Representación del posible noveno planeta del Sistema Solar. Hasta ahora, solo hay una hipótesis que explica su existencia en base a las órbitas de seis pequeños cuerpos
Representación del posible noveno planeta del Sistema Solar. Hasta ahora, solo hay una hipótesis que explica su existencia en base a las órbitas de seis pequeños cuerpos - REUTERS/R. Hurt/Caltech/IPAC/Handout

El «culebrón» del Planeta Nueve sigue sin resolverse

Un estudio presentado en «Astrophysical Journal Letters» ha tratado de estimar cuál sería el origen más probable del noveno planeta del Sistema Solar, pero ninguna de ellas ha resultado ser muy probable

MADRIDActualizado:

A principios de este año, científicos presentaron pruebas de un noveno planeta en el Sistema Solar, con la masa de Neptuno y en una órbita elíptica 10 veces más lejos del Sol que Plutón.

Desde entonces, los teóricos se han preguntado sobre cómo este planeta podría terminar en una órbita tan lejana, y la NASA ha pedido cautela sobre este posible hallazgo. Una nueva investigación de astrónomos del Centro Harvard-Smithsoniano para Astrofísica (CfA) examina una serie de escenarios y encuentra que la mayoría de explicaciones sobre el origen del Planeta Nueve tienen bajas probabilidades de ser ciertas. Por lo tanto, la presencia del Planeta Nueve sigue siendo un misterio.

«La evidencia apunta a la existencia del Planeta Nueve, pero no se puede explicar con certeza cómo se formó», dice el astrónomo del CfA Gongjie Li, autor principal de un artículo aceptado para su publicación en la revista «Astrophysical Journal Letters».

El Planeta Nueve orbitaría al Sol a una distancia de unas 400 - 1500 unidades astronómicas, (una unidad astronómica o a.u. es la distancia media de la Tierra al Sol). Esto lo sitúa más allá de todos los otros planetas de nuestro sistema solar. La pregunta es: ¿Cómo se formó allí, o cómo se formó en otro lugar y acabó en su órbita inusual después?

Li y su co-autor Fred Adams (Universidad de Michigan) realizaron millones de simulaciones por ordenador con el fin de considerar tres posibilidades. La primera y más probable implica una estrella pasó y arrastró al planeta Nueve. Este tipo de interacción no sólo empuja al planeta a una órbita más amplia, sino también hace que la órbita sea más elíptica. Y puesto que el Sol se formó en un cúmulo de estrellas con varios miles de vecinos, tales encuentros estelares fueron más comunes en la historia temprana de nuestro Sistema Solar.

Sin embargo, consideran que sería más probable que una estrella intrusa tirase del Planeta Nueve por completo y lo expulsara del Sistema Solar. Li y Adams encontraron sólo una probabilidad del 10 por ciento, a lo sumo, de que el Planeta Nueve hubiera llegado a su órbita actual desde otra parte.

El otro gigante de gas

El astrónomo del CfA de Scott Kenyon cree que puede tener la solución a esta dificultad. «La solución más sencilla es que el Sistema Solar haya producido un gigante gaseoso (como Júpiter) extra», dice Kenyon. Proponen que el Planeta Nueve se formó mucho más cerca del Sol y que luego interactuó con otros gigantes gaseosos, como Júpiter y Saturno. Una serie de patadas gravitacionales, a continuación, podrían haber llevado al planeta a una órbita elíptica más y más grande con el tiempo.

«Es como empujar a un niño en un columpio. Si se les da un empujón en el momento adecuado, una y otra vez, van a ir más y más alto», explica Kenyon. «Ahora, el reto es no empujar el planeta tanto que sea expulsado del Sistema Solar».

Kenyon y Bromley también examinaron la posibilidad de que el Planeta Nueve se formase realmente a una gran distancia. «Lo bueno de estos escenarios es que en el futuro serían observacionalmente comprobables», señala Kenyon. «Un gigante de gas dispersado tendría el aspecto de un Neptuno frío, mientras que un planeta que se formó en su lugar se parecerá a un Plutón gigante sin gas».

Por último, Li y Adams también analizaron dos posibilidades más extremas: una es que el Planeta Nueve fuera un exoplaneta que fue capturado desde un sistema estelar de paso, o un planeta de libre flotación que fue capturado cuando pasó a la deriva cerca de nuestro Sistema Solar. Sin embargo, concluyen que las posibilidades de cualquiera de los casos son de menos de 2 por ciento.