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Grandes artistas españoles triunfan en las mejores compañías de danza del mundo

Día 19/04/2013 - 19.01h
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A pesar de ser el país de la fiesta, los bailarines españoles han brillado con luz propia en la danza clásica, una disciplina especialmente rigurosa

A los españoles nos gusta bailar. Eso es indiscutible. Nuestro folclore está lleno de ejemplos de bailes populares, uno de los cuales, especialmente, se ha convertido en uno de los santos y seña. Pero el tópico nos señala como un pueblo no muy trabajador y más entregado a la fiesta que a la disciplina. Error. Si hay una profesión donde se necesita disciplina, esa es la danza, y muy especialmente la danza clásica. Y España puede presumir de contar con una de las mejores selecciones nacionales de ballet aunque, desgraciadamente, pocos de sus componentes juegan en casa, porque aquí no hay apenas equipos (léase compañías de danza).

Aunque con el precedente de la legendaria Rosita Mauri, catalana que fue estrella del Ballet de la Ópera de París a finales del siglo XIX, la maestra aragonesa María de Ávila fue la primera «exportadora» de talento. De las aulas de su escuela de Zaragoza salieron artistas como Ana Laguna, que fue durante años la estrella de la compañía sueca Cullberg Ballet, una punta de lanza en Europa de la danza contemporánea, y Víctor Ullate, figura del Ballet del Siglo XX, compañía en la que también triunfó otra alumna de María de Ávila, Carmen Roche, ahora una de las más reconocidas maestras de ballet de nuestro país. También hay que citar, en esta etapa, a Luis Fuente, que brilló en el Joffrey Ballet neoyorquino.

En la década de los ochenta del pasado siglo surgió una nueva generación en la escuela zaragozana que, con el nombramiento de María de Ávila como directora del Ballet Nacional de España (hoy Compañía Nacional de Danza), pasaron por el escaparate de Madrid antes de emigrar: Trinidad Sevillano, que hizo una brillante carrera en el London Festival Ballet (hoy English National Ballet) de Peter Schaufuss y en el Boston Ballet; Arantxa Argüelles, que fue primera bailarina del Ballet de la Ópera de Berlín y después del Royal Danish Ballet; Antonio Castilla, que militó en el San Francisco Ballet; o Amaya Iglesias, del Ballet de Nancy. Se pueden citar otros nombres que en esa década formaban parte de compañías extranjeras: Trinidad Vives (Cincinnatti Ballet), José Cruz (American Ballet Theatre), Nacho Duato (Nederlands Dans Theatre), José Cruz (American Ballet Theatre)...

En 1988 (este año cumple sus bodas de oro) nació el Ballet de Víctor Ullate. Por sus filas pasaron varias generaciones de brillantes bailarines, que, tarde o temprano, buscaron desarrollar en el extranjero una carrera que no podían seguir aquí. Tamara Rojo es, probablemente, la bailarina española más relevante de los últimos años. Tras ganar el concurso de París, se marchó al Scottish Ballet y de allí al English National Ballet, con sede en Londres. En 2000 fue fichada por el Royal Ballet como primera bailarina, y el pasado año fue nombrada directora artística del English National Ballet. Ayer, precisamente, presentó el primer espectáculo creado por ella y titulado «Éxtasis y muerte».

En dos de las más grandes compañías del mundo, el American Ballet Theatre, en Nueva York, y el Ballet de la Ópera de París, militaron respectivamente Ángel Corella, una estrella en EE.UU. -llegó a aparecer en el programa de los Muppets, prueba de su popularidad-, y José Carlos Martínez (formado fundamentalmente en Francia), que llegó a la máxima categoría en la compañía, étoile, y ahora dirige la Compañía Nacional de Danza.

Más bailarines formados con Víctor Ullate que triunfan o han triunfado en grandes compañías de ballet de todo el mundo. María Giménez dejó España para bailar junto a Roland Petit en el Ballet Nacional de Marsella. Lucía Lacarra pasó también por el conjunto que dirige Petit antes de formar parte de compañías como el Ballet de San Francisco y el Ballet de la Ópera de Múnich. Igor Yebra desarrolla una carrera internacional como invitado en diversas compañías, especialmente el Ballet de la Ópera de Burdeos y el Ballet de la Ópera de Roma. Carlos López ha formado parte del American Ballet Theatre, y ahora actúa también como solista invitado. Rut Miró y Víctor Jiménez estuvieron en el Ballet de Lausanne tras dejar a Ullate. Joaquín de Luz estuvo también en ABT y ahora forma parte del NY City Ballet. Y fuera del ámbito de esta escuela, cabría destacar a Laura Hormigón y Óscar Torrado (Ballet Nacional de Cuba) y Goyo Montero (Ballet de la Ópera de Berlín).

Alicia Amatriaín, donostiarra, es primera bailarina en el prestigioso Ballet de Stuttgart, y encabeza una larguísima nómina de «artistas españoles por el mundo», de la que aquí se ofrece una muestra: Laura Morera, Zenaida Yanowski, Ricardo Cervera e Itziar Mendizábal (Royal Ballet, Londres); Antonio Carmena y Gonzalo García (New York City Ballet), Jaime García Castilla, Rubén Martín y Clara Blanco (San Francisco Ballet), Yuri Yanowski (Boston Ballet), Sergio Torrado -que interpretaba a Rothbart en la película «Cisne Negro»- (Pennsylvania Ballet); Esteban Berlanga, Adela Ramírez, Daniel Kraus y Juan Rodríguez (English National Ballet), Elisabet Ros, Íker Murillo, Héctor Navarro y Javier Casado Suárez (Béjart Ballet Lausanne), Jorge Nozal y Luisa María Arias (Nederlands Dans Theater). No es una lista exhaustiva, pero sí son una muestra de la calidad de nuestros bailarines y de su presencia en las mejores compañías del mundo.

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