Bach y Justin Bieber tienen una cosa en común: ambos forman parte de una cultura occidental que prefiere los acordes consonantes antes que los disonantes
Bach y Justin Bieber tienen una cosa en común: ambos forman parte de una cultura occidental que prefiere los acordes consonantes antes que los disonantes - ABC
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La explicación de la ciencia para el gusto musical más atroz

La educación y la cultura tienen un papel central en las preferencias por acordes consonantes o disonantes, según una investigación publicada en Nature recientemente

MADRIDActualizado:

El verano es una época terrible en la que la ventanilla de los coches se abre para liberar los últimos éxitos del reggaeton y de la pista de baile. Las fiestas de pueblo recuperan a Paquito el Chocolatero, y los pasodobles se mezclan con la muchedumbre de los ritmos estivales más juveniles. Solo queda refugiarse en habitaciones insonorizadas o viajar hacia las montañas más altas.

Comprender el origen del quilombo veraniego puede servir de consuelo. El filósofo Ortega y Gasset decía que el hombre era él y su circunstancia. Según un estudio publicado recientemente en la revista Nature, algo parecido puede estar ocurriendo con el gusto musical: esta investigación asegura que las preferencias musicales son resultado de la educación y de las experiencias, es decir, de las circunstancias culturales y no tanto de los factores biológicos.

«Nuestros resultados muestran que hay profundas diferencias culturales», ha explicado en NatureJosh McDermott, experto en ciencia cognitiva del MIT, para referirse al modo que tiene el cerebro de responder a acordes consonantes o disonantes. Esto vendría a decir que la educación y lo que uno vive modula la forma que tiene cada uno de percibir la música.

Esta es una cuestion con cierto recorrido. Muchos investigadores siempre han estado convencidos de que la base del gusto musical es más bien biológica, porque parece ser, por ejemplo, que a casi todas las personas les gustan siempre ciertos ritmos y les disgustan otros. Pero los compositores y los músicos no lo creen así, y resaltan el valor de las vivencias de cada uno. Entonces, ¿es el gusto musical un fenómeno universal o no?

Aislados de la música occidental

Para averiguarlo, el equipo de McDermott decidió investigar a uno de los pocos reductos de personas que aún no ha estado en contacto con Rihanna, Justin Bieber y demás representantes de la música occidental: los tsimane de Bolivia, un pueblo que vive en el Amazonas y a los pies de los Andes.

Después de incluir a otros dos grupos de personas que habían estado más en contacto con Occidente, los investigadores evaluaron la sensación que percibían los participantes en el estudio al escuchar acordes musicales consonantes o disonantes. Mientras que los primeros acordes dominan en la música occidental, los segundos son más comunes en otras culturas. De hecho, cuando una persona occidental los escucha, suele sentir cierto desagrado.

Desde la Grecia Clásica, los curiosos se preguntaban por qué ocurría esto. ¿Por qué los sonidos consonantes resultan más hermosos que los disonantes? Parecía ser algo tan universal y natural que los científicos llegaron a proponer que esta preferencia tenía sus raíces en la biología.

Dispuestos a arrojar luz a esta cuestión, el equipo de McDermott se propuso estudiar estas prioridades en otros grupos de personas, con el objetivo de averiguar si esta preferencia era realmente universal o no.

McDermott descubrió algo nuevo sobre los tsinames. Aparte de haber estado refugiados durante mucho tiempo de las influencias del pop y de los «hits» del verano, su investigación mostró que los tsimanes no mostraban preferencia por los acordes disonantes ni por los consonantes. Ambos les gustaban lo mismo: «Esto descarta claramente la idea de que las preferencias son algo con lo que nacemos», ha defendido McDermott en Nature.

Lo consonante suena mejor (en Occidente)

Así, mientras que los tsinames mostraban sentir gusto tanto por unos sonidos como otros, los bolivianos que vivían en ciudades y que participaron en el estudio sí que prefirieron los sonidos consonantes. Aquellos ciudadanos estadounidenses que también participaron en el estudio, probablemente los más influidos por la cultura occidental, mostraron tener una preferencia por los acordes consonantes aún más exagerada.

«Los resultados indican que las preferencias por los sonidos consonantes pueden estar ausentes en culturas aisladas de la influencia occidental, (...) estas variaciones son presumiblemente provocadas por la exposición a la armonía musical, lo que sugiere que la cultura tiene una papel dominante en darle forma a las preferencias musicales», han escrito los autores en el estudio.

«La cultura juega un papel. Nos gusta la música con la que nacemos», ha coincidido en NatureDale Purves, un neurobiólogo de la Universidad de Duke (Carolina del Norte, Estados Unidos). En su opinión, si bien es cierto que la cultura es importante, la biología también lo es. Por ello, al final las preferencias son resultado de la interacción entre biología y educación.

Otros investigadores, como Robert Zatorre, han investigado la presencia de la música en animales. Según su trabajo, los macacos tienen neuronas en su cerebro que responden de modo distinto a los tonos musicales, por lo que se muestra escéptico a la hora de darle un papel predominante a la cultura frente a la biología.

Sin embargo, él mismo ha reconocido que la cultura sigue siendo importante en la forma como se modula la percepción del sonido. El cerebro es una estructura flexible y moldeable que se adapta al entorno cambiante. En palabras de Ortega y Gasset, parece que el gusto musical es también resultado del baile entre el hombre y su circunstancia.