El activista contra el racismo Moha Gerehou
El activista contra el racismo Moha Gerehou

Moha Gerehou: «España sigue siendo un país racista»

Pese a ser español. este activista de SOS Racismo admite haber sufrido diversos ataques xenófobos a lo largo de su vida

MadridActualizado:

Desde el ventanal del apartamento de Moha Gerehou, voluntario de SOS Racismo, se puede apreciar el multiculturalismo que gobierna actualmente en La Latina. Este bullicioso barrio de la almendra central cobija a una cuarta parte de los casi 900.000 inmigrantes que residen actualmente en Madrid. La pacífica convivencia que existe entre sus vecinos es el mejor ejemplo para aquellos que anhelan el encaje de la población extranjera en la sociedad. Pese a que es consciente de la creciente sensibilización de los españoles ante la exclusión étnica, Gerehou cree que aún hay mucho que hacer.

¿Qué es SOS Racismo?

SOS Racismo se centra, a grandes rasgos, en la denuncia del racismo en la sociedad. Nació en 1992 en Madrid, aunque viene de una pata de su organismo en Francia. Está centrado sobre todo en visibilizar y denunciar los casos de xenofobia.

¿Cuál es tu trabajo en la organización?

Nosotros nos dividimos en comisiones, y yo estoy en la de comunicación. Hay otras comisiones, como la jurídica, la de sensibilización, la de extrema derecha… Luego hay otras más pequeñas que están dedicadas a menores y a atención psicosocial.

¿Cómo os financiáis?

SOS Racismo no recibe subvenciones de ningún tipo. La financiación que tenemos es de donaciones de la gente y de los socios. Cada uno lo que pueda, porque les gusta nuestra labor y quieren ayudarnos.

¿Nunca habéis tenido ninguna subvención?

Alguna vez hemos pedido alguna para proyectos concretos, pero hace por lo menos tres años que no lo hacemos.

¿Cual es el perfil del voluntario de SOS Racismo?

Obviamente, sobre todo tienen voluntad de luchar contra el racismo. La mayoría de la gente es española y blanca, pero también hay gente negra, asiática… Últimamente estamos intentando incidir en eso, en que haya cada vez más gente que puedan sufrir de forma potencial la xenofobia.

¿Cómo ha ayudado el grupo a la lucha contra el racismo?

Nuestra labor consiste principalmente en sensibilizar. Ahora estamos con la discriminación de los menores en el ámbito futbolístico, que afecta sobre todo a los grandes equipos. Una ley que afecta a los chavales de barrio, que no pueden jugar por el tráfico de niños que pueda haber en el Barça o el Madrid y que solo perjudica a niños inmigrantes, no a niños españoles. Estamos ahí luchando para cambiarlo. Todavía no hemos conseguido mucho, pero lo estamos intentando. Ya hemos hablado con el Consejo Superior de Deportes. Nuestra labor es impulsar, aunque muchas veces no consigamos nada.

¿Notáis que vuestro mensaje es absorbido por la ciudadanía?

Yo creo que sí, sobre todo en las redes sociales. De hecho, creo que hay como una polarización. Hay gente que en los últimos años se ha radicalizado más con los discursos racistas. Que dicen «putos moros» cuando lo de los atentados de Bélgica y tal. Y luego hay otra corriente de gente que dice que eso es islamofobia. Cada vez hay más gente que es capaz de identificar el racismo, y algo de culpa seguro que tenemos.

¿Preocupa que España se radicalice?

Institucionalmente tenemos la suerte de que no hay ningún partido de extrema derecha fuerte, y toco madera. En Europa es diferente. En Francia, está Le Pen, la UKIP en Gran Bretaña o Amanecer Dorado en Grecia. Aquí, por suerte, no hay de momento ningún partido fuerte. En ese sentido estamos mejor que fuera. Pero España lleva recibiendo inmigración desde hace relativamente poco, y no es habitual ver a un español negro, o un español con rasgos árabes o chinos. Y eso se traduce en que llega la policía, ve que eres negro y ya sospecha. Eso en Francia no ocurre tanto porque hay segundas, terceras, cuartas generaciones de franceses negros y árabes. En ese sentido tal vez estemos peor.

¿España es racista?

En mi opinión, sí. Racismo hay, en los medios, en las películas… Una persona puede venir y decir: «Mira que sucio vas, pareces un gitano». Puede no tener mala intención, y puede que no lo sepa, pero está reproduciendo una expresión racista. Lo que está claro es que, en la medida de lo posible, hay que dejar de decirlo. ¿España es un país racista? Pues yo diría que sí, lo sigue siendo.

¿Qué son los microrracismos?

Son los casos de racismo de vertiente más social. Los que están anclados en estereotipos y prejuicios, que se reproducen en muchos aspectos de la sociedad y que muchas veces no nos damos cuenta. Como cuando en el titular de una noticia dicen: «Una pelea de dominicanos deja cinco heridos». ¿Y si esas personas fueran de Albacete dirían que son una banda de albaceteños? O por ejemplo en una película, que siempre el negro es el que vende droga o el que va disparando, o el que es pobre. Lo que intentamos es visibilizar estos casos para que la gente sea capaz de darse cuenta.

¿Te has sentido atacado alguna vez por ser negro?

Sí. Desde pequeño hasta en la universidad. En Huesca, si íbamos a jugar al fútbol, a lo mejor la gente que iba a vernos empezaba a gritarme «negro, negro». También en las discotecas, que algunas veces no me han dejado pasar por ser negro. Un compañero me llegó a preguntar si cuando nos duchamos nos desteñimos. Es un continuo, vives con ello. No te vas a librar.

¿Te acostumbras?

Por desgracia, sí.

¿Representan un problema los refugiados para España?

No. Hay muchas creencias, como que te vienen a quitar el trabajo. Si un refugiado me quita el trabajo es porque es mejor periodista que yo, pero hay gente que se piensa que le van a dar antes un empleo a un extranjero que él. El empresario también piensa que, contratando a un refugiado, va a conseguir pagarle menos. Entonces, ¿de quién es la culpa?

Luego están los falsos bulos, como que entre los refugiados llegan terroristas. Esa gente no sabe que el 80% de los inmigrantes ilegales vienen a España por avión, con su visado de turista y que al final se quedan. Pero a la gente se le hace creer que la inmigración viene toda por la valle de melilla, y eso supone solo el 1%.

¿Qué se puede hacer para crear una sociedad menos racista?

En SOS Racismo se ha venido proponiendo una ley contra la discriminación. Que haya un organismo efectivo para que las personas que sufran racismo puedan denunciarlo allí. Algunos están en situación irregular y no pueden denuciarlo, porque tienen miedo de que los devuelvan a su país. Hay que encontrar una ley que sea efectiva y que solucione este problema. Habilitar un número para que la gente llame.

Además, apoyamos al colectivo Asociación Sin Papeles de Madrid, que tiene una campaña que se llama «Papeles por derecho», que pide que el tema de los papeles no vaya ligado al contrato de trabajo, porque creemos que así se mercantiliza la vida. Se han dado casos de gente que lleva aquí diez años, por ejemplo, de los cuales ha estado trabajando ocho. Pero de repente se quedan sin trabajo y se quedaron sin documentación, y los enviaron a su país en tres días. Aunque llevaran aquí diez años. De la noche a la mañana, pasan de tener la vida hecha aquí, con hijos y mujer, a tener que volver a su país. Tampoco pedimos que le den la nacionalidad, sino de que le den un permiso de residencia para que pedan acceder a los servicios básicos y permitan vivir con cierta seguridad.

¿Ha mejorado la situación en los últimos años?

La gente está más sensibilizada, y por tanto se debería denunciar más. Sin embargo, las denuncias se han reducido por varios motivos. Primero, porque no hay mecanismos efectivos; otro es que algunos no están seguros de que puedan denunciar; y, por último, porque mucha gente inmigrante se ha ido a otros países en busca de trabajo. Que bajen las denuncias no significa que haya menos. Pasa como con la violencia de género. En Suecia se denuncian muchos más casos de violencia machista. ¿Eso quiere decir que haya más machismo que en España? No, sino que allí están más concienciados y son capaces de identificar el machismo. Con el racismo pasa igual.