Historia de la Ciencia

Einstein, el extravagante genio que predijo las ondas gravitacionales

La nutrida colección de anécdotas sobre su vida nos muestra que era mejor músico que estudiante, activo pacifista, bromista empedernido y creyente convencido

Einstein saca la lengua a los fotógrafos el 18 de marzo de 1951, durante la celebración de su 72 cumpleaños. - ARCHIVO ABC/AFP/ARTHUR SASSE
E. ARRIBAS/A. BELÉNDEZ Uclm/ua/socios De La Real Sociedad Española De Física - Actualizado: Guardado en: Ciencia

«Einstein tenía razón». Así titulaban esta semana buena parte de los diarios de todo el mundo la primera detección de ondas gravitacionales. Cien años después de que el inigualable científico reconociese que las vibraciones producidas en los confines del universo por fenómenos masivos, que él había predicho en la Teoría de la Relatividad General, no se detectarían nunca por ser casi imperceptibles al llegar a la Tierra, los investigadores del Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales de Estados Unidos conseguían esta semana captarlas. Un hito científico que abre a la Astrofísica una nueva ventana por la que no podemos ni imaginarnos lo que seremos capaces de ver. De estar vivo aún, la prestigiosa revista «Time», como ya hizo en 1946 y en 1999, le habría dedicado una portada para nombrarle, esta vez, «personaje del siglo XXI», al igual que en 1999 ya lo fue del siglo XX. ¿Pero cómo era uno de los mayores científicos de todos los tiempos?

Mejor músico que estudiante

Albert Einstein nació en la ciudad alemana de Ulm en 1879 en el seno de una familia judía. A diferencia de otros grandes científicos, Einstein no fue un niño prodigio. A los tres años apenas había aprendido a hablar y hasta los nueve no lo hizo con fluidez. Sus maestros no lo calificaban ni como un alumno bueno ni malo, sino del montón. Sin embargo, y debido a la influencia de su madre, entre los seis y los catorce años recibió clases de violín, afición que le acompañó hasta su muerte en 1955. «La vida sin música me resulta inconcebible… la música es mi mayor alegría», declaró en más de una ocasión.

Activo pacifista

Estudió Física y Matemáticas en el Instituto Politécnico de la ciudad suiza de Zúrich, donde en 1896 –y previo pago de tres marcos- renunció a la nacionalidad alemana, pues no podía compatibilizar su ideal pacifista con el carácter militarista del Reich Alemán del káiser Guillermo II. Estuvo tres años sin nacionalidad, un apátrida, hasta que en 1901 obtuvo la suiza. Tras graduarse en Zúrich, intentó conseguir un puesto de profesor universitario pero sin éxito, por lo que buscó otro medio para ganarse la vida.

Un genio en una oficina

Einstein realizó algunos de sus más grandes logros científicos entre 1902 y 1909, cuando ese gigante desconocido ocupaba un humilde puesto como «funcionario técnico» en la Oficina Federal de Patentes de Berna. Este trabajo le dejaba, sin embargo, el suficiente tiempo libre para desarrollar, uno tras otro, trabajos científicos extraordinarios. De hecho, él mismo calificó a estos años en Berna no sólo como los más felices, sino también como el período más fructífero en su vida. En 1905, su annus mirabilis, publica una serie de artículos en «Annalen der Physik», la revista líder de la física alemana, sobre el efecto fotoeléctrico, el movimiento browniano y la teoría de la relatividad especial. Tal es la importancia de estos trabajos que 2005 fue declarado por la ONU como «Año Internacional de la Física» en conmemoración del primer centenario de aquel año milagroso de Einstein. Tras la publicación de estos artículos, fue reconocido como un destacado científico, lo que le permitió iniciar su carrera como profesor universitario en Berna, Praga y, en 1914, en Berlín.

Por encima de Newton

Fue en la capital alemana cuando, en 1915, presenta su Teoría de la Relatividad General, cuyo centenario se celebró el año pasado a bombo y platillo y que también fue uno de los hitos científicos que se conmemoraron en el «Año Internacional de la Luz». Desde los trabajos de Newton, la interacción gravitatoria entre dos masas se había descrito mediante una fuerza de atracción entre ambas, un campo gravitatorio que permea completamente el espacio tridimensional en el que las dos masas se encuentran. Sin embargo, Einstein propuso que la interacción gravitatoria se pone de manifiesto de una manera diferente, de una forma puramente geométrica, mediante la modificación de la propia esencia y forma del espacio-tiempo. Esto suponía un cambio radical de enfoque, una nueva teoría de la gravitación que modificaba y corregía a la ley de la gravitación universal que tan brillantemente había establecido Isaac Newton casi doscientos cincuenta años antes.

Un sabio extravagante y divertido

La imagen de Einstein como extravagante científico de cabellos blancos enmarañados es un icono universal. Se le asocia con ideas brillantes pero especialmente es reconocido por sus ideas pacifistas y sus frases célebres y anécdotas. Se cuenta que en una fiesta en la que coincidió con Marilyn Monroe, esta le propuso ener un hijo. «Imagínese, con su inteligencia y con mi belleza sería alguien fenomenal», le dijo la sensual actriz norteamericana. Pero Einstein contestó «Quizá no sea tan buena idea, imagínese si nace con mi belleza y su inteligencia».

En otra ocasión, su chófer, que lo acompañaba siempre a impartir conferencias a lo largo Estados Unidos, bromeó sobre si podría él dar la charla, puesto que aseguraba que la había escuchado tantas veces que se veía capaz de contarla él mismo. Así sucedió, y cuando una persona del público le hizo una pregunta al falso Einstein, este dijo, «esa pregunta es tan fácil que hasta mi chófer (que en realidad era Einstein) podría contestarla». Y así lo hizo, porque estaba sentado entre el público.

Un creyente convencido

Cuando a principios del siglo XX empezó a cobrar fuerza la Física Cuántica, Einstein no le dio mucho crédito. Frente a los cálculos cuánticos en los que la probabilidad y la incertidumbre juegan un papel fundamental él prefería una Física totalmente determinista. De ahí la frase que se le atribuye de «Dios no juega a los dados».

Otra anécdota relevante de su forma de pensar tiene que ver también con la religión. Se cuenta que cierta vez fue a cortarse el pelo y, como era su costumbre, inició una charla con el barbero, que defendía la idea de que Dios no existe. Al preguntarle Einstein por qué, el barbero afirmó: «Porque hay demasiadas personas en el mundo que hacen daño a otros. Y si Dios existiera, no debería existir el mal». Cuando terminó, Einstein salió y se encontró con un joven de barba larga. El científico le paró y le pidió que entrase con él a la barbería. Lo hicieron, y entonces le dijo al sorprendido barbero: «Este joven es la evidencia de que los barberos no existen». El barbero le contestó que por supuesto que existían, puesto que allí estaba él, «sólo que este joven no se acerca a mí para que le arregle la barba», dijo. Y Einstein respondió «Pues entonces es lo mismo, Dios existe pero las personas malas no se acercan a él».

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