EFE

«Tu puta noche de locura es mi destrucción»: El atroz testimonio de una mujer violada en sanfermines

Víctimas de la violencia sexual relataron sus experiencias ante el Congreso de los Diputados

BilbaoActualizado:

«Confiaba en ellos, eran mis amigos. No lo entiendo». Quien habla es Estela Grande, víctima de una violación en sanfermines. Un suceso que marcó su vida para siempre y que quiso relatar ante el Congreso para dar voz a todas las mujeres que han sufrido la violencia sexual.

Su determinación ante la Cámara contrasta con las dudas que la abrumaron la noche del crimen: «¿Lo cuento? No me van a creer –pensó–. ¿Ha sido mi culpa? Claro que no, yo no quería. ¿Por qué me he sentado en ese banco con esa gente?

Más interrogantes. «¿Podría haber hecho algo por evitarlo? ¿Tendría que haber ejercido más resistencia?». Finalmente, cayó en la cuenta de que eso hubiese sido imposible: «Ni siquiera me salía la voz, solo intentaba respirar».

La incertidumbre dio paso al terror. Tras ser violada, Grande temió volver a encontrarse con sus agresores en su portal: «Quiero llegar a casa y limpiarme, me doy asco», afirmó. También pasó por su cabeza la posibilidad de que se hubiese quedado embarazada, o que le contagiaran alguna enfermedad: «Pero a lo que más miedo tengo es a darme cuenta de que esto es real».

El siguiente paso fue determinar qué hacer. A su madre no se lo quería decir: «Pobre, no puedo hacerle esto», pensó. Finalmente se decantó por acudir a una comisaría, aunque quiso que fuese una mujer la que recogiera su testimonio: «No quiero estar con ningún hombre. Quiero ir al hospital, pero no sé qué me van a hacer. Vuelvo a sentirme sucia, solo quiero limpiarme».

«Ojalá pudiera echar marcha atrás y no haber salido hoy. Y ojalá ellos no me hubieran tocado», sentenció.

«Que pase ya, que pase ya»

Grande corrió la misma suerte que Carlota Álvarez, una joven que sufrió una violación múltiple en las mismas fiestas: «Voy camino a casa, estoy cansada y decido irme –contó ante la Cámara Baja–. Me siento en un banco donde hay un conocido». A él se le unieron tres individuos más que comenzaron a planear el crimen.

La metieron en un callejón. Cuando se dio cuenta de lo que iba a pasar, se le «heló el cuerpo». Su único deseo es que se acabara cuanto antes: «Que pase ya, que pase ya». El tiempo, sin embargo, «no pasa». Se ríen de ella, le hace fotografías, la graban. «Su poder es mi condena».

«Tengo frío, tengo calor, tiemblo, no me controlo. Me tuvo en un banco, me acurruco y cierro los ojos. Que no haya pasado, que no haya pasado». Pero nunca más podrá despertar de la pesadilla: «Tu puta noche de locura ha sido mi destrucción».

Dos testimonios que sirvieron para dar voz a todas las víctimas de violaciones. El pasado viernes, el Tribunal de Mujeres contra las violencias machistas «condenó» al Estado por ambos casos, así como los de otras personas como Ángela González o Juana Rivas.