Los «paraísos perdidos» son al cine de pasiones y compasiones lo que el Monument Valley al western. De eso quiere hablar «After», aunque su noción del «paraíso» sea el total y absoluto abandono de sí mismo, de sus deberes, sus pulsos vitales y sus circunstancias. El mecanismo argumental es ingenioso: tres amigos, dos hombres y una mujer, durante una noche de enloquecida farra (drogas, sexo, peleas, «modernuquis»...), aderezada con unos explicativos «flash-back» del día a día de cada uno (soledad, depresión, fracaso...) visto por ojos realmente desesperanzados.
Alberto Rodríguez mantiene aquí el pulso insolente y provocador de «7 vírgenes», y la misma mirada compasiva hacia sus personajes resecos, agostados. También exprime a sus actores como una de esas licuadoras que le sacan jugo a un polvorón: Tristán Ulloa y Guillermo Toledo, han de graduar su interpretación (en ralidad, «su colocón») hasta caerse por el despeñadero, y Blanca Romero sabe, además de graduarse el «colocón», mantener una compleja doblez moral. Por eso es tan triste esta película, porque el «paraíso» además de perdido era una mierda.
|