La nariz humana puede distinguir más de un billón de olores
Un de los cientos de viales con aromas que los voluntarios intentaron distinguir - Zach Veilleux / The Rockefeller University

La nariz humana puede distinguir más de un billón de olores

Este sentido es mucho más potente de lo que se creía hasta ahora, según un estudio experimental

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Puede que sea el sentido humano más menospreciado, en un mundo en el que, muy probablemente por fortuna, imperan los desodorantes, los jabones, la comida empaquetada y todo tipo de productos de limpieza. Sin embargo, nuestro anestesiado olfato es mucho más potente de lo que creemos. Investigadores del Laboratorio de Neurogenética de la Universidad Rockefeller, en Nueva York, aseguran que la nariz humana puede distinguir más de un billón de mezclas de olores, mucho más de lo que se creía.

Hasta ahora, se aceptaba de manera general que los seres humanos diferenciamos entre 10.000 olores. Los expertos creían que este número era «ridículamente pequeño», pero hacía falta una prueba científica real.

La calidad de un olor tiene múltiples dimensiones, porque los olores que nos encontramos en la vida real se componen de mezclas complejas de moléculas. Por ejemplo, el olor característico de la rosa tiene 275 componentes, pero solo un pequeño porcentaje de ellos domina el olor percibido. Eso hace que el olor sea mucho más difícil de estudiar que la visión y el oído. A modo de comparación, los investigadores estiman que el número de colores que podemos distinguir van entre un 2,3 y 7,5 millones y los tonos audibles en unos 340.000.

Naranja, anís y menta

Para superar esta complejidad, Andreas Keller, responsable del estudio, combinó olores y pidió a voluntarios si podían distinguir entre las mezclas con algunos componentes en común. «Nuestro truco es que utilizamos mezclas de moléculas de olor, y usamos el porcentaje de superposición entre las dos mezclas para medir la sensibilidad del sentido del olfato de una persona», explica el investigador. Para crear sus mezclas, Keller se basó en 128 moléculas responsables de dar olor a la naranja, el anís y la menta verde, entre otros. Después, los mezcló en combinaciones de 10, 20 y 30 con diferentes proporciones de los componentes en común. Los voluntarios recibieron tres viales, dos de los cuales contenían mezclas idénticas, y se les pidió que eligieran el impar.

Los resultados, publicados esta semana en la revista Science, muestran que, como promedio, los voluntarios podían decir la diferencia entre las mezclas que contienen hasta un 51% de los mismos componentes. Cuando las mezclas comparten más de la mitad de sus componentes, menos voluntarios eran capaces de diferenciarlas.

Mediante el análisis de los datos, los investigadores pudieron calcular el número total de las mezclas distinguibles, y creen que el billón puede ser incluso un número demasiado bajo, debido a que hay muchas, muchas más moléculas de olor en el mundo real que se pueden mezclar en muchas más formas.

Keller cree que nuestros antepasados usaban y apreciaban más nuestro sentido del olfato que nosotros. La postura erguida levantó la nariz lejos de la tierra, donde se oiriginan la mayoría de los olores, y más recientemente, las conveniencias como refrigeradores y duchas diarias han limitado de manera efectiva los olores en el mundo moderno. «Esto podría explicar por qué nos importa menos el olfato que la audición y la visión», apunta.

Sin embargo, según los investigadores, el sentido del olfato sigue estando estrechamente vinculado a la conducta humana, y su estudio nos puede decir mucho acerca de cómo nuestro cerebro procesa información compleja.