segunda Guerra Mundial La extraña mutación genética que ayudó a los soviéticos a resistir el mayor asedio nazi

Un nuevo estudio ha desvelado que algunos de los supervivientes del sitio de Leningrado sufrieron cambios en su organismo que les permitieron resistir la hambruna

Dos piezas de artillería anti aérea vigilan el cielo de Leningrado
Dos piezas de artillería anti aérea vigilan el cielo de Leningrado - Wikimedia
M.P.V. - @abc_es - Madrid - Actualizado: Guardado en: Ciencia

Un 22 de junio de 1941, la Alemania nazi inició la invasión de la Unión Soviética en la denominada «Operación Barbarroja», un plan que comenzó con un rápido avance de la «Wehrmacht» y la «Luftwaffe» a través del territorio de Stalin. Durante los meses siguientes, los rusos llevaron a cabo una resistencia a ultranza de sus territorios en base a las órdenes de su líder y al «sagrado deber» de resistir. Una premisa que provocó que se vivieran sucesos tan tristes como los de la ciudad de Leningrado (actual San Petersburgo), la cual fue asediada por los nazis –que no lograron tomarla debido a la tenacidad de sus defensores- durante nada menos que 872 días.

Aquella heroicidad costó miles de vidas de civiles, pues la comida pronto empezó a escasear y los ciudadanos, a morir de inanición. Sus condiciones de vida fueron tan penosas que algunos recurrieron al canibalismo para no comprar un billete solo de ida al otro barrio. ¿Cómo es posible, entonces, que muchos resistieran más de dos años de sitio hasta que la región fue liberada por el Ejército Rojo? Según un estudio realizado por Oleg Glotov, del Instituto de Obstetricia, Ginecología y Reproducción de Ott, todo se debió a una serie de extrañas mutaciones genéticas que permitieron a los soviéticos ser más resistentes al hambre y el frío.

A la medida de la U.R.S.S.

Tal y como afirma la versión digital de la revista «GenomeWeb», esta investigación –dirigida por Glotov- ha sido elaborada en base a las pruebas realizadas a 200 de los supervivientes del sitio de Leningrado. Estas han desvelado que una buena parte de ellos contaban con sutiles modificaciones genéticas relacionadas con el metabolismo y el ahorro de energía. Concretamente, casi un tercio de los soviéticos que formaban parte de la muestra sufrieron alteraciones en los genes UCP3, Ppara y PPARd, lo que aumentó la eficacia de sus mitocondrias (encargadas de suministrar la energía al cuerpo) y les permitieron, entre otras cosas, salvaguardar su temperatura corporal.

El asedio fue iniciado por ejército alemán en septiembre de 1941. Por entonces cualquier ayuda era poca para los ciudadanos, pues –cuando empezaron a escasear los alimentos- los soviéticos que residían en la ciudad apenas ingerían 200 calorías al día (cuando lo recomendable para un adulto sano son de 1.500 a 2.000 por jornada). La desesperación fue tal que algunos de los sitiados engañaban a sus compatriotas para matarles sin que ningún vecino se enterase y, posteriormente, comerse su carne.

De poco sirvió que, durante el sitio, los defensores trataran de crear caminos alternativos para llevar comida hasta la ciudad, pues hubo que esperar hasta enero de 1944 para que el Ejército Rojo expulsara de Leningrado al 18º Ejército germano. Eso, 872 días después del asedio (más de dos años). Lo que los hombres de Stalin se encontraron en la ciudad fue dantesco, pues –como bien informan los registros de salud actuales- más de un 90% de los supervivientes habían perdido peso y, algunos de ellos, hasta la mitad de su masa corporal.

Tal ha sido la espectacularidad de los resultado que el estudio ya ha recibido críticas. Una de ellas ha venido de la mano de Stephen O'Brien, director del «Theodosius Dobzhansky Center for Genome Bioinformatics». Y es que, este explicó a «Science» que, aunque el estudio era fascinante y provocador, la muestra no era lo suficientemente grande como para establecer conclusiones. «Es algo más sugerente que otra cosa», ha señalado el experto.

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