Entrevista

Juan Carlos Izpisua: «La edición genómica será asequible a toda la población»

El investigador español explica los detalles de la investigación que ha permitido borrar una enfermedad hereditaria en un embrión humano

El profesor del Instituto Salk de la Jolla (California), Juan Carlos Izpisúa
El profesor del Instituto Salk de la Jolla (California), Juan Carlos Izpisúa - Javier Cotera

Juan Carlos Izpisua (Hellín, Albacete, 1960) es una de las mentes más brillantes del Instituto Salk de California, uno de los centros de élite en Estados Unidos. Sus investigaciones, como la que ahora se publica, permiten soñar con el fin de enfermedades incurables. Pero el investigador reconoce que aún quedan numerosas barreras que librar antes de que pueda utilizarse en los hospitales.

—Han demostrado que la técnica es eficaz y segura, al menos a nivel embrionario. ¿Podría haber errores solo detectables tras el nacimiento?

—Es posible, pero improbable. No tenemos información aún por lo que no podemos predecirlo. También existe la posibilidad de que ese error se transmita a lo largo de generaciones. Pero recuerde, lo que hemos hecho es investigación básica y nos queda por hacer mucha investigación básica antes de llevarlo a la práctica. Yo formo parte del comité internacional que ha evaluado los riesgos de la edición genética y acordamos que se haga con cautela para tratar o prevenir solo enfermedades muy graves y con una vigilancia estricta.

—¿Qué patologías deberían tener prioridad?

—Estamos valorando el cáncer de mama y ovario de origen genético. Estos casos aparecen por mutaciones en deterinados genes como el BRCA1 y 2.

—Ahora se ha corregido una enfermedad en un embrión y para tratarla hay que pasar por un proceso de fecundación «in vitro». ¿Podría tratarse durante la gestación si se detecta en una ecografía una afectación como el síndrome de Down?

—Sí, una opción es la correccion intraútero en estadios avanzados de gestacion de enfermedades genéticas severas como las trisomías, como el síndrome de Down. En este proyecto estamos ya dando los primeros pasos. El conocimiento profundo de la biología fundamental de este proceso y el desarrollo tecnológico derivado del mismo puede ser clave para poder ayudar a tratar las enfermedades monogénicas que hoy conocemos (seguro que conoceremos más con el paso del tiempo). Para ello la intervención no tendrá que realizarse necesariamente en el embrión unicelular, al que solo se tiene acceso durante un proceso de fecundación artificial, y no durante una gestación normal. La corrección génica podría realizarse en los últimos estadios del embarazo, o bien en los primesos meses tras el nacimiento del bebe portador de la mutación, o más tarde, durante su vida adulta, focalizándose solo en aquellas células somáticas que son las responsables de la enfermedad.

—La técnica que permite modificar el genoma es accesible. Un kit de CRISPR se vende por 150 dólares. ¿No le da miedo que algunos laboratorios lo utilicen para fines menos loables que erradicar enfermedades?

—Esto es cierto. Es por lo que la regulación y supervisión de estas investigaciones debe ser estricta. Estamos absolutamente en contra de los bebés «a la carta», de utilizar la tecnología para mejorar características físicas o las capacidades cognitivas. El único fin debe ser la prevención de la enfermedad.

—¿No teme que en unos años las parejas con más recursos puedan encargar «bebés a la carta»?

—Esto es muy, muy importante. Lo que creo que ocurrirá es que el desarrollo de nuevas tecnologías tenderá a reducir el precio y hacerlo accesible para toda la población. Quizá podríamos darle la vuelta a la pregunta y discutir si la edición genómica podría favorecer una sociedad más igualitaria. Pensemos en una de las enfermedades más devastadoras que ha sufrido la humanidad, la viruela, que ha eliminado civilizaciones enteras. Una enfermedad que era mucho más frecuente entre las clases sociales más desfavorecidas, y casi ausente entre las clases más pudientes. Con el descubrimiento de la vacuna, todo el mundo pudo ser tratado, eliminando así la inequidad social de una enfermedad que mató a millones de personas y que ha cambiado el curso de la historia. En cualquier caso, no creo que esto sucede de forma rápida. Aún estamos muy lejos. Aunque conocemos los genes implicados en muchas enfermedades, sabemos muy poco de los genes involucrados en rasgos físicos o la inteligencia.

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