entrevista a ramón de veciana

«El desafío de Artur Mas es un golpe de Estado»

El portavoz de UPyD en Cataluña considera que «el derecho a decidir era el caballo de Troya de la independencia»

Ramón de Veciana, portavoz de UPyD en Cataluña
Ramón de Veciana, portavoz de UPyD en Cataluña - inés baucells
maría jesús cañizares - Barcelona - Actualizado: Guardado en: Actualidad

UPyD se ha propuesto lograr representación parlamentaria en Cataluña con un contundente discurso antinacionalista.

—¿En qué se basa la denuncia presentada contra Artur Mas?

—En que la nueva consulta del 9 de noviembre es un fraude de ley. La pregunta es la misma, bajo otro formato. Se pone al servicio del aparato ideológico todos los recursos humanos y económicos de la Generalitat, y se presiona a los funcionarios de enseñanza para que colaboren. El Gobierno parece que no quiere abordar este tema por razones políticas y el resto de los partidos no nacionalistas no mueven ficha. Al final es una cuestión de higiene democrática.

—Pero hay mucha gente que se cree ese engaño...

—Porque al final lo que interesa es el fin, no los medios. El derecho a decidir era el caballo de Troya de la independencia y cuando se cruza esa línea roja, da igual los procedimientos. Al final, lo que interesa es el aparato de propaganda para aparentar que la sociedad catalana tiene una voz unánime y está sometida al yugo español, y venderlo a los medios de comunicación extranjeros.

—¿Es el desafío más grande al Estado?

—En realidad es un golpe contra el Estado. Los golpes de estado no tienen por qué ser violentos, se puede hacer con un bolígrafo si eres civil o con un arma si eres militar. Mas utiliza las estructuras con que ha dotado el Estado a Cataluña para atacar al propio Estado. Se quiere subvertir el orden constitucional de forma tramposa. Se trata de una labor de 30 años, pues todo nacionalismo tiene como objetivo a largo plazo la independencia. A través del control de la enseñanza, de los medios de comunicación y de competencias pactadas con PP y PSOE, y sobre todo mediante la deslealtad institucional. Algo impensable en Alemania o Estados Unidos.

—¿Cuál debe ser la respuesta?

El proyecto constitucional de 1978 está agotado y sus costuras se están rompiendo. La Constitución es un ser vivo que debe cambiar al mismo tiempo que la sociedad. Hay que ir a un nuevo modelo de Estado, pero no para dar satisfacción a los nacionalismos, sino buscar un Estado más eficaz. Tenemos un Estado esclerótico, excesivamente administrativo, con demasiado reparto de competencias. Hay que buscar un Estado federal donde haya competencias troncales indelegables, como la sanidad, la justicia y la educación.

—A eso los nacionalistas lo llaman involución.

—Podemos optar por una política demoscópica, dar a la gente lo que pide, o una política donde se analizan los problemas, se estudian y se intentan resolver. Desde la transición hasta hoy, los problemas están perfectamente identificados y la única manera de resolverlos es dar este paso. Dar más autogobierno a Cataluña, País Vasco o Galicia aumenta el problema.

—¿Cabría un pacto de Estado para esa reforma constitucional?

—Sería fundamental. Los dos grandes partidos deberían dar ese paso, apoyados por los partidos constitucionalistas. El problema es que todo se hace en clave electoral, no con sentido de Estado. Rajoy piensa en las siguientes elecciones, mientras que el PSOE está muy debilitado. Pero los problemas se enquistan. En la transición, una persona que venía del Movimiento, Adolfo Suárez, fue valiente y supo entender la situación. Pero no creo que Rajoy ni Pedro Sánchez den el perfil.

—¿Qué perspectivas electorales tiene UPyD en Cataluña?

—Estamos esperanzados en lograr representación parlamentaria. Es difícil, pero somos un partido necesario. Todos los partidos se han mimetizado con el paisaje y se presentan en clave catalana, incluso el PP que se autodenomina catalán. UpyD es el único que puede aportar una perspectiva española, porque aunque el idioma suponga una peculiaridad, no hay una realidad catalana distinta a la española. Los problemas son comunes.

—¿Avanza el posible pacto con Ciudadanos?

Estamos en conversaciones para ver qué puntos de encuentro tenemos, para lograr un acuerdo a nivel nacional o en diferentes escenarios territoriales, que pase por la fusión o por un acuerdo electoral. Desde una visión macro, UpyD y Ciudadanos podemos tener semejanzas, pero hay diferencias sobre el concepto de Estado, la educación, el reparto competencial… Yo veo a Ciudadanos como una plataforma electoral con mucha proyección mediática, mientras que UpyD es más un partido al uso. Si hay avance electoral, veo difícil que podamos concurrir juntos, no nos daría tiempo a hacerlo con tranquilidad.

—¿UpyD rechaza participar en ese fenómeno que es la tertulia?

—Intentaremos potenciar nuestra imagen pública. La sociedad cambia y ahora se informa más por medios autovisuales. El problema es que se está sustituyendo la política de reflexión por la política de titulares. Pablo Iglesias, el líder de Podemos, da titulares vacíos de contenido. Ni siquiera le repreguntan. No hay interés en buscar sus contradicciones. A Albert Rivera (Ciudadanos) se le acusa también de usar el Parlamento como si estuviera en una tertulia en la que se limita a lanzar consignas políticas. Hay que buscar políticas alternativas, presentar iniciativas. Hay personas que quiere romper por romper, cansadas de la corrupción, un terreno en el que UpyD ha hecho un trabajo importante de denuncia. Aunque quizá pecamos de lanzar propuestas complejas. Es el problema de la demagogia y el populismo.

–¿Qué opinión tiene sobre la marcha de Sosa Wagner? También proponía un pacto con Ciudadanos para neutralizar a Podemos.

–Con nocturnidad y alevosía, explicó a la prensa su postura cuando nunca lo había hecho dentro de los órganos del partido, ni a nivel oficial ni en conversación de pasillo. Fue una deslealtad inadmisible. Admito que hemos cometido un error de comunicación, no gestionamos bien la crisis, pues debimos ser más diplomáticos al abordar el asunto. Se le retiró la portavocía porque se negaba a ponerse al teléfono con dirigentes de UpyD porque decía que se le había ofendido.

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