Los restos de «Naia» se encontraron a 40 metros de profundidad en la cueva «Hoyo Negro», en México - PAUL NICKLEN / NATIONAL GEOGRAPHIC

Naia, la primera americana

El esqueleto de una joven de hace al menos 12.000 años confirma que los primeros pobladores del nuevo mundo llegaron en una única migración desde Asia a través del estrecho de Bering

Actualizado:

Sumergida a 40 metros bajo el nivel del mar, en las profundidades de una cueva inundada en la península del Yucatán tan oscura que se conoce como Hoyo Negro, yacieron durante al menos 12.000 años los restos de «Naia». Este es el nombre que recibió el esqueleto casi completo de una joven de 1,47 metros de altura que debió caer en aquella espectacular cavidad mexicana y que fue descubierto en 2011 durante una exploración.

Es uno de los esqueletos más antiguos encontrados hasta ahora en el continente americano y, con diferencia, el más completo de los restos hallados de los primeros pobladores, puesto que cuenta con todos los huesos principales, así como con un cráneo y una dentadura intactos. Desde los tiempos del Pleistoceno, «Naia» tiene ahora mucho que contar a los científicos.

Según un estudio llevado a cabo por un equipo internacional de investigadores y buzos que se publicó este jueves en la revista «Science», los restos, en extraordinario estado de conservación, aportan datos esclarecedores sobre los orígenes de los primeros habitantes del continente americanos, aquellos que cruzaron desde Asia en la última glaciación a través de una pasarela terrestre por lo que ahora es el estrecho de Bering.

A través de la información genética obtenida de uno de los dientes de la infortunada «Naia», que apareció rodeada de una variedad de especies animales ya extinguidas de la faz de la Tierra, se ha podido establecer un vínculo entre aquellos primitivos pobladores y los modernos nativos americanos, de manera que los autores del estudio descartan que se produjeran inmigraciones por separado de distintos lugares de fuera de América.

Se trata de la primera vez que los científicos han logrado relacionar un esqueleto que tiene las características faciales y craneales de los antiguos americanos, o paleoamericanos, con el ADN de los cazadores-recolectores que se trasladaron por el puente de Bering desde el noreste asiático entre 26.000 y 18.000 años atrás y que después se extendieron hacia el sur en algún momento hace 17.000 años.

El profesor Ripan Malhi, del Instituto de Biología Genómica y antropólogo de la Universidad de Illinois, asegura que los investigadores «han sido capaces de identificar el linaje genético con alto grado de certeza», lo que muestra que los actuales nativos americanos y estos restos antiguos de la chica que hemos analizado todos proceden de la misma fuente de población durante el poblamiento inicial de las Américas».

Los resultados del estudio sugieren que «las diferencias entre los dos son resultado de una evolución in situ en lugar de migraciones separadas de distintos puntos del viejo mundo», señala el autor principal, James Chatters de Applied Paleoscience.

Análisis del ADN

Para llegar a esa conclusión, los laboratorios de Brian Kemp en la Universidad del Estado de Washington y Deborah Bolnick en la Universidad de Texas extrajeron y analizaron de forma independiente ADN mitocondrial del diente del esqueleto, ya que el material genético de la mitocondria es más abundante que el del núcleo de las células, por lo que es más fácil estudiarlo.

Otra de las investigadoras, Patricia A. Beddows, que se ha que adentrado en las aguas de Hoyo Negro para rastrear los orígenes de los primeros americanos en el entorno donde se encontraron los restos de «Naia», asegura que es «increíble» el grado de conservación de todos los huesos en esta profunda cueva, donde estaban «hermosamente expuestos», explica.

«El esqueleto de la chica está excepcionalmente completo gracias al entorno en el que falleció», asegura. Según Beddows, de la universidad estadounidense Northwestern, esta adolescente acabó sus días «en las aguas correctas y en un lugar tranquilo sin tierra alguna». «Su conservación inmaculada -añade- permite a nuestro equipo extraer elsuficiente ADN para determinar su código genético compartido con los modernos nativos americanos».

Además, comprendiendo la formación de las cuevas poco profundas y el pozo en el cual cayó la joven, conocemos que ella y los animales visitaron un lugar que estaba como lo vemos ahora, salvo por el menor nivel de agua que había en el fondo».

«Estos descubrimientos son extremadamente relevantes», asegura Pilar Luna, directora de arqueología subacuática del Instituto Nacional de Atropología e Historia del gobierno mexicano, que lidera el proyecto para la exploración de Hoyo Negro. «No solo arroja luz sobre los orígenes de los modernos americanos, sino que demuestra claramente el potencial paleontológico de la península del Yucatán y la importancia de conservar el extraordinario legado de México».

Proyecto de exploración

El proyecto Hoyo Negro, respaldado por la sociedad National Geographic, se puso en marcha a raíz del descubrimiento en 2007 de esta profunda cavidad sumergida perteneciente al sistema de cuevas Sac Actun, veinte kilómetros al norte de la ciudad de Tulum.

El explorador Alberto Nava, miembro del equipo que descubrió Hoyo Negro en 2007, admite: «No teníamos ni idea de lo que podíamos encontrar cuando entramos por primera vez, que es precisamente el encanto de la exploración de sumergirse en las cuevas». «No hace falta decir -agrega- que estoy increíblemente orgulloso de ser parte de los esfuerzos por compartir con el mundo la historia de Hoyo Negro».