El «Narrenturm» en la actualidad, en pleno campus de la Universidad de Viena
El «Narrenturm» en la actualidad, en pleno campus de la Universidad de Viena - WIKIPEDIA

«Narrenturm» o «Torre de los Locos», el extraño primer psiquiátrico de Europa

Sus dimensiones y número de habitaciones hacían referencia a Dios y a la Luna. En la actualidad alberga una colección de horrores

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En la Universidad de Viena, escondida entre los árboles y alejada de la puerta principal, hay una maltrecha torre de ladrillo llamada Narrenturm. Su aspecto es una mezcla entre torreón y castillo, el yeso se cae a pedazos, simulando que sus muros padecen una incurable enfermedad de la piel. A pesar de su aspecto, este edificio –cuyo nombre significa literalmente «Torre de los Locos»- puede presumir de ser el primer hospital psiquiátrico de Europa.

Pedro Gargantilla, médico internista y autor de varios libros de divulgación
Pedro Gargantilla, médico internista y autor de varios libros de divulgación- M.Jara

José II (1741-1790), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, fue el impulsor de su creación, enmarcada en el contexto de una ambiciosa reforma del sistema sanitario austrohúngaro de la época.

El Narrenturm abrió sus puertas en el año 1784. Se trata de una mole de ladrillo de forma cilíndrica, con cinco plantas y 139 celdas, en las que vivían los enfermos psiquiátricos. Sus proporciones tienen un fuerte simbolismo. Así, cada una de las plantas representaba los cinco elementos básicos (tierra, fuego, aire, éter y agua) y cada piso tenía 28 celdas, en alusión a los meses lunares. En el siglo XVIII se pensaba que las almas de los locos iban a la Luna –de ahí procede nuestro adjetivo lunático- y con esta disposición se pretendía influir de alguna forma en el alma de los dementes.

«Se pensaba que las almas de los locos iban a la Luna –de ahí procede nuestro adjetivo lunático»

El perímetro de la torre tampoco es casual, mide 66 «Wiener Klaftern», una medida antigua que equivalía a 1,8965 metros, un número que se identificaba en el siglo XVIII con Dios.

Cada una de las celdas tenía doce metros cuadrados y en ellas se alojaban entre una y dos personas. Los pacientes se distribuían en base a categorías clínicas: melancólicos, histéricos, rabiosos, militares locos y alcohólicos. El tratamiento que recibían se basaba en la teoría clásica de la existencia de cuatro humores en nuestro organismo (bilis negra, bilis amarilla, flema y sangre). La salud dependía, básicamente, del equilibrio de estas cuatro sustancias. Para lograrlo los pacientes eran sometidos a baños, dieta, purgas y sangrías.

A pesar de la época, los enfermos vivían en unas condiciones de higiene y espacio muy aceptables, es más, salvo que fuesen agresivos, se les permitía moverse libremente por el edificio.

Cuatro tipos de habitaciones

En la parte superior el emperador disponía de una habitación octogonal, desde la que seguía los tratamientos y en donde pasaba largas horas. Esta afición hizo que era bastante frecuente ver a un vienés señalando al edificio y diciendo: «Aquí, es José II, el primero» (en alusión a los locos).

El Narrenturm disponía de cuatro tipos diferentes de habitaciones. Unas de lujo, en las que se permitía a los enfermos tener un sirviente a su disposición. Costaban un florín por día, un desorbitado precio con el que una familia de cuatro miembros podía comprar el pan que consumía durante un mes. Por la mitad de precio podía adquiriese las habitaciones de las dos siguientes categorías: las que se financiaban de forma privada y las que recibían ayuda de obras de caridad. Por último estaba la cuarta categoría, que era totalmente gratuita y destinada a personas que carecían de recursos económicos.

Colección de los horrores

Desde 1917 el Narrenturm acoge una colección con decenas de miles de muestras, algunas de 200 años de antigüedad, de piel, tejidos o modelos de cera de distintas enfermedades. Se pueden contemplar fetos con un solo ojo, tumores del tamaño de una sandía, malformaciones óseas, pulmones afectos de peste, cálculos renales…

La colección también alberga al último ser humano embalsamado en Viena, una niña de cinco años que tenía todo el cuerpo cubierto de escamas negras, como si fuera un pez. Una colección que no deja indiferente a nadie y que nos enfrenta a nuestras fobias más íntimas.