Ciencia

La hipótesis del león y el abuelo que duerme mal

Un estudio con una tribu de Tanzania sugiere que los trastornos del sueño relacionados con la edad pueden haber ayudado a nuestros antepasados a sobrevivir durante la noche

Un hombre Hadza duerme en el suelo en el norte de Tanzania
Un hombre Hadza duerme en el suelo en el norte de Tanzania - David Samson

A medida que envejecemos, los trastornos del sueño se hacen más comunes, hasta el punto de que la mayoría de las personas de la tercera edad tienen problemas para dormir del tirón. Pero lo que algunos llaman insomnio en realidad puede ser un mecanismo de supervivencia milenario, según una curiosa investigación publicada en la revista Proceedings of the Royal Society B. El estudio, llevado a cabo con una tribu de cazadores-recolectores en Tanzania, muestra que, para las personas que viven en grupos, los cambios en los patrones de sueño que llegan con la edad ayudan a asegurar que al menos una persona esté despierta en todo momento. Y eso, para nuestros ancestros, podía significar la diferencia entre la vida y la muerte si un león al acecho en las sombras trataba de ganarse su cena a las dos de la madrugada.

«La idea de que vivir con los abuelos supone un beneficio ha existido desde hace tiempo, pero este estudio extiende esa idea a la vigilancia durante el sueño nocturno», explica David Samson, investigador de la Universidad de Duke en Durham (EE.UU.) cuando participaba en el estudio y hoy profesor de Antropología en la Universidad de Toronto, Mississauga (Canadá).

Los hadzas, en el norte de Tanzania, viven de la caza y la recolección de sus alimentos, siguiendo los ritmos de día y noche, como lo han hecho nuestros antepasados durante cientos de miles de años antes de que comenzaran a cultivar y pastorear ganado.

Los hadzas viven en grupos de 20 a 30 personas. Durante el día, hombres y mujeres van por caminos separados para buscar tubérculos, bayas, miel y carne en los bosques de sabana cerca del lago Eyasi y sus alrededores. Por la noche se reúnen en el mismo lugar, donde jóvenes y ancianos duermen fuera junto al fuego, o juntos en chozas de hierba y ramas tejidas. Se tumban en el suelo, sin iluminación artificial.

«Son tan modernos como tú y yo, pero nos cuentan una parte importante de la historia evolutiva humana porque viven un estilo de vida que es el más parecido a nuestro pasado de caza y recolección», afirma Alyssa Crittenden, antropóloga en la Universidad de Nevada, Las Vegas, y también coautora del trabajo.

18 minutos de sueño común

Los investigadores proporcionaron a 33 hombres y mujeres sanos de 20 a 60 años de edad un pequeño dispositivo similar a un reloj que llevaron en sus muñecas durante 20 días para registrar sus movimientos nocturnos minuto a minuto. De esta forma, se dieron cuenta de que los patrones de sueño de los Hadza rara vez estaban en sincronía. En promedio, los participantes se acostaban poco después de las 22.00 horas y se despertaban alrededor de las 7.00. Pero algunos tendían a acostarse ya a las 20.00 y se levantaban a las 6.00, mientras que los más noctámbulos se quedaban despiertos hasta las 23.00 y descansaban hasta después de las ocho de la mañana.

Durante la noche, se despertaban varias veces agitándose o girando, levantándose para fumar, atendiendo a un bebé que llora o para aliviarse antes de tumbarse de nuevo. Como resultado, los momentos en los que todo el mundo estaba dormido al mismo tiempo eran raros. De las más de 220 horas totales de observación, los investigadores se sorprendieron al encontrar sólo 18 minutos en los que todos los adultos estaban durmiendo al mismo tiempo. En promedio, más de un tercio del grupo estaba alerta, o dormía muy ligeramente, en un momento dado.

«Y eso es sólo de los adultos sanos, no incluye a los niños, ni a las personas que estaban heridas o enfermas», señala Samson. Sin embargo, los participantes no se quejaron de problemas de sueño.

Sin centinelas

Los hallazgos pueden ayudar a explicar por qué la gente hadza no suele enviar centinelas para vigilar durante toda la noche, ya que no resulta necesario. Su variación natural en los patrones de sueño, junto con el sueño ligero o inquieto en los adultos mayores, es suficiente para asegurar que al menos una persona esté en guardia en todo momento. «Si uno está en una etapa más ligera de sueño, está más atento a cualquier tipo de amenaza en el medio ambiente», agrega el coautor Charlie Nunn, profesor de antropología evolutiva en Duke.

Estudios previos han encontrado patrones similares en aves, ratones y otros animales, pero esta es la primera vez que el fenómeno se ha probado en seres humanos.

Los investigadores encontraron que los horarios de sueño desajustados eran un subproducto del cambio de patrones de sueño comunes a la edad. Como alondras, los participantes mayores de 50 y 60 años se acostaban antes y se despertaban antes que de 20 y 30 años, más noctámbulos. Los autores llaman a su teoría la «hipótesis del abuelo que duerme mal». La idea básica es que, durante gran parte de la historia de la humanidad, vivir y dormir en grupos de personas de distintas edades con hábitos de sueño diferentes ayudó a nuestros antepasados a mantener un ojo abierto (y atento) durante la noche.

Los investigadores esperan que los resultados cambien nuestra comprensión de los trastornos del sueño relacionados con la edad. «Muchas personas mayores van al médico quejándose de que se despiertan temprano y no pueden volver a dormir», recuerda Nunn. «Tal vez algunos de los problemas médicos que tenemos hoy podrían explicarse no como trastornos, sino como una reliquia de un pasado evolutivo en el que fueron beneficiosos».

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