Ciencia

Lejos de «Blade Runner»: la realidad de la robótica frente a la ciencia ficción

Películas y libros nos han hecho soñar con máquinas de aspecto humano pero los expertos señalan que aún queda un largo camino por recorrer

pablo pazos - Actualizado: Guardado en: Ciencia

Isaac Asimov dotó a los robots de tres leyes de obligado cumplimiento. Philip K. Dick se preguntó si los androides soñaban con ovejas eléctricas. Y James Cameron nos presentó a un cyborg, el Terminator, dispuesto a eliminar al futuro héroe de la rebelión frente a la opresión de las máquinas. Todos imaginaron entes de aspecto más o menos humano integrados en nuestro día a día. De momento, sin embargo, su alcance es más «modesto», por más que en fábricas, laboratorios y quirófanos su presencia vaya camino de convertirse en indispensable.

Si hacemos caso a Ridley Scott, dentro de 6 años Rick Deckard cazará replicantes bajo la lluvia en Los Ángeles. Se antoja poco probable. En una palabra: ciencia ficción. «Estamos un poco lejos de "Blade Runner"», confirma Manuel Ferre, vicedirector en el Centro de Automática y Robótica UPM-CSIC. «Por ahora, los robots son maniquíes que se mueven bien», explica.

Miguel Ángel Salichs, catedrático en Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad Carlos III de Madrid, incide en la misma idea: «La robótica está en sus comienzos. Como se han producido avances muy rápidos en informática y telecomunicaciones, se piensa que habrá robots como los de las películas mañana mismo. No estamos ahí».

Para Luis Montano, investigador principal del Grupo de Robótica de la Universidad de Zaragoza, si bien «la robótica ha avanzado mucho desde principios de siglo», para alcanzar lo descrito por Asimov y Dick «queda un largo camino, si es que alguna vez llega a ocurrir. Por ejemplo, los robots no serán capaces de desarrollar sentimientos». Se antoja que ese listón se colocó demasiado alto.

Ficción versus realidad

La dicotomía es la siguiente: lo que imaginaron unas mentes prodigiosas frente a lo que crean otras mentes no menos brillantes. «Las expectativas son muy grandes, a veces es complicado transmitir la situación real», admite Salichs.

¿Cuál es esa realidad? La robótica trabaja en tres grandes campos: aplicaciones industriales, de servicios y la denominada robótica portable. El industrial es el uso más antiguo. Data de los años 60 y se emplea, sobre todo, en la fabricación de automóviles. Brazos manipuladores que apenas han variado su aspecto pero que hoy son mucho más rápidos y precisos. Novedades que se presentan en salones como Robomática.

La robótica de servicios presenta un amplísimo abanico de aplicaciones: médica (ayuda al cirujano en intervenciones como la laparoscopia), militar (los drones), espacial, en operaciones de rescate, subacuática (inspección y recogida de muestras), de limpieza y un largo etcétera.

La robótica portable, por último, es aquella que incorpora una persona a su cuerpo en forma de prótesis o exoesqueletos. Tecnología que hace la vida más fácil a personas con movilidad reducida, véase ancianos, o que han sufrido la amputación de miembros. También se utiliza en trabajos pesados: una persona dotada de un exoesqueleto puede levantar pesos que sus músculos no soportarían.

Del Atlas a Urbano, pasando por Batbot

A la búsqueda de ejemplos concretos, acudimos al Centro de Automática y Robótica UPM-CSIC. El profesor Ferre desgrana los distintos prototipos en los que trabaja el centro. Ejemplo de los mencionados exoesqueletos es Atlas. Diseñado para una niña de 25 kilos con cuadriplejia, la estructura se adapta al tronco, la cadera, la rodilla, el tobillo y el pie. La energía la obtiene de una batería alojada en una mochila.

Coches y tractores sin conductor son otro campo de trabajo. Autopía es el nombre de un proyecto que logró que un automóvil, conectado a otro por GPS, viajara «solo» de El Escorial a Arganda del Rey, en Madrid. Rhea, a su vez, consiguió manejar un tractor mediante un robot que controlaba el vehículo desde el aire.

Son casos de aplicación práctica. Otros, como e ItunaBatbot , son «pura investigación», como los define Ferre. Imitan, respectivamente, a un murciélago y un atún, con el objetivo de recrear los movimientos de estos animales a partir de sus principios físicos. El problema: la corta duración de las baterías.

Y, finalmente, Urbano, lo más parecido a un robot que puede tener en mente un profano. Con un aspecto levísimamente humano, capaz de desplazarse por superficies planas e interactuar con personas, fue utilizado en el Museo de Ciencia Príncipe Felipe de Valencia. Con una limitación importante: una persona debía permanecer cerca de la máquina, vigilando en todo momento.

Retos robóticos

He ahí, precisamente, el gran reto que afrontan los investigadores. Todos coinciden. «Para nosotros es muy fácil interactuar, pero para una máquina es muy complicado. Es un problema de percepción. Para los robots es muy difícil obtener información sensorial en condiciones naturales», explica Salichs. Montano abunda: «Ahora son teledirigidos, no son operativos en sitios con obstáculos y mucha gente alrededor». Ese es el margen de mejora: que no puedan funcionar únicamente en entornos controlados. Según Ferre, «en 2020 habrá robots que se acerquen y te sirvan café. Pero un diálogo inteligente no es tan trivial. Resolver eventos imprevistos requiere inteligencia».

No acaban ahí los retos. Los robots necesitan ser más autónomos, disponer de energía durante más tiempo. El aspecto mecánico, que a veces, a ojos poco expertos, puede generar una impresión de cierta torpeza, también es susceptible de avanzar. Y en el campo de la tecnología portable, el gran salto llegará de la mano de la neurociencia: que un brazo o una pierna robóticos se muevan mediante señales cerebrales. Un área al que la revista «Science» dedica un número especial este mes bajo el epígrafe «Robótica y neuroprótesis».

En busca de pistas de hacia dónde viaja la robótica, son varios los puntos de referencia. Del 28 al 29 de noviembre se organiza en Madrid Robot 2013, que mostrará tanto la investigación como el desarrollo de nuevas aplicaciones tras las ediciones bianuales de Zaragoza, Barcelona y Sevilla. Este año, por primera vez, el encuentro abarca toda la península ibérica.

A nivel europeo, la estategia Horizonte 2020 incluye la ambiciosa Robotics Public Private Partnership, que busca unir a industria, investigadores y académicos, bajo el paraguas de la Comisión Europea, para impulsar la robótica de forma conjunta. «De 2014 a 2020 se va a producir un gran avance», vaticina Ferre.

En el resto del mundo, es en Japón, admiten los expertos, donde se registran los mayores avances en aspectos mecatrónicos, de diseño. Por su parte, Estados Unidos es el número 1 en aplicaciones para Defensa gracias a su fuerte inversión en I+D militar. Los polémicos drones, aviones no tripulados, están a la orden del día, aunque dado el secretismo que rodea este campo es difícil intuir en qué punto se encuentran otras aplicaciones.

Asimov tendrá que esperar

La conclusión es que la robótica ha logrado importantes avances, como amplio es su margen de mejora. En palabras del profesor Salichs: «Que haya mucho por hacer no significa que no haya que hacer nada. Al contrario».

Pero igualar los sueños de genios como Asimov y Dick oscila entre lo difícil y lo improbable. ¿Llevaron su imaginación demasiado lejos? «Fueron escritores adelantados a su tiempo», zanja, diplomático, Ferre, quien descarta que vayamos a convivir con «humanoides», máquinas a imagen y semejanza de las personas.

Precisamente es ése el punto que, para Montano, ayudará a una integración total. «En Japón están acostumbrados a que un robot pueda acompañar, por ejemplo, a una persona anciana. En Occidente hay cierto rechazo, vergüenza al hablar con un robot. Ayudará cuando tengan una apariencia más humana».

Salichs advierte: «En la ciencia ficción vemos maravillas que se pueden conseguir pero hace falta tiempo. Aunque desde fuera parece sencillo, es tremendamente complicado». El tiempo, ese bien tan preciado que se les agotaba a los replicantes de «Blade Runner», mostrará si sólo eran sueños o el anticipo de una realidad fascinante.

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