En el monasterio escurialense llegó a haber ocho depósitos para el hielo
En el monasterio escurialense llegó a haber ocho depósitos para el hielo - WIKIPEDIA

La historia de la nevera: de la «Casa de arbitrio del hielo del reino» a la patente de General Electric

En el monasterio de El Escorial se pueden contemplar las neveras que se utilizaban en la época de Felipe II para conservar alimentos. El frigorífico llegó a España a partir de 1952

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Según el Diccionario de la Real Academia el «cachicán» es el guarda de una finca o el capataz de una hacienda de labranza. En el monasterio de El Escorial, cerca del jardín de los convalecientes, hay un edificio que se conoce como «cachicanía», que vendría a ser la casa del hortelano mayor o del guarda de la huerta de los frailes. Se trata de una pequeña edificación de planta cuadrada, de muros graníticos y tejado de pizarra. La cachicanía fue proyectada por Francisco de Mora (1553-1610), uno de los arquitectos que colaboró estrechamente con Juan de Herrera en la construcción del monasterio. En sus inmediaciones hay otra construcción de composición piramidal que ejercía las funciones de «nevera» en la época de Felipe II (1527-1598).

La difícil tarea de conservar el hielo sin nevera

Durante siglos los pozos de nieve eran un bien muy preciado. El hielo se obtenía aplastando la nieve en el monte y después se preservaba en estos pozos hasta la llegada del verano. En el monasterio escurialense llegó a haber hasta ocho depósitos, los cuales albergaban anualmente unas 500 toneladas de nieve. En este momento se conservan dos de estos pozos.

Los pozos de nieve eran oquedades de tamaño variable, que en ocasiones llegaban incluso a superar los 10 metros de diámetro y los 15 metros de profundidad. Tanto las paredes como el fondo se encontraban recubiertas de piedra y en ellos se almacenaba la nieve en sucesivas capas apelmazadas con la ayuda de mazas de madera. Cada cuatro o cinco metros se solía colocar una capa de helechos o paja que hacía la función de aislante. La zona inferior del pozo solía disponerse en pendiente, de forma que el agua del deshielo pudiera escurrir y saliera por los desagües.

La conservación del hielo era todo un negocio, en el siglo XVI se presentó Pedro Xarquíes –un empresario catalán- en la corte de Felipe III como el inventor de un nuevo sistema para extraer y conservar el hielo. Consiguió que el monarca le concediese durante siete años –en lugar de los veinte que el solicitaba- el privilegio para llevar a cabo la empresa. Xarquíes traía la nieve de la sierra de Guadarrama y la conservaba en una red de pozos de nieve que construyó en la actual glorieta de Bilbao. Durante décadas era habitual ver recuas cargadas de nieve en las inmediaciones de esta plaza. Esta actividad empresarial propició que la monarquía fundase la Casa de Arbitrio de la nieve y el hielo del Reino, para regular todo aquellos que guardase relación con el hielo y la nieve.

La llegada de la manilla

La modernidad acabó, como en tantas y tantas ocasiones, con los pozos de la nieve. En 1952 en los hogares españoles hizo su aparición un electrodoméstico que estaba destinado a quedarse: el frigorífico. Es cierto que tuvieron que pasar algunos años para que llegase a los hogares menos pudientes, debido a que los precios iniciales eran verdaderamente prohibitivos.

Las primeras neveras solían abrirse y cerrarse con una manilla, cuya palanca dejaba la puerta herméticamente cerrada. No deja de ser curioso que este tipo de cierre provocase centenares de muertes infantiles, al parecer los niños se introducían en el frigorífico mientras jugaban al escondite, siendo incapaces de abrir la puerta desde dentro.

Para evitar este tipo de accidentes, a partir de 1951 se prohibió en el estado de Californai arrojar las neveras viejas en lugares que fueran accesibles a los niños. Cinco años después en Estados Unidos se aprobó una ley que contemplaba ciertas medidas de seguridad para estos aparatos. Por ejemplo, se exigía que pudiesen ser abiertos de forma sencilla y sin realizar demasiada fuerza desde el interior. Tras estudiar diferentes patentes triunfó la desarrollada por General Electric, que es la que todavía se comercializa, de puertas con cierre magnético. Si Felipe II levantase la cabeza…

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación