Algunos defensores de la panspermia, una teoría que dice que la vida en la Tierra llegó de otros lugares, se fijan en los increíbles pulpos para justificar sus ideas | Vídeo: Pulpos, virus, y otros seres «extraterrestres» - ADOBE PHOTOSTOCK

A vueltas con la teoría de los pulpos extraterrestres

Varios científicos cuestionan un polémico estudio que sugirió la idea de que virus, bacterias y hasta huevos de pulpos podrían haber llegado a la Tierra desde otros planetas

MADRIDActualizado:

Una investigación publicada el pasado 13 de marzo en la revista «Progress in Biophysics and Molecular Biology» y recogida por ABC levantó bastante revuelo. Allí, 33 firmantes sugerían la impactante hipótesis de que retrovirus, bacterias y quizás huevos fecundados de animales, como los pulpos, habrían viajado por el espacio «a bordo» de asteroides y cometas y llegado a la Tierra, donde habrían revolucionado la vida. Según esta hipótesis, que se apoya en la teoría de la panspermia, la llegada de estos supuestos extraterrestres habría causado la gran explosión biológica del Cámbrico, hace 540 millones de años.

Se sabe que, por entonces, en apenas unos millones de años, aparecieron muchas nuevas especies, cuyos descendientes hoy pueblan la Tierra y tienen un aspecto sofisticado y maravilloso. Entre estos están los pulpos, conocidos por su inteligencia, complejo sistema nervioso y perfeccionados ojos. ¿Por qué son mucho más sofisticados que otros moluscos, como almejas o mejillones? ¿No séra porque son extraterrestres? ¿No será que virus alienígenas insertaron genes cruciales en formas de vida más primitivas?

«Es plausible sugerir que (los pulpos) tomaron prestados sus genes de un futuro distante en términos de evolución terrestre o, de forma más realista, del cosmos», sugerían los autores del estudio, encabezados por Edward J. Steele, investigador en el Centro Buckingham para Astrobiología (en la Universidad de Buckingham, Reino Unido), y en el que varios investigadores defienden la panspermia. Proponían esta explicación para justificar la maravillosa dotación genética de unos animales «complejos», teóricamente originados a partir de «simples» moluscos.

Mal escrito y lleno de errores

Algunos virólogos y zóologos más ortodoxos se han preguntado si el artículo es serio o si es una broma del día de los inocentes de abril (en inglés, «April´s fool»). William Gilly, experto en cefalópodos (nautilos, calamares o pulpos) de la Universidad de Stanford (EE.UU.), es uno de ellos. En «Popular Science» ha dicho que «para ser honesto, este artículo parece estar tan mal escrito y tan lleno de afirmaciones erróneas que no me puedo creer que pasara la revision por pares de una revista respetable». No ayuda el detalle de que el propio Steele sea un neo-lamarckista reconocido, y que, por tanto, no apoye la teoría de la evolución por selección natural sostenida por la comunidad científica.

Ken Stedman, virólogo de la Universidad de Portland (EE.UU.) también ha criticado duramente este artículo. En «Live Science» ha dicho: «Muchas de las afirmaciones de este artículo son mucho más que especulativas, y ni siquiera tienen en cuenta la literatura existente».

Por ejemplo, ha explicado que el genoma de los pulpos fue secuenciado en 2015. Entre los hallazgos que se hicieron, destaca el descubrimiento de que los genes del sistema nervioso de los pulpos divergieron de los del calamar hace solo 135 millones de años, 400 millones de años después de la explosión del Cámbrico. Entonces, ¿por qué sugieren los autores del polémico estudio que los huevos de estos animales llegaron del espacio hace 540 millones de años?

Compartimos genes con los pulpos

Caroline Albertin, una investigadora de la Universidad de Chicago (EE.UU.), coincide con este diagnóstico de que el equipo de Steele no ha hecho sus deberes al repasar la literatura científica. Según explica, «no hay que fijarse en otra cosa que el ADN» para confirmar los orígenes terrestres de los pulpos. Incide, de hecho, en que uno de los artículos citados por los defensores de la panspermia «muestra muy claramente que los pulpos comparten muchos de sus genes con los de otros animales, como moluscos (caracoles, almejas), moscas y humanos, lo que indica que tienen ancestros comunes, y que son del mismo planeta que nosotros». ¿Si llegaron de fuera, por qué sus genes se parecen a los nuestros? ¿Es que es toda la vida terrestre extraterrestre en realidad?

Una de las hipótesis propuestas por el estudio de Steele: los retrovirus alienígenas inyectaron genes en calamares y dispararon su evolución hasta los pulpos
Una de las hipótesis propuestas por el estudio de Steele: los retrovirus alienígenas inyectaron genes en calamares y dispararon su evolución hasta los pulpos - WIKIMEDIA COMMONS

Quizás los defensores de la panspermia tuvieron muy en cuenta que el registro fósil de los moluscos es muy limitado: los animales blandos no dejan fósiles, así que los biólogos se tienen que conformar con los moluscos que tienen concha, como los que ellos consideran más «simples».

«Ingentes cantidades de calamares»

Los virus tampoco son, para el virólogo Ken Stedman, una posible forma de explicar el supuesto origen alienígena de la vida terrestre del Cámbrico. Tal como ha recordado este investigador, los retrovirus se caracterizan (al menos a día de hoy) por su especificidad respecto a los hospedadores: es decir, estos microbios se especializan en infectar a una sola especie. Por eso, si hubieran venido desde el espacio exterior, ¿cómo sería posible que fueran capaces de infectar a criaturas terrestres? ¿Es que dichas criaturas terrestres, como por ejemplo los calamares, vivían también en su planeta de origen?

Por eso, los retrovirus alienígenas «ciertamente no serían lo suficientemente específcos para algo como un calamar, a no ser que tengas ingentes cantidades de calamares en un planeta cercano al nuestro y que sea la fuente de esos asteroides. Pero creo que este tipo de asunción es altamente improbable», ha dicho el virólogo.

Una bacteria fecal en el espacio

Los defensores de la teoría de la panspermia también se entusiasman con un detalle: y es que el espectro de la luz producida cuando la radiación infrarroja pasa a través del polvo cósmico (el material que hay en el espacio vacío entre estrellas y galaxias) tiene exactamente la misma firma espectral que la bacteria Escherichia coli. Para Steele, la del polvo cósmico «es una coincidencia exacta. No puedes tener un resultado mejor que ese en ciencia».

El problema es que Escherichia coli es una bacteria fecal que vive en el intestino de animales de sangre caliente y que no forma esporas, así que tendría complicado vivir en el espacio exterior. ¿Cómo podría viajar del intestino de animales de sangre caliente al polvo cósmico? ¿Puede ser que el espacio interestelar esté poblado por animales de intestino irritable?

La viróloga Karin Moelling, investigadora en el Instituto Max Planck de Genética Molecular (Alemania) comentó, junto al artículo de Steele y compañía, lo siguiente: aunque estas ideas pueden ser «muy útiles» para pensar en la influencia del espacio sobre nuestro planeta de un nuevo modo, «la principal afirmación sobre virus, microbios e incluso animales llegados desde el espacio, no puede ser tomada en serio».

¿Una locura?

El primer autor del estudio, un inmunólogo molecular muy interesado en la astrobiología, escribió: «Desde nuestro punto de vista, las evidencias son bastante sobrecogedoras». Tanto, cree, como para despertar un «completo replanteamiento» de los procesos evolutivos». De hecho, critica que durante muchos años estas ideas, y la panspermia, en general, han sido «suprimidas e ignoradas», pero reconoce que tiene «una gran esperanza en que los otros científicos objetivos confrontados con la misma colección de datos se comportará como yo y llegará a la misma interpretación».

Los firmantes del polémico artículo son fundamentalmente astrobiólogos del Centro Buckingham para Astrobiología (en la Universidad de Buckingham, Reino Unido) y de la Universidad de Ruhuna, en Sri Lanka. Están entre los más firmes defensores de la panspermia.

Estén en lo cierto o no, en ciencia las ideas aparentemente alocadas son fundamentales. En primer lugar porque las ideas revolucionarias suelen parecer una locura y ser ridiculizadas al principio, ya sea por la sociedad o por los científicos. En segundo lugar, porque las locuras también hacen pensar y cuestionar lo que sabemos. Y, en tercer lugar, porque la ciencia no es un terreno para los dogmas. Hasta las supuestas locuras pueden ser tenidas en cuenta y confrontadas con los experimentos. Solo el tiempo dice si realmente son locuras o no.