Rodrigo de Xerez, el primer europeo fumador, se aficionó al tabaco en Cuba
Rodrigo de Xerez, el primer europeo fumador, se aficionó al tabaco en Cuba - Wikipedia

Cuando fumar en España era motivo de cárcel

El andaluz Rodrigo de Xerez, el primer europeo fumador, fue condenado a siete años de prisión por echar humo por la boca

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Hace unos días hemos celebrado el día Mundial sin tabaco, una efeméride que se conmemora en todo el mundo desde 1987. Son sobradamente conocidos los perjuicios del tabaco y que su adicción es la principal causa de muerte prevenible en los países desarrollados, pero quizás no sea tan conocida la historia del primer fumador europeo.

Rodrigo de Xerez fue uno de los vecinos más ilustres de Ayamonte y tuvo la fortuna de surcar el Océano Atlántico, a bordo de la Santa María, en el viaje del Descubrimiento del Nuevo Mundo. Sabemos que durante mucho tiempo vivió en una casa de la calle Viriato, en el marinero barrio del Salvador, y que allí se alojó en más de una ocasión Cristóbal Colon.

Al parecer, cuando el Almirante arribó en una isla a la que los indígenas llamaban Cuba y a la que él bautizó con el nombre de Juana, en honor del príncipe heredero de la Corona de Castilla, mandó a dos exploradores adentrarse e inspeccionarla en busca del Gran Kan. Los dos elegidos fueron Rodrigo de Xerez y el judío converso Luís de Torres. En aquel momento ni ellos, ni el resto de los expedicionarios, sabían que no estaban ni en China ni en Japón, sino en un nuevo continente.

Los marineros regresaron a la nao maravillados por lo que habían descubierto, contaron al resto de sus compañeros que habían sido testigos de cómo numerosos indígenas que en aquella isla habitaban prendían una especie de mosquetones fabricados con algo similar al papel y que chupaban de ellos con deleite.

Al parecer los nativos portaban yerbas secas, envueltas en otra hoja, también seca, enrollada y encendida por un extremo, mientras tenían el otro extremo en la boca, chupando y aspirando el humo que luego arrojaban en forma de nubecillas. Más adelante se enterarían de que los indígenas utilizaban diversos nombres para designar a tan curiosos canutos, entre ellos tabaco, yapoquete y cobijas.

De cosa del diablo...

La simpatía por el tabaco no tardó en cuajar entre la marinería y uno de los que más se aficionaron fue el propio Rodrigo de Xerez, que al parecer fumaba con gracia y soltura. Cuando llegó el momento de regresar a la Península a bordo de la “Niña” el ayamontino se negó a abandonar la costumbre adquirida en tierras americanas, por lo que no dudó en llenar su zurrón con aquellas hierbas “maravillosas”.

Es fácil imaginar la cara de asombro de la multitud que se apiñó en Sevilla para recibir a los descubridores cuando en cubierta observaron que uno de los marineros no dejaba de exhalar humo por la boca, como si de un dragón se tratase.

Mayor revuelo si cabe se produjo en Ayamonte. Sus vecinos miraban con reconcomio a Rodrigo y adujeron, en un singular ejercicio de sentido común, que expulsar humo por la boca tan sólo podía ser cosa del diablo. La cosa fue a mayores cuando su esposa optó por tomar cartas en el asunto y decidió denunciarlo a la Inquisición. El Santo Tribunal, después de un lapidario análisis de la situación, acabó encontrando indicios de brujería y, en consecuencia, le condenó a siete años de prisión. En cualquier caso, de buena se libró Rodrigo porque podía haber acabado en la hoguera. Cuando el marinero cumplió el castigo y fue liberado, ironías de la vida, el hábito de fumar era una práctica común en nuestro país.

...a la panacea

Durante décadas el tabaco fue considerado un remedio muy eficaz para curar diversas dolencias, entre las cuales se encontraban la ceguera y el asma. Sabemos que en la calle Sierpes de Sevilla abrió su consulta el doctor Nicolás Monardes (1508-1588), que llegó a utilizar el tabaco para curar la artritis, la halitosis, la cefalea y el dolor de estómago. Tanto confió este galeno en la planta que llegó a fabricar incluso píldoras de tabaco.

En 1560 Jean Nicot, el embajador francés en Portugal, envió a la reina Catalina de Médicis, polvo de hojas de tabaco para curar sus frecuentes migrañas. Al parecer el tratamiento fue efectivo, lo cual propició un prestigio inesperado a la planta del tabaco al tiempo que fue bautizada con el nombre de “nicotiana”.

Para finalizar, si tiene previsto realizar próximamente un viaje a Bután es conveniente que sepa que es el único país del mundo en el que la venta de tabaco es ilegal y que fumar está prohibido, cualquier persona que incumpla esta ley puede ser condenada a una pena de cárcel que oscila entre 5 y 9 años.