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El secreto de las profundidades revelado por un barco de la Segunda Guerra Mundial

El «Virginia», un petrolero estadounidense hundido por un submarino alemán en 1942, se movió 430 metros entre 2004 y 2016. Esto ha mostrado el gran poder de la meteorología para desplazar el fango en el fondo en el Golfo de México

Un petrolero estadounidense «SS Hat Creek» en agosto de 1943 - WIKIPEDIA
G.L.S. Madrid - Actualizado: Guardado en: Ciencia

Enfrente de las costas de Luisiana, Estados Unidos, descansa el «Virginia», un petrolero de 10.000 toneladas hundido el 12 de mayo de 1942. El barco estaba anclado en plena desembocadura del río Misisipi cuando el submarino alemán U-507 se aproximó y disparó tres torpedos. La nave acabó envuelta en llamas y se hundió rápidamente. Murieron 27 de sus tripulantes. En enero de 1943, las cargas de profundidad vengaron al Virginia. Todos los 56 tripulantes del submarino murieron frente a las costas de Cabo San Roque, en Brasil, después del ataque de un hidroavión estadounidense.

Durante 60 años el Virginia ha descansado en el fondo, a unos 200 metros de profundidad. Los corales y los peces han fundado su hogar en las cubiertas y los ventanucos. Su silenciosa silueta ha presenciado el «boom» de la industria petrolera y el gravísimo vertido de BP en el Golfo de México. Ahora, tal como ha informado Sciencemag.org, el viejo buque está ayudando a los arqueólogos y a los geólogos a entender los movimientos del inestable Golfo de México. El «Virginia» ha revelado que los desplazamientos de fango amenazan a pecios de alto valor histórico y la integridad de oleductos y pozos. Y, lo que es más importante, que estos movimientos dependen de huracanes y de la circulación de las masas de aire frío durante el invierno.

Entre 2004 y 2006 el pecio se movió 370 metros a causa de los movimientos del fango
La nave fue descubierta en 2001, cuando el sonar de una compañía petrolera dio con su inconfundible silueta. 16 años después de aquello, los involuntarios y perezosos movimientos del barco, por capricho del océano, han revelado que hasta los pequeños cambios meteorológicos, y no solo los grandes huracanes que sacuden la región, están transformando el fondo del océano a gran velocidad.

Silueta del «Virginia», hundido a 200 metros de profundidad
Silueta del «Virginia», hundido a 200 metros de profundidad- Jason Chaytor/USGS

La nave está en el ojo del huracán. Descansa en una zona donde se depositan los sedimentos del río Misisipi y donde los movimientos de fango son continuos. Estos forman gigantescos lóbulos que se derrumban con el tiempo y se deslizan poco a poco sobre la plataforma continental del Golfo, tal como ha explicado en Sciencemag.org Sam Bentley, geólogo de la Universidad Estatal de Luisiana (LSU), Estados Unidos, que ha estado estudiando el fango de la región desde 2012.

Estos corrimientos tienen dos preocupantes consecuencias. Pueden dejar a los oleductos expuestos y en vilo, y pueden sepultar por completo las infraestructuras petroleras. Ambas cosas podrían provocar roturas y graves catástrofes ecológicas. Por ejemplo, en 2004 el huracán Iván creó fugas cuando un gran deslizamiento de fango creó fugas y dañó 16 pozos petroleros.

De forma totalmente imprevista, el «Virginia» le ha echado una mano a los investigadores, puesto que ha permitido comprender lo rápido que se mueven esos lóbulos de fango. La cifra puede resultar increíble. Por ejemplo, entre 2004 y 2006 el pecio se movió 370 metros. La causa más probable: los huracanes que sacudieron el golfo de México en 2004 y 2005.

El increíble viaje del «Virginia»

Pero, ¿no son los fondos un lugar tranquilo y apacible? Al menos no a 200 metros de profundidad. Allí, se sienten las diferencias de presión generadas por las grandes olas levantadas por las tormentas. Las burbujas de metano que se esconden en los sedimentos se expanden y licúan el fango. Esto genera unos movimientos capaces de arrastrar, por ejemplo, a un barco de 150 metros de largo como el «Virginia».

En 2016, se descubrió que el petrolero se había movido otros 60 metros. Y eso aunque no habían ocurrido huracanes en los últimos años. ¿Qué estaba ocurriendo con el «Virginia»?

Después de estudiar la meteorología de la región y de extraer testigos de sedimentos de hasta nueve metros de largo, Sam Bentley ha concluido que hay otro factor capaz de explicar por qué un barco hundido se mueve tanto, y cómo saber si los pozos petrolíferos y oleoductos están en peligro: las masas de aire frío. El aire que corre en invierno sobre el golfo crea diferencias de presión que arrastran los sedimentos varios metros cada año.

Resulta paradójico, pero esto convierte al viejo petrolero «Virginia» en una amenaza para la industria petrolera. El Buró Federal de Gestión de Energía en el Océano de Estados Unidos (BOEM) ha tenido que crear una zona de seguridad de 300 metros en los alrededores del barco.

El problema es que el Golfo de México no solo está atestado de oleductos y pozos, sino también de barcos hundidos. Por este motivo, Bentley y otros han recomendado hacer un sondeo en profundidad de los pecios y extender los análisis del fondo. 75 años después de su hundimiento, el «Virginia» no solo recuerda un dramático y lamentable episodio de la Segunda Guerra Mundial. También alerta de las consecuencias que puede tener el desarrollo humano sin control.

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