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El misterio de los asteroides perdidos

El periodista José Manuel Nieves habla sobre una investigación que asegura que los astrónomos han perdido el rastro de 900 de estos objetos solo entre 2013 y 2016

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Por sino tuviéramos ya suficientes preocupaciones con los miles de asteroides «controlados» que zumban a diario alrededor de la Tierra, ahora resulta que tenemos que contar, también, con otros casi mil que se les han «perdido» a los astrónomos.

De hecho, según un estudio publicado en arXiv.org por Peter Vereš, investigador del Centro de Planetas Menores de la Unión Astronómica Internacional, los científicos le han «perdido la pista», solo entre 2013 y 2016, a 900 asteroides cercanos a la Tierra. Y entre ellos hay por lo menos uno que tiene un diámetro de varios kilómetros, más que suficiente como para provocar una catástrofe global.

¿Pero cómo se puede «perder» un asteroide después de haberlo detectado? En su artículo, Vereš explica que el factor principal es el tiempo. Tanto el que hace correr las agujas del reloj como el atmosférico.

Para determinar la trayectoria de un asteroide (y tenerlo, por tanto, localizado en todo momento), es necesario observarlo más de una vez en un periodo de unas pocas horas. De esta forma, las diferentes posiciones registradas marcan una trayectoria que hace posible calcular la órbita del objeto, y por lo tanto saber exactamente dónde estará en cualquier momento del futuro.

Sin embargo, explica el astrónomo, algunos telescopios tardaron 20 horas o más antes de informar del avistamiento de un posible asteroide, lo que hizo que fuera prácticamente imposible encontrarlos de nuevo más tarde para confirmarlos. A menudo, la culpa es del mal tiempo, que impide hacer las observaciones necesarias en el plazo requerido. Para cuando los cielos se han despejado, el objeto, que se mueve a varias decenas de kilómetros por segundo, puede estar ya en cualquier parte.

Basándose en los datos de los primeros y fugaces avistamientos, Vereš y su equipo determinaron que uno de los asteroides perdidos tenía un diámetro de varios kilómetros. Otros 102 eran mayores de 140 metros y el resto, más pequeños.