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El FBI espió treinta años a Luis Buñuel

Día 17/02/2013
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Desde 1940 hasta 1971, el director de cine fue vigilado con lupa en treinta y un informes

El FBI espió treinta años a Luis Buñuel
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Una imagen de Luis Buñuel en Nueva York en los años 40

Luis Buñuel fue seguido por el FBI, su correo fue intervenido e investigaron a todas sus amistades izquierdistas en Estados Unidos. El 23 de mayo de 1988, la agencia desclasificó todos los documentos relacionados con la vigilancia a la que Luis Buñuel estuvo sometido no sólo durante los años en que residió en Nueva York y Los Ángeles (1938-1946), sino después, pues siempre que solicitaba un visado para visitar EE.UU., se requería la aprobación de ese organismo que dirigió Edgar Hoover desde 1924 hasta la Presidencia de Richard Nixon. Este dossier de Buñuel, que era desconocido, abarca desde 1941 hasta 1971 y contiene, al menos, 31 informes de vigilancia, así como peticiones y resoluciones, algunas firmadas por su todopoderoso y temible gran jefe. Aunque no se le consideraba como un sujeto peligroso, la lupa del FBI escrutaba a su círculo de amistades, muy en especial, al profesor, poeta y narrador gallego José Rubia Barcia, un amigo entrañable y colaborador del cineasta, a quien se identifica a pesar de que los demás nombres están borrados de estos documentos.

El primero de ellos está fechado el 1 de diciembre de 1941. Buñuel residía en Nueva York -pues había sido contratado como montador y documentalista por la Filmoteca del Museo de Arte Moderno- y había solicitado el permiso de residencia, que le fue denegado y que él recurrió. El Comité de Revisión de la Junta de Apelaciones le da la razón, algo que disgusta al mismísimo Hoover, pues remitió un memorándum a «Mr. Alden» en el que criticaba al representante del United States Information Service que votó su aprobación porque «el demandante declara no haber tenido afiliaciones políticas previas o posteriores a la Revolución española (…) y que no es un comunista. En otras palabras, sin tener en cuenta sus muy cercanas vinculaciones, así como su conexión con el Gobierno de la República, el representante de la U.S.I.S. creyó que la palabra del apelante era más fuerte y convincente -ironiza Hoover- que otros factores. Aparentemente, la Junta compartió esa postura, pues también aprobó la apelación sin escribir ni una opinión».

Agente muy eficaz

El FBI no volvió a interesarse por él hasta 1945, dos años después de que tuviera que renunciar a su puesto en el MoMA tras el infame incidente con Dalí. El agente especial R. B. Hood, a cargo de la oficina de Los Ángeles, se tomó muy en serio investigar a Buñuel, por entonces jefe de los dobladores de películas al español de la Warner, y a sus amigos: envía siete informes a Hoover durante ese año y otros ocho en 1946. El 31 de julio de 1945, el «confidente A» acusa al cineasta de querer viajar a Moscú para «estudiar la situación y lograr que se le comisione indefinidamente en los países ocupados»; y de que está «enteramente vinculado con izquierdistas en el mundo latinoamericano» y, aun antes, con el «Gobierno socialista-comunista de León Blum en Francia». También implica a Barcia y dice que «emigró a La Habana para escapar de Franco, donde vivió cuatro años»; que luego «entró en EE.UU. por Miami el 3/8/43»; que estuvo «nueve meses en la Universidad de Princetown»; que más tarde colaboró «durante nueve meses en la Oficina de Información de Guerra»; y que desde el 20/7/44 «trabaja para el Departamento de Doblaje al español de la Warner», datos curriculares que informes posteriores amplían y detallan.

Asimismo, señala la edad, peso, talla, color de pelo y domicilio de Buñuel y Barcia, les califica de «apátridas» y da, como señas particulares de Buñuel, que «cojea y a veces usa muletas porque sufre de reumatismo» (ciática). El confidente A, supuesto amigo del cineasta, también afirma que éste le «atacó por defender el sistema democrático y capitalista de EE.UU.». En ese mismo informe se delata a otras dos personas, imposibles de identificar. Una, «descendiente de una familia aristocrática rusa, sin embargo simpatizante del Soviet», de quien un «confidente B» aporta sus señas particulares; y la otra, irrelevante. Un tercer confidente señala que Buñuel «tiene una cicatriz en el dedo índice izquierdo».

Sin embargo, un informe posterior del 22/10/45 revela, a través del confidente C, la animosidad de los confidentes A y B contra Buñuel y Barcia, pues «B perdió su empleo en Warner debido a las acusaciones que les dirigió por razones políticas» y a una «pelea a puñetazos» disputada con uno de ellos; reconoce que Buñuel «jamás reclutó a nadie para ir a Moscú», y que las «manifestaciones antisemitas» que se les achacan «son inconsistentes».

Hoover interviene

La persecución arrecia. El 22 de octubre y el 21 de noviembre de 1945, el agente Hood solicita a Hoover intervenir la correspondencia de Buñuel, Barcia y otros; lo que éste concede personalmente el 28 de febrero de 1946. Hood pide una prórroga de otros treinta días, y Hoover se la concede el 11 de marzo… ¡por 60 días! Siguen los informes. El 19 de marzo, una confidente asegura que Buñuel y otro -nombre borrado, quizá Barcia- asistieron a la proyección de la película «Hotel Berlín» y que el segundo había manifestado que «era propaganda americana y que Alemania jamás habría cometido semejantes atrocidades»; a renglón seguido afirma que los dos «esperan que Franco sea derrocado para poder regresar a su país»; y luego declara que «aunque son muy antiamericanos», está «confusa», porque le parece que unas veces son «pro-alemanes y otras pro-rusos». Después, la vigilancia se relaja pero, en 1947, cuando el aragonés ya había emprendido su carrera en México, el FBI seguirá investigándole y relacionándole con refugiados españoles a los que se califica de prosoviéticos.

Doce años después

Tendrán que pasar doce años para que el cineasta llame nuevamente la atención del FBI, cuando vuelve a pisar territorio norteamericano en 1959: dos memorandos recogen, uno, su llegada a Nueva York el 22 de septiembre de 1959; y otro, certifica su llegada el 28 de octubre de 1960. En 1967 vuelve a viajar para asistir a un homenaje que le brinda el MoMA, y se ve obligado a comunicar un pequeño cambio en su plan de viaje. Uno de los informes denuncia su apoyo a la reunión Comité Mundial por la Paz, celebrada en Estocolmo ¡en 1950! y considerada por el FBI como «la más grande ofensiva psicológica mundial jamás realizada» y «una cortina de humo» previa a la «agresión comunista contra Corea del Sur», pues tuvo lugar tres meses antes de que ocurriera.

En fin, aún se le autorizan a Buñuel otros dos visados de entrada: uno en 1968 y otro en 1971 para un viaje en abril de 1972. Y cesa la vigilancia. En 1973, la Academia de Hollywood le concede el Oscar a la Mejor Película de habla no inglesa por «El discreto encanto de la burguesía».

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