Exposición «Miguel Herrero, Raíces y Esencias», que se puede ver en el Museo de la Merced de Ciudad Real hasta marzo
Exposición «Miguel Herrero, Raíces y Esencias», que se puede ver en el Museo de la Merced de Ciudad Real hasta marzo - M. CIEZA

Miguel Herrero, el pintor ecléctico

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Etiquetar la obra de Miguel Herrero (Madrid 1922-Córdoba 1994) es difícil. Bebió de muchas fuentes, se codeó con grandes artistas tanto de España como de Francia y evolucionó desde la inquietud hasta suavizar su alma, sin perder nunca su necesidad de conocimiento. El madrileño, al que el escritor Francisco Umbral definió como «el Leonardo de los sesenta» fue un pintor ecléctico, único y particular.

El Museo de la Merced de Ciudad Real, en Castilla-La Mancha, acoge hasta el próximo mes de marzo una retrospectiva con 44 obras de Miguel Herrero, más algunos bocetos originales de la película «Mara» que rodó en Tenerife en 1959 y estrenó en Madrid en 1961, en un cine de la Gran Vía. Una exposición que bajo el título «Miguel Herrero, Raíces y Esencias» pretende homenajear a uno de los artistas más prolíficos de España, contemporáneo y amigo de Picasso y Dalí, cuando se acaban de cumplir 20 años de su fallecimiento.

La muestra, cuenta su hijo y comisario de la exposición, Iván Herrero, es fruto del intenso trabajo realizado por la familia para reunir parte de la obra más representativa del pintor, dispersa por todo el mundo. Recorrerla supone acompañar al autor en su recorrido vital como creador, muy marcado por los acontecimientos históricos del momento.

El espectador puede seguir su trayectoria cronológica a través de cuatro etapas claramente diferenciadas. La primera de ellas, más oscura y costumbrista, la de la posguerra, con predominio del color ocre con cuadros representativos como La Navidad, El Mercado o Las Castañeras.

De sus viajes a París, Herrero se trajo la admiración por el trabajo del fauvista y expresionista Georges Rouault. Su influencia es evidente en su evolución hacia una obra en la que busca la radiografía del ser. Una pintura psicológica en la que intenta captar las vísceras del personaje.

En los 70 el pintor madrileño incorpora colores más vivos y se interesa por el tema de la fecundidad para finalmente, en su última época, avanzar hacia un expresivismo que, para Iván Herrero, no llega a ser abstracción. «Es un sintetismo con una pincelada más suelta y más rápida pero que sintetiza un lenguaje muy certero del movimiento», opina.

Miguel Herrero tuvo durante su vida creativa una temática recurrente. Apasionado de los toros y flamencólogo hasta la médula (asiduo de El Corral de la Morería en Madrid), los pescadores, con los que representaba el origen de la vida, o los gallos, como metáfora del ego humano, son algunas de sus figuras habituales.

Veinte años después de su fallecimiento, la familia Herrero, especialmente su hijo Iván y su viuda, la también pintora África Llanos, se han empeñado en rescatar el legado del que fuera pintor de moda en el Madrid de los 60; su presencia garantizaba el éxito de público, solo superado por las «mostras» monstruo de Picasso.

«Miguel Herrero: Raíces y Esencias» se puede visitar en el museo ciudadrealeño desde el 5 de febrero. Una cita ineludible para entender a una de las figuras clave del arte del siglo XX español.

El Museo de la Merced de Ciudad Real, en Castilla-La Mancha, acoge hasta el próximo mes de marzo una retrospectiva con 44 obras de Miguel Herrero, más algunos bocetos originales de la película «Mara» que rodó en Tenerife en 1959 y estrenó en Madrid en 1961