Cultura

Antonio Bienvenida, en su naturalidad estaba el paraíso

Memoria histórica de Las Ventas, por Rosario Pérez y Ángel González Abad

ABC - Actualizado: Guardado en: Cultura

Nacido en Caracas, se bautizó en la misma parroquia sevillana que Juan Belmonte. Antonio Bienvenida entró de lleno en Las Ventas con aquellos tres pases cambiados a «Naranjito» que inmortalizaría después el pintor Roberto Domingo.

Torero de Madrid por excelencia, en su plaza tomó la alternativa el 9 de abril de 1942, con toros de Miura. Aquí fue protagonista de seis actuaciones en solitario y de un reto desconocido: quiso matar doce toros en 1960, pero al noveno tuvo que desistir al ver que se resentían viejas heridas de guerra. Bastión esencial de la más importante dinastía torera, Antonio tenía el cuerpo cosido a cornadas.

Sus glorias colmaron de esplendor la capital. «Una de las tardes más felices del toreo», escribió Giraldillo en la corrida del Montepío de 1955. Su despedida venteña por la Puerta Grande, en octubre de 1966, agigantó aún más su conjunción con Madrid. Imborrable su reencuentro en 1971 con cuatro orejas, dueño de esa naturalidad donde se refugiaba el paraíso. Una vaca acabó con su vida, pero aún se respira su torería.

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