Diez fascinantes experimentos científicos que se pueden hacer en casa

Cómo meter un huevo en una botella, un cohete casero o una fuente de caramelos Mentos. Un libro recoge pruebas sencillas para comprender fenómenos que ocurren cada día en nuestro entorno

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  1. Cómo meter un huevo en una botella

    A nuestro alrededor ocurren prácticamente a diario muchos fenómenos a los que prestamos escasa atención pero que, cuando nos fijamos, despiertan nuestra curiosidad. Por ejemplo, por qué nos cuesta abrir la puerta del frigorífico cuando acabamos de cerrarla o por qué un rayo cae de forma quebrada. En «Curiosa-Mente. 70 experimentos sencillos de ciencia» (Alianza Editorial), el físico Manuel Fernández Tapia y el químico Carlos Durán Torres proponen unas pruebas que cualquiera podría hacer en su casa o en un aula para dar respuesta a todas esas incógnitas cotidianas.

    Los experimentos «están dirigidos a todo el mundo y no son peligrosos», explica Fernández Tapia, pero, por supuesto, algunos entrañan más riesgo al utilizar fuego y deben siempre ser supervisados por un adulto en un entorno seguro. También son baratos. Los materiales están al alcance de cualquiera y la mayoría pueden encontrarse en el hogar.

    Aquí recogemos diez de esos fascinantes experimentos para mentes curiosas, porque como dice el físico , «los inventores no son más inteligentes. Simplemente son curiosos y no dejan pasar las cosas».

    Para poner en práctica el primero solo son necesarios un huevo cocido, cerillas y una botella de vidrio de cuello ancho. Colocamos el huevo muy bien cocido ¡y pelado! en la boca de la botella, comprobando que sea más ancho que el cuello y no pueda pasar a su interior. Una vez hecho esto, encendemos cinco o seis cerillas y las introducimos en la botella. Antes de que se apaguen, tapamos la botella con el huevo. El huevo comenzará a vibrar ligeramente para luego irse introduciendo poco a poco en el interior de la botella. Si el huevo no se ha roto, se puede sacar entero colocando la botella boca abajo y soplando fuertemente en su interior.

    Aquí puedes ver un vídeo del experimento.

  2. Un cohete casero

    ¿A quién no le gustaría lanzar un cohete emulando las hazañas de la NASA? No vamos a llegar tan lejos, pero es posible hacer nuestro propio cohete casero. Eso sí, siempre con precaución y bajo la supervisión de un adulto para evitar accidentes. Los materiales necesarios para este experimento son una botella gaseosa de 0,5 l, alcohol de 96º, soporte para la botella, encendedor de cocina y un taladro con broca de 6mm. En primer lugar, se realiza un agujero de 6 mm en el centro del tapón de la botella. Después se introducen unos 5 ml de alcohol en el interior de la misma y se agita bien para que el vapor de alcohol se mezcle con el oxígeno del aire; se desecha el alcohol sobrante y se pone el tapón.

    Entonces colocamos la botella en un soporte para su lanzamiento, de manera que el tapón no apunte a nadie y esté lejos de la cara (¡fundamental!). Al acercar la llama del encendedor al tapón, se producirá la combustión de la mezcla explosiva que está dentro de la botella. Los gases saldrán por el orificio del tapón a gran velocidad, lo que hará que la botella salga disparada en el sentido contrario. Ahí va nuestro cohete.

    El experimento, en vídeo.

  3. La fuente de Mentos

    Este es un experimento delicioso en el que uno puede picar algo al mismo tiempo que aprende Ciencia. El objetivo es fabricar una fuente líquida utilizando para ello caramelos Mentos. Sirve para explicar por qué, por ejemplo, cuando abrimos una botella de refresco se escapa el líquido.

    Hay que agujerear cuatro pastillas de Mentos utilizando para ello una aguja de hacer punto y luego se atraviesan con un palillo cilíndrico de madera. Se atraviesa con el palillo un tapón agujereado y se coloca encima un pequeño trozo de porexpán o una pequeña pinza. Se quita el tapón de una botella de gaseosa y se sustituye rápidamente por el tapón agujereado con los Mentos y el porexpán. A continuación se coloca la botella bien lejos del sofá y de otros muebles que no queramos ver empapados.

    Se quita el trozo de porexpán y caerá el palillo con los Mentos, generando un chorro de líquido que saldrá por el orificio practicado al tapón. Ya tenemos una fuente en casa.

  4. Quemar el acero

    El objetivo es ver arder cuerpos que parecían no ser combustibles, como el acero. Antes de empezar, debemos aprovisionarnos de un trozo de lana de acero del nº0 (un material parecido a un estropajo que se usa para pulir algunas superficies y se vende en ferreterías), una pila de 9 voltios, un soporte y papel de aluminio. Solo tenemos que cortar un trozo de lana de acero aproximadamente de unos 20x20 cm y colocarlo sobre el soporte. El papel de aluminio se pone en la base. Con cuidado, se acerca la pila de 9 voltios a la parte inferior y se observa el resultado. El efecto es muy llamativo, pero como siempre que hay fuego de por medio ¡mucho cuidado!

  5. El agua que cambia de color

    La col lombarda (col roja), al igual que otros vegetales, posee un pigmento llamado antocianina que cambia de color dependiendo del pH (grado de acidez) del medio en el que se encuentre, variando del color rojo en un medio ácido al azul en uno neutro o al verde en uno alcalino.

    Debemos cocer varias hojas de col unos diez minutos en agua (a ser posible, destilada) que se coloreará de azul oscuro. Se deja enfriar y se filtra para obtener el líquido de la cocción.

    Disponemos de cinco vasos. En el primero, no añadimos nada. En el segundo, añadimos unas gotas de un ácido débil (vinagre o limón); en el tercero, unas gotas de ácido fuerte, como ácido sulfúrico concentrado o unas gotas de agua fuerte comercial (ácido clorhídrico); y en el último, unas gotas de lejía. Llenamos los vasos hasta la mitad con agua, añadimos un poco de indicador de lombarda en cada uno y aparecerán los colores azul, violeta, verde, rojo y amarillo, respectivamente.

  6. Un motor eléctrico

    Los materiales son: una pila de 1,5 voltios, tipo AA; un cable de cobre sin esmaltar; imanes de neodimio circulares y unos alicates. Todos los materiales se pueden conseguir en cualquier tienda de componentes electrónicos. El precio total no supera los 5 euros.

    Se corta un trozo de cable de cobre de 15 cm y se le da una forma rectangular, por ejemplo, de tal manera que haga contacto con el polo positivo de la pila (el que tiene un saliente) y el imán.

    Se coloca el imán en el polo negativo, en el que se quedará adherido al ser de metal. Es conveniente hacer una pequeña hendidura en el polo positivo para que no se escape el alambre al girar. Un vídeo del experimento, aquí.

  7. ¿Esto flota o no?

    Este experimento permite poner a prueba el principio de Arquímedes y ver cuáles son las condiciones necesarias para que un cuerpo pueda flotar o no. Hace falta una botella de plástico de 1 litro, un bote pequeño de vidrio (por ejemplo, de muestras de perfumes), una arandela metálica y, por supuesto, agua.

    Colocamos la arandela en la boca del botecito para conseguir que pese algo más y se pueda quedar vertical en el interior de la botella. La botella se llena completamente de agua y se introduce el bote con agua hasta la mitad y con la boca hacia abajo. Finalmente, se cierra fuertemente la botella con el tapón. Apretando las paredes de la botella se consigue que el bote baje, y soltando subirá. Si no sucede así, será debido a que la cantidad de agua del botecito hay que aumentarla o disminuirla.

    Cuando se aprieta la botella, entra agua en el botecito y presiona el arie encerrado en él; por tanto, el empuje disminuye, y al ganar peso, el bote baja. Lo contrario sucede cuando se suelta.

  8. El truco del agua que no sale del vaso

    Hacen falta un vaso de agua, una cartulina o plástico, una mosquitera, una bandeja, tijeras y pegamento. Recorta la mosquitera y pégala en la boca del vaso. Llena de agua el vaso total o parcialmente, tapa con el plástico y voltea. Ahora, retira el plástico y observa que el agua ¡no se derrama!

    La explicación es que se forman una serie de pequeñas láminas de agua en el entramado de la mosquitera que impiden la entrada de aire al interior del vaso y la salida del agua, siempre que se mantenga el vaso en posición horizontal.

  9. Luz polarizada

    Ten a mano dos láminas polarizadas, unas gafas polarizadas y un monitor de ordenador o televisión.

    Para la luz visible, el filtro polarizador más común es el Polaroid, que se emplea en las gafas y en las cámaras de fotografía. Con dos de estos filtros recortados de una lámina de Polaroid se puede observar el efecto de la polarización de la luz: el primero de ellos actúa como un polarizador, dejando pasar a su través la luz que vibra en un solo plano; el segundo filtro es el analizador y nos sirve para comprobar que la luz anterior estaba efectivamente polarizada.

    La pantalla de un monitor está polarizada, lo cual se puede comprobar fácilmente con uno de los filtros anteriores.

  10. Así cae el agua por un desagüe

    Para hacer este experimento, hacen falta dos botellas de gaseosa de litro y medio; dos tapones de plástico de las botellas; papel de aluminio; plancha eléctrica; taladro y colorante.

    Se enchufa la plancha y se coloca un trozo de papel de aluminio sobre ella. Encima se ponen los dos tapones boca arriba. Cuando comience a fundirse el plástico de los tapones, se retiran de la plancha y se juntan por su base plana aprovechando que el plástico fundido acabe por pegarlos.

    Con el taladro se hace un agujero de unos 8 mm a los dos tapones y se rodean ambos con cinta aislante para darles más consistencia. Se llena una de las botellas con agua coloreada para hacer más fácil su visión. Se enrosca el tapón a la botella y se coloca encima la otra botella, enroscada en el tapón superior. Si ahora se invierten las botellas y las agitamos, podemos comprobar cómo el agua pasa de una botella a otra de la misma manera que cuando sale por el lavabo: el aire contenido en la botella inferior sube por el orificio, mientras el agua cae de la botella superior a la inferior.