Recreación del sistema de la estrella KIC 3542116, con los exocometas alrededor
Recreación del sistema de la estrella KIC 3542116, con los exocometas alrededor - Danielle Futselaar

Detectan seis cometas de fuera de nuestro Sistema Solar

Los exocometas, del tamaño del Halley, orbitaban alrededor de una débil estrella a 800 años luz de la Tierra

MadridActualizado:

Científicos del MIT y otras instituciones, trabajando en estrecha colaboración con astrónomos aficionados, han descubierto las colas polvorientas de seis exocometas, cometas de fuera de nuestro Sistema Solar, cuando orbitaban alrededor de una débil estrella a 800 años luz de la Tierra. Estas bolas cósmicas de hielo y polvo eran más o menos del tamaño del cometa Halley y viajaban alrededor de 160.000 km por hora antes de que finalmente se vaporizaran al acercarse demasiado al astro. Se trata de algunos de los objetos más pequeños que se han encontrado hasta el momento fuera de nuestro sistema planetario.

La detección se realizó con datos del telescopio Kepler de la NASA, un observatorio estelar que se lanzó al espacio en 2009. Durante cuatro años, la sonda monitoreó alrededor de 200.000 estrellas para detectar las caídas en la luz estelar causadas por exoplanetas en tránsito. Hasta la fecha, la misión ha identificado y confirmado más de 2.400 exoplanetas, en su mayoría orbitando estrellas en la constelación de Cygnus.

De esos exoplanetas descubiertos, los más pequeños miden aproximadamente un tercio del tamaño de la Tierra. Los cometas, en comparación, abarcan solo varios campos de fútbol, o una pequeña ciudad en su mayor tamaño, lo que los hace increíblemente difíciles de detectar.

Sin embargo, el 18 de marzo, Jacobs, un astrónomo aficionado dedicado a revisar los datos de Kepler, pudo distinguir varios patrones curiosos de luz en medio del ruido. Jacobs, que trabaja de consultor de empleo para personas con discapacidades intelectuales durante el día, es miembro de «Planet Hunters», un proyecto de científicos ciudadanos para la búsqueda de exoplanetas.

Jacobs pasó cinco meses examinando los datos de Kepler, a menudo antes y después de su trabajo diario, y durante los fines de semana. «Buscar objetos de interés en los datos de Kepler requiere paciencia, persistencia y perseverancia», dice el aficionado. «Para mí es una forma de búsqueda del tesoro. Se trata de explorar y buscar donde pocos han viajado antes».

El objetivo de Jacobs era buscar cualquier cosa fuera de lo común que los algoritmos informáticos pudieran haber pasado por alto. En particular, tránsitos únicos: descensos en la luz de las estrellas que ocurren una sola vez, lo que significa que no son periódicas, como ocurre con la órbita de los planetas.

En su búsqueda, detectó tres tránsitos únicos alrededor de KIC 3542116, una estrella débil ubicada a 800 años luz de la Tierra (los otros tres tránsitos fueron encontrados más tarde por el equipo). Señaló los eventos y alertó a los científicos. Los investigadores estuvieron dándole vueltas al hallazgo durante un mes, porque no eran capaces de reconocer de qué se trataba, hasta que se dieron cuenta del patrón.

«Tan pequeño, tan lejano»

Las curvas de luz que identificó Jacobs parecían asimétricas, con una fuerte caída, seguidas de un aumento más gradual. Esa asimetría se parecía a los planetas en desintegración, con largos rastros de escombros que continuarían bloqueando un poco de luz a medida que el planeta se alejaba de la estrella. Sin embargo, tales planetas en desintegración orbitan alrededor de su estrella, transitando repetidamente. Por el contrario, Jacobs no había observado ningún patrón periódico en los tránsitos que identificó.

Así que los investigadores pensaron en un cuerpo que orbite alrededor de la estrella, se acerque demasiado a ella y se destruya al final. Y, en efecto, «lo único que se ajusta y tiene una masa lo suficientemente pequeña como para ser destruido, es un cometa», afirma Saul Rappaport, profesor de física en el Instituto Kavli de Astrofísica e Investigación Espacial del MIT.

El descubrimiento marca además la primera vez que se ha detectado un objeto tan pequeño como un cometa utilizando la fotometría de tránsito, una técnica mediante la cual los astrónomos observan la luz de una estrella para indicar descensos en intensidad. Tales depresiones indican potenciales tránsitos o cruces de planetas u otros objetos frente a una estrella, que bloquean momentáneamente una pequeña fracción de su luz.

En las nuevas detecciones, los investigadores pudieron distinguir la cola de los cometas, o un rastro de gas y polvo, que bloqueaba aproximadamente la décima parte del 1% de la luz de la estrella durante varios meses cuando el cometa pasaba raudo antes de desaparecer.

«Es sorprendente que algo de varios órdenes de magnitud más pequeño que la Tierra pueda detectarse simplemente por el hecho de que está emitiendo una gran cantidad de desechos», dice Rappaport. «Es bastante impresionante poder ver algo tan pequeño, tan lejano».

Los investigadores creen que el descubrimiento puede ayudar a revelar algunas verdades sobre nuestro propio Sistema Solar. «¿Por qué hay tantos cometas en las partes internas de estos sistemas solares?», se pregunta Andrew Vanderburg, del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian y coautor del estudio. «¿Es esta una era de bombardeo extremo en estos sistemas? Esa fue una parte realmente importante de nuestra propia formación del Sistema Solar y puede haber traído agua a la Tierra. Tal vez estudiar los exocometas y descubrir por qué se encuentran alrededor de este tipo de estrellas podría darnos una idea de cómo ocurre el bombardeo en otros sistemas solares».