Los investigadores creen que sus resultados pueden ser útiles en la comprensión de los trastornos de atención
Los investigadores creen que sus resultados pueden ser útiles en la comprensión de los trastornos de atención - Fotolia

El tamaño de tus pupilas revela a qué prestas atención

Los cambios en esa parte del ojo en respuesta a distracciones pueden predecir cómo el cerebro se centra en un objetivo

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Cuando una persona realiza cualquier actividad, ya sea hacer un examen o pasear al perro por una calle muy transitada, su capacidad para no prestar atención a señales y sonidos irrelevantes (el ruido del deslizar del lápiz sobre el papel que hace el compañero de pupitre o las risas de unos niños que juegan en un parque) o sí hacerlo ante peligros potenciales (la alarma de que solo quedan 10 minutos para entregar el test o la bocina de un coche) es una decisión crucial para el éxito e incluso para la supervivencia. Pero, ¿cómo hace el cerebro para sopesar esas distracciones? Investigadores de la Universidad de Duke han mirado a los ojos de los monos para hacerse una idea, y han descubierto que los cambios en el tamaño de la pupila podrían predecir cómo el cerebro se centra en un objetivo.

«A dónde van los ojos y la cantidad de información visual que obtienen parecen decirnos mucho acerca de lo que está pasando dentro del cerebro», dice Michael Platt, director del Instituto Duke de Ciencias del Cerebro y el Centro de Neurociencia Cognitiva. En el nuevo estudio, Platt y su equipo entrenaron a unos monos para cambiar su mirada hacia un objetivo visual con el fin de obtener una recompensa. Durante esta tarea, los científicos disparaban rápidas imágenes de rostros de otros monos en la periferia de la pantalla.

Los monos suelen encontrar a sus congéneres terriblemente interesantes, imposibles de ignorar, y este experimento no fue la excepción: los monos fracasaban a menudo en la tarea y se quedaban sin recompensa porque se fijaban en las caras de los otros, especialmente si los rostros representaban alguna emoción.

Cuando los seres humanos se debaten entre prestar atención a dos cosas diferentes, se dispara un circuito de «conflicto» en una región del cerebro llamada corteza cingulada anterior dorsal (CCAD), que es parte de una estructura cerebral mayor en la que se controla el pensamiento racional y las emociones.

Utilizando un pequeño sensor implantado en el CCAD de los monos, el grupo de Platt fue capaz de medir la actividad eléctrica de las neuronas individuales. El equipo encontró un conjunto de neuronas que estaban activas sólo cuando los monos estaban completando la tarea y trataban de anular las caras distractoras, pero no cuando se enfrentaban a uno de los estímulos por sí solos.

Para Platt, eso fue sorprendente, porque algo así nunca antes se había encontrado en los monos. «No pensé que veríamos señales de conflicto, porque otros estudios las habían buscado sin encontrarlas», reconoce. Como resultado, los científicos habían empezado a creer que esa activación podría ser exclusivamente humana. Sin embargo, cuantas más activas eran las neurona en el CCAD, mejor ignoraban los monos las caras distractoras en la prueba.

Lucha o huida

«Experimentar un conflicto o cometer un error es algo que normalmente nos crispa, quizás por la activación de nuestra respuesta de lucha o huida, la cual puede interferir con nuestra habilidad de concentrarnos en una tarea», dice R. Becket Ebitz, investigador de la Universidad de Stanford y principal autor del estudio.

La respuesta de lucha o huida provoca una liberación de la hormona del estrés noradrenalina, amplía las pupilas y permite a una persona obtener más información acerca de su entorno.

Curiosamente, las pupilas de los monos parecían cambiar de tamaño para compensar lo difícil que era la tarea. Se estrechaban cuando las caras se volvían más difíciles de ignorar, y cuantas más pequeñas las tenían, mejores eran los monos realizando los ensayos posteriores.

Aunque hubo una fuerte relación entre la actividad de las neuronas, el tamaño de la pupila y la capacidad de ignorar las caras, las tres medidas fueron simplemente correlacionadas. Saber a ciencia cierta si las señales de conflicto en el cerebro y el tamaño de la pupila causaban que los monos realizaran un mejor desempeño requiere más estudio, reconocen los investigadores.

Trastorno de hiperactividad

Los resultados, que aparecen en la revista Neuron, podrán ayudar a comprender mejor el trastorno de hiperactividad con déficit de atención u otros en los que los mecanismos para mantener la atención no funcionan correctamente. También podrían inspirar nuevas formas de mejorar nuestro desempeño en la escuela o en el trabajo, según los investigadores.

En los últimos años, la ciencia conoce cada vez mejor la importancia de los movimientos oculares y el tamaño de la pupila para enfocar la mente, y cómo el cerebro podría regular estos comportamientos. Sobre la base de estos estudios, una nueva generación de automóviles puede leer nuestros ojos para detectar signos de distracción o somnolencia, por ejemplo. Y en clínicas y hospitales, las pupilas pueden ayudar a diagnosticar o identificar a las personas en situación de riesgo de sufrir una enfermedad mental, como la ansiedad, o la eficacia de terapias potenciales.