La dama de Shallot, de John William Waterhouse. La enfermedad fue fuente de inspiración para numerosas obras románticas
La dama de Shallot, de John William Waterhouse. La enfermedad fue fuente de inspiración para numerosas obras románticas - TATE IMAGES

La tisis, la elegante y melancólica enfermedad de los artistas

El carácter incurable y caprichoso de la tuberculosis propició que se rodeara de un aura romántico

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La presencia de manchas delatoras de sangre en pañuelos, la palidez sepulcral, las sempiternas noches febriles y la sofocación agobiante que constreñía la respiración fueron las señas de identidad de la tuberculosis. La enfermedad infecciosa que devastó el Viejo Continente entre los siglos XVII y XIX.

Mycobacterium tuberculosis, el agente responsable de la infección, estaba predestinado a ocupar un lugar destacado en la historia de la medicina. Por una parte, los orígenes de la enfermedad se pierden en la noche de los tiempos, por otra la primera descripción de la misma se la debemos a Hipócrates, allá por el siglo V a.C.

El germen es un bacilo –«bastoncillo» en latín- que tiene el honor de ser el primer microorganismo infeccioso señalado como causa inequívoca de una enfermedad. Su descubrimiento abrió el campo de la microbiología.

Una enfermedad bohemia

La tuberculosis fue también conocida como tisis, plaga blanca, el príncipe de la muerte o la enfermedad de los artistas. El aspecto volátil y casi fantasmal –provocado por la palidez de los enfermos- propició que fuese considerada como una enfermedad elegante.

Las grandes heroínas de las novelas, prototipos de espíritus sensibles y talentosos, morían atormentadas por incontrolables fiebres, que afligían su conciencia y avivaban un profundo estado de melancolía.

De esta forma, la infección se convirtió en sinónimo de misterio, sensibilidad, creatividad y vida bohemia. En determinados círculos, donde se entremezclaban literatos, escultores, pintores, músicos y prostitutas, y donde fluía a raudales el opio, el sexo, el alcohol, era el escenario propicio para la aparición de la consunción.

De forma paralela la enfermedad fue para muchos un medio de expresión creadora y padecerla era una forma bella de morir. Entre la nómina de artistas que sufrieron sus consecuencias se encuentran Chopin, Chéjov, Bécquer, John Keats o Schiller.

La enfermedad de las heroínas

Por otra parte, la tisis es una de las enfermedades que más se menciona en la ópera. Las dos grandes obras en las que se aborda la enfermedad son «La Boheme», de Giacomo Puccini (1858-1924), y «La Traviata», de Giuseppe Verdi (1813-1901).

En «La Boheme» una modistilla –Mimí- de rostro pálido y ojos azules muere en un hospital parisino a consecuencia de la enfermedad, mientras espera infructuosamente las flores de su amado, el poeta Rodolfo.

Violeta Valery –la protagonista de «La Traviata»- es una cortesana que se enamora de un acaudalado hombre a quien tiene que abandonar al conocer su enfermedad. Finalmente, fallecerá en brazos de su amado a consecuencia de la tuberculosis.

Un desenlace similar tiene lugar en «La dama de las Camelias», de Alejandro Dumas hijo (1824-1895), en donde Marguerite Gautier, una joven actriz de vida disoluta, cambia radicalmente de comportamiento para ganarse el amor de Armand Duval. El padre de él, temiendo que se pueda desacreditar el buen nombre, se opone a la relación. Para evitar el un daño irreparable Margueritte se aleja de Armand, y es la combinación de soledad, abandono y enfermedad la que propicia que sucumba de forma prematura al acerado frío de la guadaña.

Cuando en 1882 el científico Robert Koch (1843-1910) descubrió el bacilo que causaba la enfermedad, no podía imaginar que con su descubrimiento provocaba el desvanecimiento de la leyenda. La tisis pasó a denominarse tuberculosis, y se convirtió en abanderada de la pobreza y la insalubridad. Nunca más volvió a disfrutar del estatus de antaño.

M. Jara
- M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.