cerebro cabeza abajo en busca de inspiración por las oquedades de la historia. Un reloj de arena sobre su escritorio le marca cada hora. Momento de parar y realizar unas flexiones. Son las manías que han permitido a Dan Brown (Exeter, New Hampshire, 1964) convertirse en el autor más leído del mundo. "La vida del escritor es oscura soledad; el 99% del tiempo encerrado ante la pantalla de un ordenador y solo un 1% dando la cara a la luz y ante el público, intentado ser tan brillante y divertido como te exigen tu editores". Lo dice en uno de esos días clave en los que se el guion exige inteligencia, dinamismo y simpatía. Brown presenta al lector español su nueva y aterradora fábula, 'Inferno' (Planeta) con la que aspira a acrecentar su mito. Vendidos doscientos millones de todos su libros, llega al mercado hispano con un millón de ejemplares de esta cuarta novela en a que recurre al mismo personaje, Robert Langdon y la misma fórmula que alterna símbolos, intrigas, bondad y maldad. En este caso la propagación de un virus que amenaza la continuidad de la presencia humana sobe la faz de la tierra le permite preguntarse si "los humanos debemos jugar a ser Dios".

"El infierno y el paraíso son metáforas; pero existen y están en este mundo" advierte risueño segundos después de saludar a un masiva audiencia en su rudimentario español. Brown llenó a rebosar el auditorio de la Biblioteca Nacional, a la que llegó en un vehículo de gran cilindrara de lunas tintadas, con la expectación de las estrella de rock o de cine. Con anodina americana, camisa y vaqueros, salta a la escalinata con la agilidad de un atleta, para posar ante las cámaras a la sombra de Alfonso X el Sabio. Todos los asistentes bajo acreditación con, un rigor propio del la CIA o el Mosad. El mismo que se aplicó para la traducción de la novela en un búnker aislado del mundo.

Brown es un eficaz profesional de la promoción. No deja de sonreír un solo instante y no dejará una pregunta sin respuesta. Eso sí, con habilidosos rodeos para eludir las más comprometedoras y menso amables. "Los historiadores le acusas de flagrante falta de rigor" escucha, "No soy historiador, invento mis historias y la gracia está en contrastar sus tesis con las mías" dice en el primer regate.

Estudiante dos años en Sevilla y veraneante en Gijón, chapurrea un dubitativo español. Se ayuda de un diminuto pinganillo para recibir traducción simultánea de las cuestiones, "¿Es cierto que no lee las críticas, que le importan un rábano?, "Leo los titulares y me basta para saber si son buenas o malas. No necesito más. Un escritor jamás gustará a todo el mundo. Yo escribo el libro que me gustaría leer, y si convenzo al lector, miel sobre hojuelas".

Y parece que lo logrará de nuevo, a tenor de la sostenida demanda de los libreros, muy por encima de las buenas expectativas de los editores y al margen de los varapalos que la crítica sajona ha propinado a 'Inferno'. Parejos a los recibidos pos sus anteriores novelas y que no hicieron mella en sus envidiables cifras de ventas.

'El código Da Vinci' vendió 81 millones de copias en más de cincuenta lenguas. Sus películas han recaudado más de 1.200 millones de dólares y cree Brown que Tom Hanks se avendrá a hacer la tercera, algo que se duda en el mundo el 'show business'. Pero no fue siempre así. "Se muy bien qué es escribir y no ser leído, que no te hagan caso y no tener lectores; hay que perseverar" aconseja el escritor más vendido de la historia, feliz de que gracias a él se publique a otros autores. "Se necesitan autores de éxito como yo, porque eso permite publicar a escritores importantes que de otro modo no tendrían voz" se ufana.

Sin grasa

Asegura no tener la fórmula del éxito y sudar tinta para acaba cada historia, por más que el esquema se repita milimétricamente. Da las gracias a sus editores por aligerar la grasa de sus originales y dejar la parte mollar. "De cada cuatro páginas que escribo solo se publica una. Esa es la labor de editor, que completa la del autor; están pare eso" admite sin rubor y presentándose como un legionario de la escritura que se levanta "cada día a las cuatro de la mañana". "Me hierven cientos de historias para Langdon en la cabeza, pero temo que me falten años para escribirlas; pero no descarto dar un giro en cualquier momento y cambiar radicalmente de registro" dice sin descartar una salida por peteneras.

La superpoblación de la Tierra es el nudo gordiano en torno al cual gira esta novela de más de seiscientas páginas inspirado en la 'Divina Comedia' de Dante que Brown ha leído "en todas sus versiones y traducciones". Al filo de la muerte, el catedrático de simbología Robert Langdon es fiel a sus claves y a sus tics, tanto como el malo malísimo que propagará un virus capaz de frenar de una forma maquiavélica el implacable aumento de la población que desde Malthus percibimos como una grave amenaza. "La población de la Tierra se ha triplicado en apenas 85 años, en una sola generación. Se incrementa con 200.000 nacimientos diarios, de modo que no es un problema más de la humanidad: es 'el problema del que son síntoma las guerras, la deforestación, la falta de del agua o las epidemias" plantea Brown. "Hablo de desafíos éticos, me pregunto qué significa ser humano y si demos jugar a ser Dios" resume. "Todos debemos reflexionar sobre esta cuestión. Si he hecho bien mi trabajo, los lectores cerrarán el libro pensando que a lo mejor el malo no es tan malo" dice.

"He crecido entre la religión y la ciencia, entre Adán y Eva y la teoría de la evolución" explica Brown. De su madre, organista en una iglesia, heredó el interés por las cuestiones religiosas. De su padre, matemático, el gusto por los símbolos, los números, formulas, códigos y juegos numéricos. "Preguntaba a mis padres sobre la evolución y Dios y me decían que los niños buenos no hacen esas preguntas. Pero sigo haciéndolas. Mi religión es un trabajo intelectual sin acabar". "La mejor ciencia plantea las mejores preguntas religiosas e intelectuales" asegura este minero de la historia para quien "los misterios más interesantes están en el pasado y el futuro".

Langdon se verá en esta intriga arrastrado por los círculos del terrorífico infierno descrito por Dante. Seguirá el rastro del gran poeta italiano del siglo XIV en Florencia, Venecia y Estambul, en una carrera para salvar al mundo de la mortal y artificial plaga que lo amenaza. Asegura Brown que 'Inferno' es su novela "más ambiciosa" e invita a degustar su habitual cóctel de historia, arte, códigos y símbolos que enfrentan a su sabihondo héroe a un adversario escalofriante en un escenario plagado de arte clásico, pasadizos secretos y ciencia futurista.

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