La patata llegó a Europa por primera vez a través de España, en 1560
La patata llegó a Europa por primera vez a través de España, en 1560 - Renoir Gaither/FLICKR

La patata, el «invento del diablo» que acabó con las hambrunas en Prusia y Francia

Se creía que el tubérculo transmitía enfermedades y se desconfiaba de él porque no aparecía en la Biblia. Los monarcas tuvieron que convencer a sus súbditos de las ventajas de cultivarla

MADRIDActualizado:

Una de las hazañas más meritorias de Francisco Pizarro fue descubrir la patata. Este alimento llegó por vez primera a España en 1560, era oriunda de los Andes chilenos y peruanos, y crecía en zonas montañosas en las que no lo hacía el maíz, el principal alimento de los Incas.

Pedro Gargantilla, médico internista y autor de varios libros de divulgación
Pedro Gargantilla, médico internista y autor de varios libros de divulgación- M.Jara

El nuevo producto gastronómico fue presentado al emperador Carlos I e, incluso, algunos ejemplares se enviaron al Papa Julio II, como rareza botánica. De nuestro país la planta se extendió a Portugal, Italia, Francia e Inglaterra, en donde se explotó únicamente como planta ornamental en patios y jardines.

Invento del diablo

La patata pertenece a la familia de las solanáceas, entre las cuales también se encuentra el tomate y el tabaco. Los inicios de este tubérculo en el Viejo Continente no fueron nada fáciles, su apariencia poco agradable y el hecho de que creciera bajo tierra propició que inicialmente fuese rechazada en todos los ámbitos sociales. A esto habría que añadir que la patata no aparece citada en la Biblia y que se le atribuyó una condición demoníaca, ya que se le imputaba la transmisión de algunas enfermedades como la lepra o la tuberculosis.

Algunos científicos la clasificaron como una anomalía botánica, de hecho en Francia y en algunas zonas de Bélgica y Holanda se la denomina como «manzanas de tierra».

El rey de la patata

Federico II el Grande, rey de Prusia (1712-1786) observó que la patata podía ser un alimento ideal para combatir las hambrunas en épocas de malas cosechas. Tras varios intentos fallidos de convencer al campesinado para plantar el tubérculo optó por plantarla en huertos y jardines de palacio, estableciendo fuertes medidas de seguridad en torno a ella. El pueblo prusiano presumió que se custodiaba algo valioso e importante. Cierto día, con la excusa de necesitar efectivos para una batalla, el monarca dejó a la patata sin ningún tipo de seguridad. Sucedió lo que él había imaginado, los campesinos aprovecharon la ocasión para robar las patatas.

A continuación, el monarca publicó unos edictos, conocidos como los de la patata, en los cuales se instaba a las clases dominantes a favorecer su cultivo y a eliminar los prejuicios sociales que giraban en torno a ella.

De esta forma, Federico II consiguió que la patata fuese un alimento clave en la alimentación de los prusianos y si la población estaba bien alimentada era raro que se sublevase. Este hecho hizo que se conociese popularmente al monarca como «el rey de la patata» y que en su tumba, desde hace mucho tiempo se depositen patatas en su honor.

La patata entra en Versalles

Antoine Augustin de Parmentier (1737-1813) fue un farmacéutico militar y agrónomo francés que tuvo la «fortuna» de ser hecho prisionero en Westfalia (Prusia) durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763). Fue precisamente durante su cautiverio cuando descubrió que la patata era un alimento muy apreciado por la población local. Tras su liberación regresó a Francia y trató de convencer a Luis XIV de que la hambruna que asolaba el país en aquellos momentos se podía combatir cultivando patatas.

Unos años después (1772) Parmentier obtuvo un importante galardón de la Academia de Besancon, en la que se invitaba a descubrir un vegetal que fuese capaz de complementar la alimentación humana en épocas de hambruna. A pesar de todo, tuvo que pasar más de una década para que se le concedieran algunos terrenos para cultivar y explotar la patata. Finalmente pudo demostrar que no sólo era un producto nutritivo, sino que además era fácil de cultivar y muy resistente a las inclemencias meteorológicas. De todas formas, y en honor a la verdad, el consumo de patata entre la población francesa no fue masivo hasta que Luis XIV se paseó con una flor del tubérculo en la solapa. El farmacéutico francés obtuvo un reconocimiento merecido, puesto que durante mucho tiempo a la patata se la denominó «parmentiere».