Recreación de los trece neandertales de El Sidrón. J1 es el primer niño por la izquierda. Detrás, su madre con su hermano pequeño en brazos - Universidad de Oviedo

El cerebro más lento de los neandertales

Científicos del CSIC reconstruyen el patrón de desarrollo de un niño de 7 años de la otra especie humana inteligente hallado en la cueva asturiana de El Sidrón. El pequeño era diestro y ya realizaba tareas de adulto

MadridActualizado:

El desarrollo del cerebro humano, de un gran tamaño, requiere de una importante cantidad de energía, motivo por el que durante la infancia se ralentiza el crecimiento del cuerpo hasta el estirón de la adolescencia. Esa estrategia vital que prioriza el cerebro por encima de todo se creía exclusiva de nuestra especie, el Homo sapiens, pero resulta que no es así. Los neandertales, la otra especie humana inteligente, también la compartían, aunque con algunas diferencias. La más señalada es que a la edad a la que nuestros hijos ya han terminado de desarrollar su capacidad craneal, los neandertales todavía estaban en ello. Esta es la principal conclusión a la que ha llegado un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) tras analizar el esqueleto de un niño neandertal de 7,7 años que vivió hace 49.000 años en la cueva asturiana de El Sidrón. La investigación aparece publicada en la prestigiosa revista Science.

Esqueleto del niño neandertal recuperado en la cueva de El Sidrón
Esqueleto del niño neandertal recuperado en la cueva de El Sidrón- Grupo de Paleoantropología MNCN-CSIC

Del pequeño, identificado como El Sidrón J1, se han recuperado 138 piezas de las que treinta son dientes -algunos de leche- y parte del esqueleto, incluidos fragmentos del cráneo. En el momento de su muerte pesaba 26 kilos y medía 111 cm. Los investigadores creen que se trataba de un varón por los análisis de sus dientes caninos y la robustez de sus huesos. Pertenecía a una familia de trece individuos cuyo parentesco está confirmado por el ADN. Su madre está identificada y tenía un hermano menor.

A pesar de su corta edad, el chaval, diestro, «era un aprendiz que ya realizaba tareas de adulto, como el uso de la boca como una tercera mano para sujetar pieles y fibras vegetales, lo que deja en los dientes unas marcas reconocibles en el microscopio», explica el paleoantropólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales y autor principal del estudio, Antonio Rosas. Además, sufrió una hipoplasia, manchas blancas en el esmalte, cuando tenía 2 o 3 años, posiblemente provocadas por una enfermedad o la malnutrición.

Como si lo llevaran a una revisión pediátrica, los investigadores compararon las características de maduración de J1 con las de once humanos modernos de su misma edad y comprobaron que su esqueleto, dentición y tamaño se encontraban dentro de los mismos parámetros. Es decir, su ritmo de desarrollo era muy similar al de un niño sapiens. «Posiblemente este modelo es heredado de un último antepasado común a las dos especies, quizás el Homo anteccesor (considerada la especie homínida más antigua de Europa y cuyos restos fueron encontrados en la sierra de Atapuerca, en Burgos)», apunta Rosas.

Vértebras inmaduras

Sin embargo, el equipo sí detectó dos diferencias importantes. Una es el estado de maduración de las vértebras, más parecidas a las de una criatura humana de 5 o 6 años, y la otra el del cerebro. Mientras que el de nuestros pequeños de 6 años ya ha alcanzado el tamaño adulto (1.350 centímetros cúbicos), el de J1 todavía estaba creciendo.

Los investigadores Antonio García-Tabernero, Antonio Rosas y Luis Ríos junto al esqueleto del estudio
Los investigadores Antonio García-Tabernero, Antonio Rosas y Luis Ríos junto al esqueleto del estudio- Grupo de Paleoantropología MNCN-CSIC

«El período de crecimiento del cerebro neandertal era más largo que el nuestro», apunta Rosas, pero «cómo esto influía en su vida y en su inteligencia es algo muy complejo que todavía no sabemos», señala. Lo cierto es que los neandertales también se consideran seres inteligentes. Por ejemplo, se sabe que se adornaban, se medicaban, cocinaban o enterraban a sus muertos. La explicación de ese desarrollo más pausado, creen los científicos, radica en que los neandertales tenían una capacidad craneal mayor que la nuestra. Los adultos alcanzaban los 1.520 cm cúbicos, y J1 ya tenía 1.330. «Necesitaban más tiempo para llegar a ese volumen», argumenta el investigador.

El motivo de la muerte de J1 no se conoce, ya que no hay ninguna evidencia en el esqueleto que permita establecerlo, pero el pequeño sí tiene marcas que indican que fue víctima del canibalismo, una práctica habitual entre los neandertales de El Sidrón. «El modelo de canibalismo (hay varios) será objeto de una próxima investigación, esperamos que pronto», anuncia Rosas. J1 aún puede desvelar más secretos sobre la niñez de esa fascinante especie extinta que desapareció de Europa hace unos 40.000 años.