COMO AGUA BENDITA
TRIBUNA ABIERTA

COMO AGUA BENDITA

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Agua. Breve palabra que tiene eco infinito. Vital. Sin agua no hay vida. Palabra sagrada. Agua bendita. Agua caída del Cielo. Está en muchos de dichos y proverbios populares. Agua nieve. Agua, vaya por el río. Las aguas siempre vuelven a su cauce. Agua. Necesidad social. Y solidaridad. Jamás debería ser disputa política. Abundan testimonios de agua clara: Rafael Altamira, Indalecio Prieto y Joaquín Costa. Los tres compartieron inquietudes por el agua.

Pero, antes estuvo José Moñino, Conde de Floridablanca (Murcia, 1728 – Sevilla 1808). Impulsor y realizador de la política de canales y obras públicas en tiempos de Carlos III. Fue el primer Secretario de Estado (1776-1792). Y a su celo se debe el Canal Imperial de Aragón, que nunca llegó a su destino, ni la idea de navegar por el Ebro, en todo su longitud, pudo cristalizar. Si bien llevó el agua del Ebro hasta Zaragoza y mejoró los riegos.

Tenemos que dar gracias al cielo por tanta agua caída en pasados días. Pero, es una pena que España no tenga más pantanos y embalses. Estamos en vacas gordas; pero es ahora cuando hay que hacer campaña para guardar, como oro en paño, este regalo del agua.

Rafael Altamira, profesor, historiador y jurista (Alicante 1866 - Méjico 1951). Luchó, sobre todo, con la pluma y la palabra, para saciar la sed de agua con la política hidráulica, pidiendo que se encauzaran y sujetaran las aguas de los ríos para que no se pierdan en el mar. «La traída de agua, con canales y trasvases, puede cambiar la vida, el paisaje y la realidad económica en muchas zonas de España».

Joaquín Costa, político y escritor (Monzón, 1846 - Graus 1911), también se pronunció en parecidos términos. El problema de los riegos es una obra de utilidad social. Y, poéticamente, veía la nieve en la montaña trasformada en harina en las casas del llano. Aguas que nunca deben de perderse en los abismos de los mares. «En ese raudal bullicioso de los ríos yo veo – decía Costa – el simple derretimiento de aquellas montañas de nieve que en la primavera contempláis tan grandiosas y tan bellas. Veo en él – río Ebro – como un tren de vagones sin fin, cargados con todo linaje de riquezas, que llama a las puertas de todas las casas brindándolas hartura y descanso; tenéis frío, y el río es lana para cubriros; tenéis sed, y el río es sandías y melones, es tomates, es pepinos, es peras, melocotones y fresas…»

Indalecio Prieto (Oviedo, 1883, Méjico, 1962). Político y periodista. Desde 1918 Diputado del PSOE, y en la Segunda República, en el Gobierno de Manuel Azaña, fue Ministro de Hacienda (1931). Y siéndolo de Obras públicas (1931-1933), dijo: «Esta no es obra (los trasvases) a realizar en el periodo brevísimo de días, ni de meses; es obra de años, para la cual se necesita asistencia de quienes hoy gobiernan, de quienes están en la oposición, de quienes sirven al régimen republicano y, oídlo bien, de quienes están en contra de él. Porque quienes, por patrocinar el régimen republicano una empresa de esta naturaleza le negaran su asistencia y auxilio, serían no enemigos del régimen, sino miserables traidores a España» (Alicante, 1933).

Ríos de tinta corrieron no ha mucho en los medios de comunicación sobre la derogación del Plan Hidrológico Nacional. La idea de un trasvase Ebro-Segura fue de Manuel Lorenzo Pardo, que consistía en «la aportación de recursos para garantizar tanto la consolidación como el desarrollo agrícola en Levante y Sureste para saciar la sed de parte de los campos y pueblos España» (año 1933). Y la prosiguió Félix de los Ríos, de ideología socialista (año 1937).

Pero, lo más importante es que el agua, por ser de Dominio Público, es de todos. En España, existen cuencas excedentarias y otras deficitarias, por lo que la regulación, su ordenación y los trasvases se convierten, por solidaridad, en necesarias. Y es ahora, que el agua abunda, cuando los políticos deberían ponerse de acuerdo para realizar pantanos y presas. Hay mucha gente en paro, y estas obras lo mitigarían. Recordemos el ejemplo de un andaluz ilustre, el Emperador Trajano (Itálica, 53 – Selimonte, 117), el pacificador, que con más paro que ahora, lo redujo realizando obras públicas, vías, puertos, y hasta bibliotecas.

Confiemos en que la razón de Estado se imponga, y que las discusiones políticas sobre los trasvases y pantanos, que siempre afloran, «queden en un vaso de agua». En este asunto, los políticos, deben evitar «estar o nadar entre dos aguas»; y no «bañarse en agua de rosas». Además, nadie debería «llevarse el gato al agua». Trasvases y pantanos esperan, «como agua de mayo», los campos y pueblos sedientos, sobre todo los del Sureste de España. Ya vendrán las vacas flacas. Pero no perdamos la Esperanza. ¡Duc in altum!

*Francisco Rico Pérez es profesor Emérito de la Universidad Complutense y colaborador de ABC