Kelt-11b Descubren un planeta «hinchado» como una bola de espuma

Kelt-11b, situado a 320 años luz de la Tierra, parece hecho de poliestireno y tiene una atmósfera gigantesca

Recreación del planeta Kelt-11b, que orbita muy cerca de su estrella
Recreación del planeta Kelt-11b, que orbita muy cerca de su estrella - WALTER ROBINSON / UNIVERSIDAD DE LEHIGH

Un equipo internacional de investigadores ha descubierto a 320 años luz de la Tierra un nuevo planeta que a uno le encantaría pellizcar con los dedos, ya que, sorprendentemente, tiene la densidad de la espuma de poliestireno. Llamado Kelt-11b, es una versión extrema de un mundo gaseoso, como Júpiter o Saturno, pero mucho más grande y terriblemente hinchado. Se sitúa muy cerca de su estrella anfitriona, de forma que su «año» dura menos de cinco días, y tiene una atmósfera gigantesca.

Este «planeta hinchado» fuera de nuestro sistema solar «es sólo una quinta parte más masivo que Júpiter, pero casi un 40% más grande, por lo que es casi tan denso como la espuma de poliestireno», resume el astrónomo Joshua Pepper, de la Universidad de Lehigh (EE.UU.), quien dirigió el estudio en colaboración con investigadores de universidades, observatorios y astrónomos aficionados de todo el mundo. Su sol, Kelt-11, ha empezado a utilizar su combustible nuclear y se está convirtiendo en una gigante roja, por lo que acabará engullendo el planeta en menos de cien millones de años.

El telescopio robótico KELT-Sur en Sudáfrica, que hizo el descubrimiento de KELT-11b.
El telescopio robótico KELT-Sur en Sudáfrica, que hizo el descubrimiento de KELT-11b.- Joshua Pepper

Este mundo ha sido observado con un telescopio extremadamente pequeño de kilogrado (KELT, por sus siglas en inglés), que utiliza dos pequeños telescopios robóticos, uno en Arizona y el otro en Sudáfrica. Los telescopios rastrean el cielo noche tras noche, midiendo el brillo de unos cinco millones de estrellas. Los investigadores buscan estrellas cuyo brillo parece atenuarse ligeramente a intervalos regulares, lo que puede indicar que un planeta está orbitándolas y eclipsándolas. Luego, utilizan otros telescopios para medir la gravedad, el «bamboleo» de la estrella, el ligero tirón que un planeta ejerce sobre la estrella a medida que la orbita, para verificar que el oscurecimiento, llamado «tránsito», se debe a un planeta y para poder medir su masa.

Unos 40 «ciudadanos científicos» en diez países de cuatro continentes también han contribuido al proyecto Kelt y varios han participado directamente en el descubrimiento de Kelt-11b y son coautores del estudio, publicado en The Astronomical journal.

Mientras que varios proyectos con pequeños telescopios robóticos han descubierto cientos de planetas que orbitan otras estrellas -y telescopios espaciales como la misión Kepler de la NASA han descubierto miles- la mayor parte de los planetas orbitan estrellas débiles, por lo que es difícil medir con precisión sus propiedades.

«El proyecto Kelt está diseñado específicamente para descubrir planetas que orbitan estrellas brillantes científicamente valiosas, y Kelt-11b es un buen ejemplo de ello», dice Pepper. La estrella, Kelt-11, es la más brillante en el hemisferio sur conocida que alberga un planeta en tránsito por más de una magnitud.

Misteriosa «hinchazón»

Los investigadores de Kelt se propusieron descubrir planetas gigantes de gas que orbitan alrededor de estrellas brillantes, pero no esperaban encontrar planetas con una masa tan baja y al mismo tiempo tan grandes. Ubicado en el cielo del sur, Kelt-11b es el tercer planeta con la densidad más baja cuya masa y radio han podido ser medidos con precisión. «Nos quedamos muy sorprendidos por la sorprendentemente baja densidad de este planeta», dice Pepper. «Es extremadamente grande para su masa».

Aunque los investigadores están debatiendo la causa de la «hinchazón» de Kelt-11b, un nuevo estudio del planeta podría proporcionar información adicional sobre el mecanismo que hace que los planetas se hinchen. Su gran atmósfera también ofrece buenas oportunidades para poner a prueba las técnicas necesarias para identificar elementos químicos en las atmósferas planetarias que sirvan para evaluar la habitabilidad de otros mundos interesantes.

«No sabemos de ningún planeta similar la Tierra en el que podamos medir su atmósfera, aunque esperamos descubrir más en los próximos años» con los telescopios de última generación actualmente en construcción, señala Pepper. Por ese motivo, «estos planetas gigantes de gas pueden servirnos de banco de pruebas».

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