Florence Nightingale - Wikipedia
EL ABCDARIO DE LAS MATEMÁTICAS

Florence Nightingale, la enfermera que salvó miles de vidas con una rosa

Con motivo del próximo Día Internacional de la Mujer y la Niña, la matemática Clara Grima recuerda a Florence Nightingale, la pionera de la enfermería moderna que salvó miles de vidas con la ayuda de la estadística

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El 22 de diciembre de 2015 la asamblea general de la ONU declaró el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en Ciencia con el objetivo de visibilizar el papel desempeñado, en el pasado y el presente, por las mujeres en el ámbito científico y tecnológico y fomentar vocaciones futuras en las niñas en las áreas conocidas como STEM, por sus siglas en inglés, y que son Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas. Si miran el calendario comprobarán que el próximo domingo es 11 de febrero y que, por lo tanto, estamos a las puertas de celebrar este día tan especial para mí y tan necesario en los tiempos que corren, en mi opinión, toda vez que las vocaciones científicas en los jóvenes en general están en descenso, y el de las chicas, en particular aún más, sobre todo en las áreas de Ingeniería y Tecnología.

Si me permiten diré que para fomentar vocaciones STEM para los estudiantes en general, sin distinción de sexo, lo primero que deberíamos hacer sería invertir en mejorar la educación de ciencias y matemáticas en primaria y secundaria (actualizando los currículos, mejorando la formación del profesorado y, sobre todo, sobre todo, bajando la ratio de alumnos por clases); y, en segundo lugar pero no menos importante que nuestras administraciones públicas entiendan la importancia de la ciencia para el desarrollo de un país y vuelvan a invertir en ella. Se me antoja difícil (y a veces casi inmoral) atraer a los jóvenes a la carrera científica e investigadora en un país en el que la inversión en Ciencia ha caído a los niveles de 1999 y en el que la inversión en investigación se sitúa en el 1,19% del PIB, la mitad de la media de la Unión Europea. De hecho, conocida la declaración de nuestra Ministra de Defensa en la que promete duplicar el gasto militar en los próximos siete años le dan ganas a una de, en lugar de tratar de fomentar vocaciones STEM en las estudiantes de primaria y secundaria, animarlas en las charlas a que se hagan soldados. En fin.

«Se me antoja difícil atraer a los jóvenes a la carrera científica e investigadora en un país en el que la inversión en Ciencia ha caído a los niveles de 1999»

Como quiera que soy optimista a pesar de todo y entiendo que la ciencia, además de ser el motor del futuro, es una de las carreras más bellas que cualquiera, hombre o mujer, puede elegir, quiero dedicar esta columna de hoy, cercano el 11 de febrero, a rendir un pequeñito homenaje a una científica, a una enfermera-matemática que, precisamente en una guerra, la de Crimea, se valió de su valentía, de su amor por la humanidad y de sus habilidades con la estadística para mejorar el estado de salud de los soldados británicos en aquella guerra y, de paso, instaurar la enfermería moderna. Sí, me refiero como muchos ya habrán adivinado a Florence Nightingale.

Aunque nuestra protagonista nació, en 1820, en el seno de una familia británica de clase alta y rica, quiso el azar que naciera en una villa de la ciudad italiana de Florencia. Hecho que marcaría su vida, bueno, al menos, su nombre porque fue llamada Florence por este hecho. Sus padres, como hemos dicho, eran extraordinariamente ricos, y como otros ciudadanos británicos acomodados, eligieron viajar por toda Europa después de las Guerras Napoleónicas. Acompañados por su séquito de criados, los Nightingale estuvieron de gira dos años poco después de casarse, periodo en el que nacieron sus dos hijas, cada una con el nombre de las ciudades en las que residían en ese momento. Su hermana mayor se llamaba Parthenope. Por cierto, su apellido, Nightingale significa ruiseñor en inglés. Solo como curiosidad.

Pues bien, cuando Florence tenía un añito la familia volvió a inglaterra y allí fue educada como mandaban las normas de la época. Si bien es cierto que en aquella época muchas mujeres no tenían acceso a la educación, el padre de Florence se preocupo mucho de que sus hijas recibieran clases, impartidas por él mismo, de las materias que él entendía enriquecían la cultura de una señorita de la clase alta británica: filosofía y lenguas modernas.

La niña que tomaba notas

Pero la pequeña Florence desde muy pequeña sintió una atracción irrefrenable por las ciencias y, en particular, por las matemáticas. Principalmente, por la estadística descriptiva. Se dedicaba a clasificar las conchas que recogía, anotando datos sobre ellas y creando tablas llenas de números con las distintas medidas y características de dichas conchas.

Pintura de Florence Nightingale inspirada en una fotografía
Pintura de Florence Nightingale inspirada en una fotografía - WIKIPEDIA

Como parte de la educación de sus hijas, los Nightingale llevaron a sus hijas de gira por Europa. Viaje que nuestra Florence aprovechó para seguir recopilando y ordenando datos, en esta ocasión sobre las estadísticas de población, hospitales y otras instituciones de caridad.

Todas estas vivencias y su espíritu religioso debieron marcar profundamente su personalidad y cuando tenía 17 años dijo que dios le había encomendado una misión: dedicar su vida a cuidar a los enfermos, a ser enfermera.

Oposición en su familia

Pueden imaginarse la alegría y el alborozo que esta decisión produjo en su familia que esperaba que ella fuese una dama de la alta sociedad, bien casada y no una enfermera, trabajo al que, en aquella época solo se dedicaban personas de clase media tirando a baja. Pues bien ni la oposición de sus progenitores, muy fuerte, ni las crisis nerviosas de su hermana mayor (que no soportaba la idea de que su Florence fuese una vulgar enfermera) pudieron hacer cambiar de opinión a esta mujer decidida, de espíritu fuerte, de convicciones rotundas. Nada pudo detener a esta gran feminista del siglo XIX y, desafiando a todos, continuó visitando hospitales en París, Roma y Londres.

En agosto de 1853, tras muchas vicisitudes, finalmente fue nombrada superintendente en un hospital de mujeres en Harley Street, Londres.

Litografía de una sala del Hospital de Scutari donde Nightingale trabajó,
Litografía de una sala del Hospital de Scutari donde Nightingale trabajó,-WIKIPEDIA

Ese mismo año estalló la guerra de Crimea y las noticias que llegaban sobre el estado de las enfermerías de los soldados británicos en el frente eran desoladoras y terribles. Por primera vez en la historia, se pidió (le pidió a Florence el secretario de Estado de Guerra), que llevará a 38 enfermeras al hospital militar en Scutari, en Turquía. Una de aquellas enfermeras, lógicamente, era nuestra amiga Florence. Como hemos dicho, era la primera vez que se permitió que las mujeres sirvieran oficialmente al ejército.

El horrible espectáculo de la guerra de Crimea

El espectáculo que encontraron al llegar estaba varios puntos por encima de desolador y solo un punto por debajo de dantesco. El hospital se había construido sobre una cloaca y los soldados, enfermos, estaban en salas con el suelo llenos de heces. La primera misión que Florence encomendó a sus enfermeras fue limpiar a fondo el hospital puesto que sospechaba, no todo el mundo lo tenía claro en aquella época, que la falta de higiene era peligrosa para la salud de los soldados convalecientes.

WIKIPEDIA
WIKIPEDIA-Diagrama de rosa de Florence Nightingale

Para defender su teoría Florence se dedicó, como hiciera con sus conchas cuando era niña, a tomar datos sobre las muertes de soldados y a analizar cómo iban evolucionando estos datos a medida que se iban mejorando las condiciones de higiene en el hospital. Nuestra protagonista era, sin embargo, consciente de que nadie iba a dedicarse a mirar la ingente cantidad de datos que había acumulado durante los años en el hospital de Scutari y decidió mostrarlos mediante un diagrama que fuese más rápido de entender:decidió presentarlo en su famoso diagrama de rosa que es la que da nombre a este artículo.

Con la ayuda de los reconocidos estadísticos William Farr y John Sutherland se analizaron las ingentes cantidades de datos complejos que Florence había ido recopilando. La conclusión fue brutal, desconcertante y reveladora: la causa de 16.000 de las 18.000 muertes no fueron heridas sufridas en la batalla sino enfermedades prevenibles, cuyo contagio se debía a la falta de higiene.

Cartel de la película «The Lady with A Lamp»
Cartel de la película «The Lady with A Lamp» - WIKIPEDIA

Florence Nightingale es, merecidamente, reconocida como la precursora de la enfermería moderna y una de las primeras bioestadísticas de la historia. En 1859 publicó sus libros, «Notas sobre enfermería» y «Notas sobre hospitales» con el objetivo de que todo el mundo, no solo las familias acomodadas y ricas, tuvieran acceso a cuidados sanitarios seguros y limpios. Al año siguiente se fundó una escuela de enfermería en su nombre. Gracias al trabajo de Florence la enfermería se reconoció como una carrera respetable para las mujeres y, también gracias a su trabajo, se mejoraron los hospitales, incidiendo especialmente en las medidas de higiene.

Florence muríó a los 90 años y, según cuentan, seguía anotando datos en su lecho hasta el final para seguir analizando estadísticas de enfermos y curaciones.

En 1951 se estrenó un película «The Lady With A Lamp» («La dama de la lámpara») narrando la historia de esta gran mujer. El título hace referencia a una foto que se tomó a Florence en el hospital mientras paseaba con eso, con una lámpara, entre los soldados para comprobar si necesitaban algo y, sobre todo, para tratar de consolarlos con sus palabras empapadas de ternura y compasión. A Florence, discreta en grado sumo, no le gustó nada que se hiciese pública aquella foto y mucho menos la legión de «fan» que esto le supuso y que abarrotaban el buzón de sus padres con cartas de admiradores. Nunca quiso ser, ni mucho menos, una estrella. Pero aquella niña terca, segura de sí misma y valiente contribuyó con sus estadísticas y su amor por el prójimo a salvar la vida de muchos miles de personas.

Clara Grima, profesora de la Universidad de Sevilla y presidenta de la comisión de divulgación de la Comisión de Divulgación de la Real Sociedad Matemática Española (RSME).

El ABCDARIO DE LAS MATEMÁTICAS es una sección que surge de la colaboración con la RSME.