La ribera del Duero es un brochazo verde en el ocre de Castilla. El coche serpentea entre trigales ya cosechados y pequeños pueblos de adobe y tejas, bajo el cielo intensamente azul de agosto, cuando, de repente, llegan las primeras manchas de verde, los girasoles, el maíz y las vides. Estamos llegando a San Esteban de Gormaz (Soria), una localidad que trepa desde el río a las ruinas del viejo castillo, de origen musulmán con reformas cristianas. Y entre arriba y abajo, la interesante iglesia de San Miguel, construida en 1081. El verde, la sombra de la alameda y el puente de piedra invitan a quedarse al menos un rato. En la ribera a la altura de San Esteban hay casas con jardines inmensos y embarcadero propio, casi como en Miami. No necesitan piscina, porque en esta zona el agua es apta para el baño, así que todo es tan sencillo como zambullirse desde el jardín de casa, ejercitar un rato los músculos y luego tomar el aperitivo en el porche. Esta mañana, muy cerca, una docena de niños aprende a sobrevivir cuando vuelca su piragua. Un monitor de Duero Aventura (676 10 40 97) repite el movimiento una y otra vez. Hunde la piragua, el alumno respira, se mueve bajo el agua y, al cabo, rápidamente, recupera la línea horizontal. Alrededor, algunos bañistas cruzan el Duero a nado, lo que da otra perspectiva al verano. En zona de vinos (podemos comprarlos en Casa Romano. Puerta de Castilla, nº 2. 975350180), también podemos disfrutar del agua.