MIQUEL ROCA SE QUITA LA MÁSCARA

MIQUEL ROCA SE QUITA LA MÁSCARA

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La temeraria embestida de Roca contra el orden constitucional es más sangrante si se tiene en cuenta que es el responsable principal de la defensa de la Infanta Doña Cristina

CUANDO algunos gestos parecían indicar que las relaciones entre el Gobierno central y la Generalitat catalana comenzaban a distenderse, Miquel Roca ha puesto un inesperado contrapunto de crispación. Quien fuera uno de los «padres» de la Constitución y supuesto representante del nacionalismo moderado, ha protagonizado en la Comisión por el Derecho a Decidir, esa feria separatista montada por Artur Mas en el Parlamento catalán, una virulenta diatriba contra el ordenamiento jurídico del Estado. Roca atacó al Tribunal Constitucional por su sentencia sobre el Estatuto catalán de 2006, reclamó la condición de nación para Cataluña, defendió la legalidad de la consulta separatista y declaró agotado el modelo territorial de la Constitución.

Si ya resulta difícil de aceptar semejante discurso en boca de cualquier nacionalista catalán, por lo que tiene de falsario e injusto con una Constitución que ha dado a Cataluña el mayor autogobierno de su historia y muy por encima de modelos federales europeos, tal discurso se hace aún más inaceptable cuando lo pronuncia un político que debería saber mejor que nadie cuánto costó forjar el consenso constitucional y cuánto se cedió en la Transición para que los nacionalismos vasco y catalán monopolizaran la vida política y social en sus respectivas comunidades autónomas a cambio de la paz territorial. En los políticos de nueva generación –y de quinta categoría– podría entenderse semejante ejercicio de ignorancia histórica y temeridad política. Pero no en Miquel Roca, a quien siempre le vino muy bien, dentro y fuera de la actividad política, representar al ala moderada del nacionalismo catalán, esa versión conciliadora y pactista que es la corresponsable del modelo constitucional contra el que el veterano nacionalista lanza ahora sus denuestos. Porque nada importante se ha hecho en España sin contar con los nacionalistas catalanes, hasta que los nacionalistas catalanes han dejado de contar con España.

Pero aún es más sangrante la temeraria embestida de Roca contra el orden constitucional si se tiene en cuenta que actualmente es el responsable principal de la defensa de la Infanta Doña Cristina en el caso Nóos, instruido por el juez Castro en Palma de Mallorca. Ya que Roca ha lanzado una enmienda a la totalidad de la Constitución, debe ser coherente hasta sus últimas consecuencias, porque la Corona representa la unidad y permanencia del Estado por mandato de la Constitución. Roca tiene que elegir o le tienen que hacer elegir: atizar el separatismo o ser el discreto y prudente abogado de una Infanta de España.