¿Qué tiene de especial el número 78.557?

No es uno de los trascedentes, como Pi, y parece de lo más vulgar, pero cientos de ordenadores tratan de «derribarlo»

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¿Qué tiene de particular? Ni siquiera es un número primo (78557 = 17 · 4621), que parece que son otras de las “estrellas” numéricas por antonomasia. Ni es capicúa, ni número perfecto, aparentemente un número del montón.

Para averiguarlo, hablemos primero de un matemático polaco, Wacław Sierpinski, curiosamente nacido en el día de pi de 1882 (añoen que Lindemann probó la trascendencia de pi; ¡¡cuánta casualidad!!). Aunque seguramente sólo lo asociemos con el famoso triángulo de Sierpinski, uno de las construcciones fractales más sencillas (ver imagen con su proceso de construcción; otros conjuntos fractales en su honor son la alfombra de Sierpinski y la curva de Sierpinski), lo cierto es que su legado no es nada desdeñable ya que publicó 724 papers de investigación y escribió 50 libros, en campos matemáticos tan diferentes como la teoría de conjuntos, teoría de números, teoría de funciones y topología. Estudió además astronomía y filosofía. Pero no sólo participó en la vida académica. Durante la guerra polaco-soviética (1919–1921), Sierpinski trabajó en la agencia polaca de criptografía, siendo parte decisiva en el descifrado del código soviético que los rusos utilizaban en sus mensajes. Y desempeñó numerosos cargos institucionales en muchos países, fundó revistas científicas, en fin, que desarrolló una actividad científica enorme.

Hacia 1960, Sierpinski establece que existen números enteros positivos impares k tales que el conjunto de los infinitos número son todos compuestos (es decir, no hay ninguno primo). A estos números se les denominó en su honor números de Sierpinski.