Homo naledi El misterioso homínido que vivió junto a los primeros humanos en África

El hallazgo de nuevos restos de Homo naledi, una especie de pequeño cerebro, indican que es mucho más «moderno» de lo que se pensaba. Podría incluso haber «enterrado» a sus muertos, lo que plantea nuevas e intrigantes preguntas sobre el origen de nuestra especie

El cráneo de «Neo» - John Hawks / Universidad de Wisconsin-Madison
Homo naledi era muy diferente de los humanos arcaicos que vivieron en la misma época. Izquierda: Cráneo de un ser humano arcaico encontrado en Zambia. Derecha: el cráneo de «Neo»
Homo naledi era muy diferente de los humanos arcaicos que vivieron en la misma época. Izquierda: Cráneo de un ser humano arcaico encontrado en Zambia. Derecha: el cráneo de «Neo»- John Hawks / Universidad de Wisconsin-Madison

El origen de los humanos modernos se ha complicado aún más. Lo que ha descubierto un grupo de científicos en Suráfica sería, para entendernos, como encontrarse con un neandertal en el metro. El Homo naledi fue presentado al mundo en septiembre de 2015, después de que aparecieran más de 1.500 restos óseos, pertenecientes a quince individuos, en las profundidades de la cueva Rising Star, a 50 km de Johannesburgo. Mostraba unas características anatómicas antiquísimas, tanto que antes de ser datado se pensaba que tenía varios millones de años de antigüedad, e incluso se le llegó a considerar el posible «eslabón perdido» entre los últimos australopitecos (aún no humanos) y los primeros representantes del género Homo, al que pertenecemos los sapiens.

Pero los investigadores se han llevado ahora una gran sorpresa. Un equipo de paleoantropólogos de la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo; la James Cook, en Australia, y la de Wisconsin Madison, en EE.UU., ha anunciado en varios artículos publicados en la revista eLife el hallazgo de nuevos restos de este pariente humano de pequeño cerebro (un tercio del nuestro) en una cámara de la cueva hasta ahora desconocida. Y resulta que esta criatura es mucho más «actual» de lo que se pensaba, tanto que es muy posible que coincidiera con los primeros humanos modernos (nosotros) hace entre 226.000 y 335.000 años. Sería la primera vez que se demuestra que una antigua especie de homínido logró sobrevivir durante el tiempo suficiente como para «acompañarnos» en Africa.

Un niño y dos adultos

El sistema de cuevas de Rising Star
El sistema de cuevas de Rising Star- Marina Elliott/Wits University

Los nuevos restos, que incluyen un niño y el esqueleto parcial de un varón adulto con un cráneo excepcionalmente bien conservado, fueron descubiertos en la cámara Lesedi (significa luz en lengua setswana), a más de 100 metros de donde aparecieron los primeros (en la cámara Dinaledi). En total, los investigadores recuperaron más de 130 nuevos fósiles. El trabajo fue arduo, ya que el nuevo yacimiento tiene un acceso sumamente difícil, y los investigadores se vieron obligados a gatear, trepar y abrirse camino en la más absoluta oscuridad.

Los nuevos fósiles provienen de al menos tres individuos, dos adultos y un niño. Del pequeño, de menos de cinco años de edad, se recuperaron los huesos de la cabeza y el cuerpo. De los adultos, uno se identifica únicamente por una mandíbula y los huesos de las piernas. Pero el esqueleto del tercero, conocido como «Neo» por la palabra en sesotho que significa «regalo», es muy completo. El cráneo ha sido minuciosamente reconstruido, proporcionando un retrato mucho más completo de Homo naledi. «Por fin hemos podido echar un vistazo a la cara de Homo naledi», señala Peter Schmid, de la Universidad de Witwatersrand y la de Zúrich, quien pasó cientos de horas reconstruyendo los frágiles huesos del cráneo.

El antropólogo John Hawks
El antropólogo John Hawks- Jeff Miller / Universidad de Wisconsin-Madison

«El esqueleto de 'Neo' es uno de los más completos que se hayan descubierto, técnicamente más completo que el de la famosa 'Lucy' (la australopiteca por excelencia) dada la preservación del cráneo y la mandíbula» explica el paleoantropólogo Lee Berger, también de Witwatersrand y líder de la expedición. El cráneo del nuevo esqueleto conserva gran parte de la cara, incluyendo los delicados huesos de la región interior del ojo y la nariz, lo que añade detalles que hasta ahora no se conocían. Además se han recuperado una clavícula completa y un fémur casi completo del mismo ejemplar, que ayudan a confirmar lo que los científicos sabían sobre la envergadura y la estatura del homínido, que era a la vez un caminante y un escalador eficaz. «Las vértebras tienen una forma única que solo hemos visto en los neandertales», dice el antropólogo John Hawks, de la Universidad de Wisconsin-Madison.

Los 2.000 restos de Homo naledi hallados en conjunto hasta el momento, 18 individuos en total, han regalado a la ciencia el registro más completo de una especie de homínidos distinta a los humanos modernos y los neandertales. Hay más especímenes de Homo naledi que de cualquier otra especie extinta o población de homínidos, a excepción de los neandertales.

Rasgos mezclados

Pero lo que más ha impresionado a los científicos es la antigüedad sorprendentemente «reciente» del naledi. Los restos fósiles tienen características primitivas que comparten con algunos de los miembros más antiguos conocidos de nuestro género, como Homo rudolfensis y Homo habilis, especies que vivieron hace casi dos millones de años. Pero por otro lado, sin embargo, también comparte algunas características con los humanos modernos. Después de la descripción de la nueva especie en 2015, los expertos habían predicho que los fósiles debían tener la antigüedad de las citadas especies primitivas. En cambio, los fósiles de la Cámara Dinaledi apenas tienen algo más de una décima parte de esa edad.

«La datación de Homo naledi era extremadamente difícil», reconoce Paul Dirks, profesor de la James Cook que trabajó con otros 19 científicos de laboratorios e instituciones de todo el mundo para establecer la edad de los fósiles. «Con el tiempo, seis métodos de datación independientes nos han permitido limitar la edad de esta población de Homo naledi a un período conocido como el Pleistoceno Medio».

Así, se demuestra que la especie pudo haber sobrevivido durante dos millones de años al lado de otros homínidos en África hasta el Pleistoceno Medio, un tiempo en el que se pensaba que sólo los seres humanos modernos existían en el continente negro. Es precisamente en ese momento cuando surge la llamada «conducta humana moderna» en el sur de África, un comportamiento atribuido, hasta ahora, a la aparición de los humanos modernos, que incluye actividades como la acumulación voluntaria de los muertos, los adornos y las herramientas complejas.

Cuerpos de difuntos como en Atapuerca

Los científicos sospechan que Homo naledi también pudo escoger lugares oscuros y remotos para resguardar a sus difuntos, un comportamiento sorprendente que sugiere una gran inteligencia y la posibilidad de las primeras señales de una cultura. Hay un ejemplo parecido en la Sima de los Huesos, en Atapuerca (Burgos), donde se cree que los neandertales depositaban los cuerpos de sus compañeros muertos hace 400.000 años.

«Lo que resulta tan provocativo de Homo nadeli es que estas criaturas tenían un cerebro un tercio del tamaño del nuestro», dice Hawks. «Esto claramente no es un ser humano, pero parece compartir un aspecto muy profundo de una conducta que reconocemos, una atención permanente a otros individuos que continúa después de sus muertes. Me impresiona que podríamos estar viendo las raíces más profundas de la cultura humana», dice.

Lee Berger, líder de la expedición
Lee Berger, líder de la expedición- Universidad de Witwatersrand

Los investigadores creen que el descubrimiento tendrá un impacto significativo en la interpretación de los conjuntos arqueológicos y en la comprensión de qué especies los hicieron. «Ya no podemos asumir que sabemos qué especies hacían qué herramientas, o incluso suponer que los humanos modernos fueron los creadores de algunos de estos avances tecnológicos y de comportamientos críticos en el registro arqueológico de África», advierte Berger. «Si hay una especie que compartió el mundo con los humanos modernos en África, es muy probable que haya otras más. Sólo tenemos que encontrarlas».

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